Durante los años de la crisis, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) se ha destacado como una asociación cívica ciudadana en defensa de los derechos de aquellos que no tienen voz, miles de ciudadanos que son acosados por los bancos –con la complicidad de la Justicia y la Policía–, y que terminan viendo cómo les arrebatan sus casas de la forma más cruel e injusta. Algunas de esas víctimas optaron por suicidarse en una de las páginas más negras de la terrible recesión que padecimos con el crack del 2008. De aquella cantera de la PAH salieron nuevos y jóvenes líderes de indudable valor humano y político como Ada Colau, la actual alcaldesa de Barcelona.

Hoy, pasados los peores momentos de la crisis, los desahucios se siguen produciendo, de modo que la lucha continúa y la razón sigue estando de parte de todas aquellas personas que son expulsadas por la fuerza de sus hogares. En el origen del problema están, por supuesto, las nefastas políticas de vivienda que la derecha política y económica que partidos como el PP han impulsado en los últimos años en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, medidas que no hacen sino desahuciar a los más débiles y regalar sus pisos y casas a los grandes fondos buitre.

La contribución de la PAH en defensa del Estado de Bienestar y los derechos humanos, la movilización de miles de personas que con su activismo y compromiso social han logrado detener cientos de lanzamientos hipotecarios y desahucios está fuera de toda duda. Sin embargo, ayer todo ese buen trabajo de años de la plataforma y esa imagen de solidaridad y militancia forjada en una causa justa quedaron seriamente dañados con el escrache sufrido por Begoña Villacís, candidata de Ciudadanos a la Alcaldía de Madrid.

La escena agónica de una señora embarazadísima tratando de escapar de un grupo de escracheadores enardecidos que la abucheaban, insultaban y perseguían sin piedad por la Pradera de San Isidro no es la mejor noticia para el movimiento antidesahucios cuya labor, no nos cansemos de repetirlo, ha sido prodigiosa en favor de tantas personas abandonadas por el sistema. La dirección por la PAH se ha apresurado a aclarar que el escrache no fue una medida acordada por su cúpula directiva, de forma que habrá que atribuir el lamentable episodio a elementos incontrolados que actuaron por libre.

En cualquier caso, la presión ciudadana que ayer sufrió una mujer a punto de dar a luz resulta de todo punto injustificable, no solo porque arruina la imagen de una asociación que siempre se ha destacado por la protesta pacífica para defender los derechos de los desahuciados, sino porque es moralmente injusta. La secuencia violenta y vergonzosa de un grupo de linchadores morales acorralando a una persona (ya sea una mujer embarazada, un hombre o un mediopensionista) no puede beneficiar de ninguna manera a la causa contra los desahucios, sino todo lo contrario: hace perder la razón a aquellos que la tienen, que no son otros que las personas que son expulsadas inhumanamente de sus hogares.

Por fortuna, el episodio no llegó a mayores, pero ayer en la Pradera de San Isidro podría haber ocurrido algo mucho más grave que una simple protesta ciudadana. El acoso del comando de manifestantes podría haber generado una situación de estrés perjudicial para el avanzado estado de gestación de Villacís o podría haber terminado en un empujón fortuito o en una caída accidental, con consecuencias nefastas. Nada de eso ocurrió finalmente y la cosa quedó en un lamentable incidente de campaña que, dicho sea de paso, fue utilizado oportunistamente, como no podía ser de otra manera, por los líderes de la formación de Albert Rivera. A los de Ciudadanos les faltó tiempo para darle al botón de Twitter y hacer “política basura” con un suceso que, como todo el mundo sabe, fue planeado por personas individuales, no por la PAH como organización.

En efecto, tras recibir insultos por parte de sus perseguidores, Villacís decidió entrar en la polémica, denunciar el “acoso de los amigos de Carmena y Colau” y criticar “a quienes aprovechan cualquier oportunidad para hacer un escrache”. “Si creen que nos vamos a amedrentar, no es así”, ha añadido la portavoz municipal jugando al papel de Juana de Arco que los radicales le habían puesto en bandeja. En la misma línea se pronunciaron Rivera y el aspirante a la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, quienes también vieron la oportunidad de rentabilizar electoralmente el feo asunto y erigirse en mártires de la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos.

No se podía esperar otra cosa después de un acto tan torpe por parte de algunos miembros de la PAH. Habrá que esperar para ver qué está ocurriendo en ese mundo y si los líderes valiosos como Ada Colau están siendo sustituidos por otros portavoces mucho menos preparados para la militancia social y política. Gente con tácticas más agresivas que con sus acciones poco meditadas no reparan en el daño que pueden ocasionar al movimiento pacífico de lucha por los derechos de los desahuciados.

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