“La nueva educación” fue el mejor libro de los 43 que me leí en 2015. César Bona, su autor, diría que casi el mejor profesor del mundo, narraba, de forma amena, cómo empoderó a su joven alumnado, transformando a cada uno de ellos para que, en vez de ser enciclopedias caminantes, se convirtieran en agentes de cambio para mejorar sus entornos. Por ejemplo, uno de sus mayores logros fue conseguir que una ciudad vetara los circos que utilizan animales como atracción.

Un lustro después, asistimos a la nueva normalidad, expuestos a la misma educación de toda la vida, ahora camuflada de digital. Como si la transformación on line constituyera un fin en sí misma, cuando tan solo es una herramienta que muestra en directo a los usuarios cómo es la educación de sus hijos. Tanto para lo bueno como para lo malo.

¿Qué modelo educativo queremos asumir?

El actual nos muestra escenas en las cuales se llega incluso a las manos, como ocurrió a finales del mes de mayo en un barrio de Madrid, por no saber dialogar en el Congreso los señores Iglesias y Abascal. En el modelo educativo actual nos abren las compuertas para rebajar la tensión y salimos todos a tropel a las terrazas de los bares sin tener ni la menor consideración por los demás.

¿Por qué es tan fácil incendiar y apagar el fuego? Es la manipulación, amigo. Esa que nos hemos acostumbrado a tragar a poco que nos toquen lo emocional y provoquen la confrontación. ¿Por qué carecemos de recursos para cuestionar los mensajes de odio por mucho que acumulemos títulos académicos? ¿Para qué discutimos con el objetivo de restar en vez de multiplicar?

Desde aquí planteo que nos atrevamos a asumir un modelo educativo distinto en casa, en la escuela y en la calle, centrado en empoderar a personas con criterio propio para recibir y gestionar diferentes mensajes que no necesariamente coincidan con sus valores. Un modelo que entrene a la audiencia de modo que recepcione las noticias de su medio de comunicación de referencia y se dé unos minutos de reflexión antes de activar el botón rojo de sus redes sociales o de sus grupos de Whatsapp para lanzar sus misiles nucleares, que lo único que hacen es destruir relaciones reales.

Un modelo que cuestione, como decía Harari, las convenciones sociales por la cuales, como masa, aceptamos regirnos. Aunque sean absurdas y nos posicionen inclusive en contra de nosotros mismos, siendo víctimas, en muchos casos, de fake news dentro del país más grande del mundo: Facebook. Cuyo vicepresidente, por cierto, es el genio español Javier Oliván.

Hay decenas de métodos educativos activos en estos tiempos, pero casi todos acaban siendo un embudo de conversión que va amoldando a las criaturas para que se adapten a un modelo de sociedad donde lo importante no es ser, sino parecer y tener, convirtiéndolas en adultos fácilmente manipulables. ¿Por qué niños de diferentes culturas, idiomas y razas son capaces de jugar y, conforme se adaptan a la educación de cada lugar, pierden esa capacidad social?

Sugiero a las direcciones de las escuelas de negocio que aprovechen este mes de agosto para mutar sus cursos de neuromarketing, PNL, comunicación eficaz orientada a la venta, etc. hacia la gestión de las relaciones, porque nos vamos a enfrentar a un otoño calentito. Ante lo cual es necesario que los adultos aprendamos a aprehender y gestionar los mensajes, para no actuar de una forma tan dirigida e inconsciente que nos sonroje cuando lo recordemos.

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Soy abre puertas, se me da bien conectar necesidades con soluciones. Me rijo por tres frases: la de mi madre “la vergüenza pasa y el provecho queda en casa”; la de mi padre, “la persona más feliz es la que menos necesidades tiene”; y la mía, “para crear valor hay que tener valor”. En plan profesional, soy FEO (Facilito Estrategias Operativas), cofundador de Xaudable, conecto innovación con el mercado, mentor y docente en @eoi y @SEK_lab. Emprendedor con mi startup de comida rápida saludable. Autor libro “abre puertas, cómo vender a empresas”. Miembro de @Covidwarriors. En otras décadas organicé en IFEMA la feria Casa Pasarela y fui gerente de un concesionario oficial en Madrid de motos Honda. Licenciado en Dirección y Administración de empresas por CEU San Pablo, diplomado en diseño industrial por IED (Instituto Europeo Di Design), master de comunicación aplicada en Instituto HUNE.

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