viernes, 17septiembre, 2021
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La orquesta del Titanic

Jesús Ausín
Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.
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Todavía es de noche. El sol aun juega al escondite detrás de la montaña que, en los días claros y sin polución, Arundina puede ver, en la lejanía, desde la ventana de la cocina americana de su mini casa de veintiocho metros cuadrados que antes llamaban infravivienda pero que ahora, estos alcahuetes del proxenetismo liberal, al servicio de dios sabe que oscuro interés, le han dado un nombre chic como “Tiny House” o “casa minimalista” intentando minimizar y ocultar la pobreza.

Sobre una moderna placa vitrocerámica, montada hace unos años cuando la vida le sonreía y trabajaba con un sueldo decente como administrativa en una gran constructora que se fue al garete a partir de la estafa bancaria, un infiernillo de camping gas le da calor a una vieja tetera en la que el agua comienza a hacer sonar la válvula justo en el momento que Arundina sale de la ducha con agua fría de cada mañana. Vierte el agua hirviendo de la tetera sobre una desconchada taza de porcelana a la que añadirá una cucharada pequeña de leche condensada y media de cereal tostado sustituto de un café soluble que ya no puede permitirse.

Mientras degusta el amargo aguachirri, el crepúsculo del alba ha dado paso a un resplandeciente sol que se deja ver en el horizonte y el espacio, por fin, aparece iluminado. Hasta ahora, una penumbra difuminaba los objetos a la luz de las farolas de la calle. Cree que no puede permitirse ya ni siquiera dar la luz para desayunar al precio que se ha puesto el recibo del que sólo en potencia paga treinta euros. Los gastos de comunidad, con el nuevo ascensor instalado hace dos años, se elevan hasta los sesenta euros mensuales, ochenta si hay recibo de agua. El teléfono, con la red wifi y el móvil le cuesta otros cincuenta euros. Otros ciento cincuenta se le van en liquidar el préstamo que le dio la constructora que hizo la obra de rehabilitación y que puso el ascensor votado en comunidad y aprobado por un voto de diferencia. Los gastos fijos, al que ahora añade unos diez euros en minibombonas de camping gas con las que cocina porque la vitrocerámica no puede ni mirarla, suman entre los trescientos y los trescientos cincuenta euros cada mes. Su salario, seiscientos veinte euros limpios por hacer seis horas diarias de lunes a viernes y cuatro los sábados en una panadería con un contrato de cuatro. Con doscientos setenta euros tiene que ¿vestirse?, ¿comer?… no le da el sueldo para ninguna de las dos cosas completas.

Arundina es uno de los cuatro millones y medio de pobres de solemnidad que hay en España. Y podría ser aún peor. Podría, como su amiga Paspasia tener que trabajar nueve horas diarias por seiscientos euros, todos los días, salvo los lunes, aguantando borrachos, babosos, pesados o caraduras detrás de la barra de un bar de barrio. O como su otra amiga Zoa que tuvo que huir de los maltratos de su marido poniendo tierra por medio, con una mano delante y otra detrás y que, un año después de su acogida por los servicios sociales, tiene que malvivir sin trabajo, con los cuatrocientos sesenta y nueve euros con noventa y tres céntimos del IMV.

En casa, apenas si pone el televisor. La radio, en cambio, está siempre encendida en la trastienda de la panadería. La lavadora, la deja cargada por la noche y se despierta como un zombi a las tres de la mañana con una alarma del móvil, para ponerla en el horario que le han dicho los de la radio que es más barata. No sabe que el ahorro es mínimo y que se está dejando el sueño y la vida en el intento. Cuando vuelve a la cama, le llega la vigilia y tiene que tomarse una pastilla. Se va a ahorrar unos veinte euros al año en electricidad y ya lleva gastados en un par de meses doce en ansiolíticos y pastillas para dormir.

Últimamente ha empezado a encontrarse mal. No le duele nada, pero está cada vez más delgada y desganada. Tras varios días intentando acudir al ambulatorio, por fin, una tarde convenció a la jefa para que le diera un rato libre para acercarse. Le dijeron que la cita, podía haberla pedido por teléfono y que el médico la llamaría al día siguiente. Le contó lo que le pasaba. El doctor, al otro lado del aparato telefónico le propuso hacerse una analítica. Le dejaría el volante en administración. Podría pasar a recogerlo justo antes de realizar la prueba. Tiene el hierro bajo, las transaminasas altas y el colesterol y los triglicéridos por las nubes. Eso a pesar de que su dieta se basa básicamente en pasta y legumbres. Aunque como el pan le sale gratis, hace triplete diario de baggetts.

Hace unos días, cuando oyó al ministro aconsejar el consumo moderado de carnes rojas, no pudo contenerse y le espetó al aparato que para ello, hay que tener la suerte de poder permitirse comprar ese tipo de carne.

Desde que le han dado el resultado de la analítica Arundina anda muy cabreada. Está buscando un culpable del deterioro de su salud, que según lo que oye todos los días en la cadena de los curas, no es culpa de tener que trabajar 34 horas semanales por 155 euros (4 euros y medio por hora) que no le dan para alimentarse ni medio bien, sino de los inmigrantes que vienen a España a quitarnos el trabajo. Arundina no pone una alarma porque no se lo puede permitir pero, vive con el miedo de que un día, cuando llegue a casa, algún degenerado, probablemente extranjero, se haya metido en ella. Y luego a ver como les echa. Desconoce que al ser su vivienda habitual la policía está obligada a desalojar a los ocupas ipso facto y acusarlos de un delito de allanamiento de morada.

Su jefa, también está muy cabreada. Los precios no paran de subir y llevan más de 20 días con uno de los hornos roto. Al parecer no hay en el mercado un chip que se ha quemado. La culpa, dice, de los putos chinos que se vengan de la escasez de productos para aumentar el precio. A ella le pareció bien aprovechar el momento para, cuando en el 2008 comenzaron a cerrar el resto de panaderías del barrio, aumentar los precios porque no podían ir a otro sitio. Pero lo de los chinos, es una vergüenza.

*****

La orquesta del Titanic

La Red Europea de Lucha contra la pobreza y la exclusión social en el estado español (EAPN-ES), ha presentado un informe sobre la situación en la que vive la población española. Cuatro millones y medio de personas, con nacionalidad española, nivel educativo medio o alto y con trabajo y vivienda, viven en la pobreza severa (ciudadanos que no pueden disponer de los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas y que, por tanto, están fuera del modo de vida en el que se tienen unas condiciones mínimamente aceptables para el territorio en el que habitan). Se considera pobreza severa disponer de menos de 281 euros por persona y mes en una familia de dos adultos y dos menores o menos de 535 si vive sola.

En esta situación en la que casi el 10 % de la población española no puede alimentarse de forma que no acabe siendo perjudicial para su salud, nos encontramos con cientos de artículos y reportajes televisivos que intentan esconder la realidad de un sistema económico que sólo crea pobres (cada vez más) ocultando las consecuencias, llamando a las cosas por otro nombre, o enfatizando sobre lo que denominan las bondades de reutilizar la basura de otros, de vivir en infraviviendas sin servicios que llaman cohousing o la pobreza laboral que no te permite ni tener un espacio propio desde dónde poder desarrollar tu trabajo al que llaman coworking. Hasta una situación habitual entre mis coetáneos cuando éramos estudiantes, compartir piso para poder abaratar costes, ahora que se ha convertido en la última esperanza de muchos adultos de evitar acabar en la calle, lo denominan de forma “chic” como coliving, evitando así la imagen de la pobreza para insertar la idílica idea de que vivir en tu casa con extraños es algo maravilloso.

Mientras cada día se dejan en la cuneta a cientos de ciudadanos que, a pesar de tener trabajo, casa propia y una titulación, tienen que sobrevivir a base de arroz, pasta, higadillos de pollo, carne congelada o precocinados, el planeta sigue consumiendo como si los recursos fueran infinitos porque la máquina de hacer ricos a los que ya son inmensamente ricos no puede parar. Pocos de nuestros conciudadanos son conscientes de que hay una escasez de materias primas y de sus consecuencias a corto y medio plazo, que está llevando al hijoputismo al colapso mundial y a las personas a la miseria absoluta. China ha tenido que empezar a poner sobre la mesa sus reservas de cobre o de petróleo para intentar bajar los precios y aun así ahora mismo no hay cobre, ni aluminio, ni tierras raras con las que construir microchips o baterías para coches. Hasta el sector de la carpintería sufre las consecuencias de esa escasez de materias primas. Mientras esto sucede, desde los medios de manipulación de masas se insiste en la vieja receta del crecimiento a base de un consumo desmesurado y se señala un culpable por el alza imparable de la especulación del precio de la electricidad: Putin. Como si Gazprom no tuviera ya suficientes problemas internos como para aumentar las exportaciones a Europa. Sin embargo, nada se ha dicho de la culpabilidad del sátrapa marroquí sobre el corte de suministro del gasoducto que desde Argelia trasportaba el gas hasta Tarifa atravesando Marruecos. Porque Putin es el demonio y el sátrapa marroquí es el “hermano amigo”. Putin es el presidente de un antiguo país comunista y el déspota, un amigo del Imperio.

Este sistema de especulación masiva dónde los oligarcas nos condenan a la hambruna y a la miseria a través de manipular el precio de las materias primas de las que sacan miles de millones de euros de ganancia especulando con el precio a futuro, tiene las estanterías de los supermercados ingleses vacías (están quitando estanterías para intentar minimizar el impacto del desabastecimiento) como consecuencia de que con el Brexit, ya no hay extranjeros para que hagan el trabajo duro con salarios de miseria. La escasez ha llevado al estrafalario e incongruente Boris Johnson a permitir vertidos de aguas contaminadas por falta de Sulfato férrico imprescindible en la depuración de las aguas, con los consiguientes riesgos para la salud.

Hasta la BBC alerta del consumo de pescado contaminado por los vertederos de componentes electrónicos que estamos esparciendo por toda África.

No somos conscientes de que el cambio climático es mortal de necesidad para la humanidad y que, junto con la sobreexplotación de los recursos naturales, estamos matando rápidamente el planeta en el que vivimos. Y que, si el planeta muere, no habrá oro que te quite la sed, ni divisas que te den de comer, ni acciones de fondos buitre que te libren de morir por envenenamiento de lo que comes o bebes.

Y aquí, en nuestra casa con el gobierno más progresista de la historia, liderado por un tipo que fue capaz de desarrollar el segundo mayor fraude político de la historia del PSOE, a través de una supuesta campaña en su contra que revertió recorriendo en coche toda España para decirle a los militantes que le habían echado por rojo, se sigue apostando por el pelotazo. Así lo demuestran las ampliaciones de los Aeropuertos del Prat y de Madrid. En el Prat, alguien ha decidido que las comisiones del pelotazo no eran suficientes y se ha echado atrás. De nuevo nos cuentan que el turismo masivo, que pronto será imposible por los precios del petróleo que ante la escasez por el «Peak oil» hará que cada vez menos personas puedan permitirse un billete de avión, será el motor que nos haga ricos. Una economía llena de gente pobre que ha asumido que trabajar más horas de las reguladas por un salario de miseria, es inevitable, que la culpa de su fracaso social está en la inmigración y que la libertad no consiste en tener derechos, sanidad universal pública, plazas escolares para quién quiera estudiar o poder vivir los últimos años de tu vida sin tener que morir con las botas puestas, sino en la posibilidad de acudir al bar cuando quieras (aunque muchos de ellos no puedan pagarlo).

Mientras escribo estas líneas, leo que el gobierno más progresista de la historia de España ha condecorado a un sátrapa que ha dejado miles de muertos y desaparecidos en Colombia cuando el pueblo salió a la calle a manifestarse en su contra. ¿Qué interés tiene el Gobierno de España en meterse en este follón? Tal vez si nos fijáramos en quién realmente decide en este PSOE cáncer para la izquierda de España, González, encontraríamos la respuesta.

Nos estamos hundiendo como el Titanic, mientras la orquesta sigue tocando y la gente se agarra al baile como si en cubierta, todo fuera un remanso de paz y prosperidad.

Salud, feminismo, decrecimiento, conciencia ecológica y más escuelas públicas y laicas.

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