Cuando ya parecía que La Odisea lo había dicho todo después de 28 siglos de existencia, surgen nuevas propuestas que sirven para darle nuevos bríos a la historia literaria más universal entre todas las universales. Homero sigue en el olimpo de los dioses en el que sólo han podido sentarse un puñado de elegidos como Cervantes, Shakespeare y pocos más, y su Odisea guarda un lugar de honor, por todo lo que transmite y los múltiples secretos que atesora. Ahora, la experta en la Grecia clásica Carmen Estrada y el reputado ilustrador Miguel Brieva suman sus esfuerzos para ofrecernos una versión espectacular de la mano de Malpaso. Con esta obra ya no hay excusas para no disfrutar sin límites del gran long seller por antonomasia de todos los tiempos.

 

¿Qué tiene el gran clásico por excelencia entre los clásicos para ser revisitado una y otra vez de mil maneras diferentes?

Es una obra rica en personajes, situaciones y sucesos, que muchas veces no son lo que parecen. Esto permite muchas lecturas. Por ese motivo, cada cultura, cada época, incluso cada lector puede encontrar en la Odisea un libro diferente.

 

¿Han tenido presente, sobre todo, al lector joven que accede por primera vez a este poema épico para ilustrarlo y adaptar el texto así?

El texto pretende facilitar el acceso al lector que no se atreve a abordar la obra íntegra. Entre ellos habrá, posiblemente, muchos jóvenes que, habituados a las versiones digeridas de los clásicos que les llegan por los medios audiovisuales, tienen más reticencia a abordarlos como lectores.

“No ha habido en nuestro ánimo en ningún momento la idea de romper con la naturaleza de la obra ni forzar o modernizar nada”

 

¿Qué mensaje puede ver un joven de hoy en este poema épico universal?

Es una visión reduccionista tratar de seleccionar un mensaje en una obra que precisamente destaca por su complejidad. Pero, entre otros aspectos, yo destacaría cómo una obra con casi tres mil años de antigüedad resiste con bastante consistencia un análisis con perspectiva de género en el siglo XXI.

 

Las ilustraciones también tienen un premeditado tono épico. ¿La ocasión así lo merecía o eligió esta opción entre otras posibilidades?

Cada narración tiene un tono propio y genuino, y La Odisea bascula entre la épica y cierto costumbrismo de su tiempo, y ha sido en base a esos dos elementos esenciales que las ilustraciones han ido tomando cuerpo. No ha habido en nuestro ánimo en ningún momento la idea de romper con la naturaleza de la obra ni forzar o modernizar nada, sino tan sólo la de transmitir de la manera más accesible y atractiva el relato tal cual es.

 

¿Cómo se adapta al siglo veintiuno un texto supuestamente escrito 29 siglos atrás?

En realidad, no hay una adaptación a nuestra época en el sentido de que no se han modernizado las situaciones ni los personajes. Simplemente se ha pretendido facilitar la lectura acortando algunos pasajes concretos y desenredando un poco el hilo de la historia, de forma que el lector entra en el libro a través de los pasajes más conocidos y amenos. Una vez que se ha familiarizado con el personaje —o cree haberlo hecho— se adentra en el resto de la peripecia. La mayor parte de las escenas, así como el tono épico del conjunto, se mantienen cercanos al original.

 

La carrera profesional de Carmen Estrada se reorientó del mundo de la medicina al del estudio del griego clásico tras su jubilación. A esto se le llama un giro copernicano en toda regla, ¿no?

En realidad fueron dos aficiones paralelas: la neurociencia y la filología. Tras cuarenta años de dedicación a una de ellas, afortunadamente llegó el momento de abordar la segunda.

 

¿Dónde se inspiró Miguel Brieva para perfilar el rostro de Odiseo? ¿hasta qué punto siguió los preceptos del canon establecido?

A lo largo del libro he tratado de mostrar los rasgos que pudieran ser propios de los pueblos del Mediterráneo de aquella época, así como sus atuendos y diversas costumbres en el ropaje. En el caso de Odiseo, efectivamente hay un seguimiento de cierto perfil bastante transitado y aceptado, que viene a ser el de un hombre fornido, barbudo y de rasgos armoniosos aunque algo rudos. Dentro de la apuesta por seguir el tono épico del libro, este físico se ajusta tanto a la idea convencional de héroe como a la fisionomía propia de alguien de aquellas regiones y aquel tiempo.

 

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