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La planta nuclear de Cofrentes se encuentra a 3 kilómetros de un volcán similar al de la isla de La Palma

Cerro Negro lleva miles de años sin registrar erupciones volcánicas, pero el riesgo sigue ahí

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El desastre provocado por la erupción del volcán Cumbre Vieja, en la isla de Palma, demuestra que es preciso vigilar muy de cerca estas formaciones geológicas que parecen dormidas durante cientos y miles de años pero que pueden despertar en cualquier momento. En la Península Ibérica hay decenas de áreas volcánicas, la mayoría de ellas inactivas, pero los expertos advierten: un volcán jamás puede darse por muerto. Y entre todos ellos llama la atención uno, el volcán de Cofrentes o Cerro de Agras (también conocido como Cerro Negro) que no presenta actividad alguna desde hace miles de años pero que se encuentra a apenas tres kilómetros de la polémica central nuclear de Cofrentes.

El volcán valenciano se considera apagado, aunque su cámara magmática, situada a unos 15 kilómetros de profundidad, todavía sigue alimentando la fuente del balneario Los Hervideros y continúa emitiendo gases subterráneos (C02 y CH4). Más allá de que este cráter pueda representar un peligro real para la población, cabe preguntarse cómo puede ser que esta localidad valenciana fuese el lugar elegido para instalar una planta atómica. ¿Era ese el lugar más idóneo para levantar una instalación que de registrar un accidente grave podría afectar a todo el país y a parte de Europa, como ya ocurrió en su día con Chernóbil?

En principio, las posibilidades de que el Cerro Negro entre en erupción son remotas, pero el sentido común aconseja que nos preguntemos qué ocurriría si ese volcán despertara de la noche a la mañana provocando miles de microterremotos y vomitando al exterior toneladas de material ígneo y gases en combustión. Sin duda, la seguridad de la central podría verse comprometida.

El volcán de Cofrentes es una formación rocosa de 527 metros de altitud y está considerado como el único nacimiento volcánico reciente de la Comunitat Valenciana. “Este volcán lleva más de 10.000 años sin tener una erupción, por lo que por el momento no existen indicios de que pueda generar un fenómeno natural como el canario. No obstante, es una posibilidad que no se puede descartar”, publica el diario La Razón.

Que un volcán y una central nuclear estén tan peligrosamente cerca no deja de ser una llamativa curiosidad. La planta de Cofrentes entró en servicio el 14 de octubre de 1984 y durante años permitió abastecer de energía al mercado doméstico de la Comunidad Valenciana. La central nuclear se halla en el municipio de Cofrentes, a unos 2 kilómetros al sudeste de la localidad. Está construida cerca del río Júcar, del que toma agua para la refrigeración. La planta se encuentra a menos de cien kilómetros de Valencia por carretera. Obviamente, tres kilómetros entre un volcán, aunque sea apagado, y una central nuclear, es una distancia insignificante en el caso de que Cerro Negro o Cerro de Agras empezara a rugir y a agitar la tierra.

Volcán y planta nuclear

Tal escenario remite inevitablemente al accidente de nuclear de Fukushima del 11 de marzo de 2011, cuando un terremoto de magnitud 9,0 en la escala sismológica provocó un tsunami en la costa noreste de Japón que arrasó la central nuclear. Aquella experiencia, que costó cientos de vidas humanas y un desastre ecológico de dimensión mundial, debería ser suficiente para que las autoridades nucleares se replantearan seriamente la posibilidad de desmantelar la central nuclear de Cofrentes por hallarse en una zona de riesgo sismológico, y más teniendo en cuenta que en sus 37 años de vida operativa esta planta ha acumulado una larga serie de fallos y problemas de seguridad sin resolver.

Uno de los incidentes más importantes de la planta tuvo lugar el 22 de abril de 2012, cuando se produjo la activación de un detector de fuego durante menos de 10 minutos producido por un conato de incendio. Se identificó la bobina de un interruptor quemado que correspondía a un equipo auxiliar del generador diésel III y el suceso se clasificó de forma preliminar como “nivel 0”.  Todo ello sin que se hayan completado todos los requerimientos derivados de las pruebas de resistencia que se están implementando a consecuencia del accidente nuclear de Fukushima.

​En marzo de este mismo año, activistas de Greenpeace se encadenaron en el acceso a la central nuclear de Cofrentes con el propósito de exigir su cierre. Con un bidón, cadenas y tres pancartas con el lema “Cierre Nuclear: No más Fukushimas”, los manifestantes exigieron que se paralice la renovación de la licencia de la central. Los ecologistas aseguraron: “Después de una década, volvemos al lugar de los hechos para exigir, una vez más, que no se renueve la licencia de Cofrentes porque si algo hemos aprendido en este tiempo es que las nucleares son instalaciones envejecidas y que no las necesitamos para mantener la seguridad del suministro; y por lo tanto, no debemos renovar sus licencias sin, además, la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones (algo que sí se pide para cualquier pequeña instalación energética y renovable)”.

Lamentablemente, en medio de la crisis energética que sufrimos y con el precio de la luz disparado, no parece el mejor momento para acometer el desmantelamiento de la instalación, pero el problema debería preocuparnos, sobre todo después de asistir a la erupción del volcán canario de la “isla bonita”, una boca de piedra que llevaba décadas dormida y que ha vuelto a la vida sin que nadie lo pudiera prever. Cumbre Vieja nos da una lección y nos pone en bandeja, antes de que sea demasiado tarde, la oportunidad de cerrar Cofrentes.

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2 Comentarios

  1. Lo ha dicho un experto desde la isla; una serie de temblores de escasa magnitud porque hay un cierto camino hecho con relativa proximidad en el tiempo. Sin embargo, para romper las capas finales la presión provocaba mayores temblores.
    Yo no creo que Cofrentes sea una zona con riesgo alguno de erupción, pero otra cosa serán los agujeros que esas tan antiguas erupciones determinaron entre las placas, porque ningún terreno está a salvo de movimientos de tierras. Ninguno.

  2. Un volcán solo se considera activo si en los últimos 10.000 años registró alguna erupción. El Cerro de Agrás, de 500 metros de altitud, más conocido como El Volcán de Cofrentes, se investigó en 1975 a fondo para validar el emplazamiento de la central nuclear de Cofrentes. Había que descartar una erupción que pusiera en peligro la instalación. Las muestras de Cofrentes fueron enviadas a la Universidad de Coimbra y a Kruger Enterprises, en Estados Unidos. Las «edades» obtenidas en los dos laboratorios, con muestras diferentes, oscilan entre un millón de años y 2,6 millones. Se considera extinguido por los expertos.

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