El ser humano es un animal de costumbres, pero solo cuando se adapta a ellas.  Algo nuevo no puede ser costumbre sin haber llegado; es una novedad mientras tanto. Y a las novedades cada cual se acostumbra en una u otra manera. Puede haber pautas, pero no hay nada legislado para una costumbre no heredada. 

Hasta ahora hemos llegado, por lo general, cuando las costumbres estaban impuestas. Ha habido pequeñas modificaciones, pero ellas se han ido instaurando de forma paulatina. Ahora es diferente.

El nuevo decálogo de esa nueva normalidad de la que tenemos que hacer costumbre vendrá impuesta como gesto social, y quedaremos redimidos a su automatismo. Pero, ¿qué pasará con el gesto personal? Ese acto interior del que tanto hemos hecho alarde en las redes sociales, ese nuevo planteamiento de nuestras vidas, esa nueva mirada que nos ha acogido, y a la que, teóricamente, hemos aludido en todas estas semanas íbamos a blandir como bandera una vez salgamos del confinamiento. 

¿Seremos capaces de alojar en esa nueva normalidad social nuestra nueva normalidad interior y personal? ¿O quedaremos despistados nuevamente? ¿Podremos blandir esas nuevas prioridades o verdades, apartarnos de todos esos desengaños y del sobrante que tanto hemos cargado a nuestras espaldas?

  La nueva normalidad es un misterio de costumbres en las que, poco a poco, nos iremos desenvolviendo. Las haremos nuestra, con toda seguridad. El ser humano es un animal de costumbres, aunque al principio grite de dolor. La lástima sería no entender que nuestra vida en ese trazo fugaz al que concurre, no esté llena de nuestra propia normalidad, la que deseamos, con la que nos identificamos, las que nos pertenece por ver y entender el camino particular de cada uno de nosotros en nuestra forma y modo.

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Escritor. En el 2003 publica el entrevero literario “El dilema de la vida insinúa una alarma infinita”, donde excomulga la muerte a través de relatos cortos y poemas, todas las muertes, la muerte del instante, la del cuerpo y la de la mente. Dos años más tarde, en 2005, sale a la luz su primera novela, “El albur de los átomos”. En ella arrastra al lector a un mundo irracional de casualidades y coincidencias a través de sus personajes, donde la duda increpa y aturde sobre si en verdad somos dueños de los instantes de nuestra vida, o los acontecimientos poco a poco van mudando nuestro lugar hasta procurarnos otro. En 2011 publica su segunda novela, “Historia de una fotografía”, donde viaja al interior del ser humano, se sumerge y explora los espacios físicos y morales a lo largo de un relato dividido en tres bloques. El hombre es el enemigo del propio hombre, y la vida la única posibilidad, todo se articula en base a esta idea. A partir de estas fechas comienza a colaborar con artículos de opinión en diferentes periódicos y revistas, en algunos casos de manera esporádica y en otros de forma periódica. “Vieja melodía del mundo”, es su tercera novela, publicada en 2013, y traza a través de la hecatombe de sucesos que van originándose en los miembros de una familia a lo largo de mediados y finales del siglo XX, la ruindad del ser humano. La envidia y los celos son una discapacidad intelectual de nuestra especie, indica el autor en una entrevista concedida a Onda Radio Madrid. “La ciudad de Aletheia” es su nuevo proyecto literario, en el cual ha trabajado en los últimos cuatro años. Una novela que reflexiona sobre la actualidad social, sobre la condición humana y sobre el actual asentamiento de la especie humana: la ciudad. Todo ello narrado a través de la realidad que atropella a los personajes.

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