El año pasado, en plena campaña de punching-ball contra todo lo catalán apareció una noticia singular: el gobierno de Aragón protestó porqué en una escuela de Huesca se usaba un manual de ESO (en una asignatura optativa cursada por 15 alumnos) en dónde se usaba el término “Corona Catalano-aragonesa”.

A partir de esta noticia, aparentemente poco espectacular, el País, el Mundo, el Español y ABC han montado otra campaña más contra el oficio de los historiadores catalanes o mejor dicho los historiadores que trabajan la historia de Cataluña y de la Corona de Aragón (o Catalano-aragonesa).

Aprovechamos este embate para hablar en dos artículos del maltrato gratuito que se está haciendo a la historiografía catalana, mediante las redes sociales y un tipo de prensa cada vez menos digna de su nombre (cada vez más politizada y manipuladora).

La historiografía catalana

Hasta mediados del siglo XX la historia fue una materia fructífera para teledirigir la opinión pública. Dice el aforismo “la historia la escriben los vencedores”. El carácter de instrumento del poder se recrudeció en el siglo XIX con la aparición de los Estados-nación en el continente Europeo, partidarios de la homogeneización interior cultural y lingüística, de eliminar las diferencias.

Lo que pasa inadvertido, tristemente, es que como mínimo desde los años 30 del siglo XX la historia empieza a desgajarse de ese esquema y se estudia con un rigor creciente: con la colaboración de múltiples disciplinas científicas y por lo tanto “aunque la historia la escriban los vencedores, la desenterramos los historiadores”. ¿A santo de qué, cada vez merece menos atención de los Estados?

En esta óptica decimonónica y sin bases sólidas que justifiquen sus acusaciones, hace décadas que desde la Caverna Mediática españolista, sus amos políticos y otros personajes de su cuerda vienen difamando el trabajo de los historiadores catalanes, tachándolo de sectario y falsario. En internet es muy fácil encontrar incluso blogs y webs que hablan de esta especie de plaga satánica que es la historiografía catalana, con pocas pruebas sólidas y mucha emocionalidad.

Bien. Lo primero que el gran público debe saber, es que la historia que se explica en cualquier nivel educativo en Cataluña ha sido escrita por profesionales catalanes, españoles y de muchas otras nacionalidades, sin otro fin que reflejar lo que ocurrió en el pasado. La inquietud básica es social, de ver como evolucionaron las diferentes civilizaciones, se adaptaron al entorno y se organizaron internamente. Y punto. Lo siento. No hay más sangre.

No se engañen. Muchas veces, cuando se dice que los historiadores catalanes “cambiamos” la historia, eufemísticamente se viene a decir que no explicamos la historia falseada por el aparato franquista, que trabajó a toda máquina durante los cuarenta años de falsa paz que usurpó el gobierno de España. Lo siento: España no tiene 3.000 años como nación. Lo siento: los visigodos no eran españoles. Lo siento: no existió ninguna Reconquista, sino una guerra intermitente de conquista de los estados ibéricos del norte contra los estados ibéricos del sur (y también entre ellos). Y los Reyes Magos no son ni reyes ni magos: son los padres, recórcholis.

Lo que vengo a decir: la historia que se explica en Cataluña a la práctica no difiere demasiado de la que se explica en España, y por ende en Francia, en Alemania o en cualquier país occidental. Los hechos son los hechos, lo que cambia inevitablemente es el PUNTO DE VISTA desde el que se (des)cribe. Todo hecho histórico y humano es un prisma que refleja la luz de manera diferente según desde donde se mira. Así pues las interpretaciones serán varias, aunque el hecho sea uno.

A la práctica existe un cierto consenso “internacional” en el ámbito histórico como en cualquier otra disciplina académica, y todo historiador que escribiera sandeces se quedaría pronto aislado. Es un hecho perfectamente comprobable que los historiadores catalanes participan en simposios alrededor del mundo (y sobretodo en España), con lo que acreditan tanta profesionalidad como cualquiera. Además la bibliografía generada por los historiadores que trabajan en la historia de Catalunya es consultada y citada también internacionalmente sin ningún tipo de reparo.

Así pues, difamar el oficio de los historiadores catalanes es tan estúpido e ignorante como seguir afirmando en pleno siglo XXI que el catalán y el valenciano son dos lenguas diferentes, cuando en el ámbito académico de la filología está firmemente establecido que son la misma.

¿De dónde parten, realmente, estas afirmaciones continuadas? …pues del mismo ámbito que el vilipendio a los historiadores que trabajan en la historia de Cataluña o de la Corona de Aragón: de la POLÍTICA. De ciertos intereses políticos centralistas y partidarios de la homogenización a ultranza y de la anulación de todo lo que no sea castellano. Muchas veces por parte de personajes descaradamente nostálgicos del régimen golpista del 39.

Fíjense que pocos estudiosos de relieve, realmente, entran nunca en este “Juego de Miserias”.

El término Corona Catalano-aragonesa

En cuanto al término objeto de la discusión con que abríamos este escrito se viene usando desde hace ya unos 150 años.

En la segunda parte de este artículo entraremos más a trapo con la polémica y su carácter manipulador centrándonos en una pieza desinformativa de El País, que es de escándalo. Si la queréis ir viendo podéis buscar “la corona catalano-aragonesa nunca existió” en Youtube.

Para terminar estas líneas y por si a alguien le apetece ver la pieza, cabe tener en cuenta (de entrada):

1) El uso de Corona Catalano-aragonesa es académico y nunca nadie ha pretendido que en la Edad Media o Moderna las gentes o los documentos lo llamaran así.
2) La finalidad del término es resaltar el carácter bicéfalo de la entidad política, entre catalanes y aragoneses (como mínimo hasta el siglo XV).
3) Este uso, términos actuales para realidades históricas no es fraudulento ni escaso: “Imperio Bizantino”; “Reino Astur-leonés”; “Imperio Austro-húngaro”, etc.
4) El uso del término nunca se ha propuesto como sustitutivo de “Corona de Aragón” o cualquier otra expresión usada para hablar de aquella entidad política histórica, sino como una alternativa más.

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6 Comentarios

  1. Ramón, me temo que en España prefieren seguir creyendo en la historia tal y como se la explicaron durante el franquismo, pensando que así se apuntala su carácter de nación poderosa, su ADN, su pretensión de seguir siendo el úitimo imperio.

  2. Los vencedores, al igual que otros demagogos interesados al servicio de una burguesía con vocación de cortesanos, “versionan la historia” acorde a sus intereses. Personalmente me gustaría que alguno de ustedes me informara
    a) En que momento y con que motivo se “disgrega” Cataluña del reino de Aragón

    b) Si la burguesía catalana en su expansión ha explotado por igual al proletariado catalán como al aragonés o xarnego

    c) Los trabajadores que después de dejarse el sudor en el desarrollo de la Cataluña actual volvieron a sus lugares de origen ¿se les puede considerar CATALANES?.

  3. Y q poco se habla del reino de Valencia, representada la corona en su bandera, vosa q los catalanes ni por asomo tienen, solo han echo publicidad engañosa para decir q tienen un idioma, cuando antes q el catalan se hablara, ya existia el valenciano. Os suena el rat penat, primera obra escrita, pues era valenciano. Asi q por no tener, no tienen ni lengua, lo q pasa es que en valencia somos españoles, i no nos metemos ni con la lengua de los mallorquinues, ni catalanes.

  4. fernando el catolico no era el rey de los catalano aragoneses
    era el rey de aragon y cataluña estaba formada por los llamados condados catalanes que pertenecian a aragon
    ,cataluña nunca fue independiente

    • En ningún momento el autor dice que Cataluña fuera independiente, entre otras cosas porque el concepto de Estado, tal y como lo entendemos hoy, no existía. Lo que viene a decir es que, a diferencia de Castilla, que tiende a uniformizar e imponer (un viejo tic no superado), aquí se mantenía un cierto equilibrio de poder entre las personalidades políticas. Los condados NO PERTENECIERON a Aragón. Algunos lo comparan a un modelo más bien confederalista.

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