Robustiano Fariña y Jean François Hébrard, creadores de la magia enológica de ATTIS.

Al hablar de vinos, la tradición es siempre una baza importante, pero no la única. A veces, incluso, llega a ser un lastre. Por eso cuando se da la combinación ganadora de experiencia heredada y mirada en el futuro, pueden salir grandes proyectos de una bodega. Y en el caso de ATTIS, además de grandes, salen muchos.

Hasta 19 vinos elaboran en esta bodega de Dena, en Pontevedra, cada uno de ellos con una personalidad única y genuino espíritu atlántico. La culpa de tanta etiqueta es de Robustiano Fariña, tan inquieto e impulsivo en sus cavilaciones como tranquilo y entrañable en su trato. “¿Por qué no intentamos…?” Esa pregunta no deja de resonar en la cabeza de Robus, siempre con algo nuevo por probar.

Junto a su hermano Baldomero ha desarrollado este proyecto bodeguero que mira hacia el futuro desde la experiencia y la historia de la antigua bodega familiar. Y para llevar a buen puerto los golpes de inspiración, tienen a su lado al enólogo bordelés Jean François Hébrard, hijo y nieto de viticultores y enamorado de las variedades de Rías Baixas. Juntos se ponen manos a la obra para ver si esa nueva ocurrencia de Robus termina embotellada o tachada en una libreta. Prueba error. Y ya van, como decíamos, 19 dianas.

La relación de la familia Fariña con el vino de la comarca de O Salnés se remonta varias generaciones. El equipo hoy al frente de ATTIS heredó la responsabilidad sobre la pequeña bodega en la que sus padres elaboraban el vino destinado a la venta en el restaurante familiar. Ahora, los hermanos Fariña no solo gestionan bodega y restaurante, sino que también llevan los vinos de la familia por todo el mundo.

A excepción de los albariños, dirigidos a un mercado más amplio, la mayoría de esa veintena de referencias –once blancos, seis tintos y dos dulces– tiene una producción muy pequeña. El SITTA Ancestros, por ejemplo, apenas llegó a las 710 botellas para el 2012. Y no, no es una errata: SITTA.

“ATTIS Mar es un albariño que crece mecido por las frías aguas de la ría de Arousa, adquiriendo poco a poco una expresividad singular y matices atlánticos”

Si la bodega toma su nombre de Attis, el conductor del carro de Cibeles y amante de la diosa, y con él bautiza la mayoría de sus vinos acogidos a la D.O. Rías Baixas, SITTA por el contrario da nombre a aquellos vinos de la casa que por sus variedades o su método de elaboración prescinden de la D.O.

En el caso de los ATTIS, se trata de blancos monovarietales de albariño y de caiño blanco, y mezcla de variedades autóctonas. En cuanto los tintos, la bodega está muy comprometida con la recuperación y difusión de uvas de la tierra muy escasas en la D.O., como son la Pedral, Caiño, Espadeiro y Sousón.

Desde Genio y Figura, el albariño más desenfadado de la casa, con alma moderna y entrada muy agradable, hasta la elegancia y complejidad de ATTIS Embaixador, un vino de terroir, en esta bodega no hay vinos mejores o peores, solo diferentes –mucho-, y decididos a sorprender a los paladares más curiosos. También son muy marineros, pues no en vano el Atlántico se infiltra hasta el último rincón de esta bodega de tierra y mar.

Los propios Robustiano y Baldomero vienen cuidando desde chavales de la explotación de bateas de mejillón de la familia. Y allí mismo, anudada a una de sus cuerdas, cobra cuerpo ATTIS Mar, un albariño que madura mecido por las frías aguas de la ría de Arousa, adquiriendo poco a poco una expresividad singular y palpables matices marinos. Este vino supone, sin duda, la mejor expresión de esa comunión tierra-mar de esta bodega atlántica.

Cada vez más presentes en hostelería y con buena distribución en tiendas especializadas, la compra de estos vinos a través de la página web de la bodega resulta especialmente ágil y cómoda, y con un poco de suerte, podemos llevarnos la sorpresa de probar algunas de las conservas que también elaboran en la casa, aunque por el momento no comercializan.

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