Para José Antonio Lago “El Rojo”

 

Tenía más de ocho años y medio, casi nueve, la niña que quería matar a Donald Trump. Los ojos oscuros, la piel morena. Había oído decir a mucha gente que era un hombre malo, muy malo, que pretendía construir un muro para impedir que las niñas como ella pudieran llegar a ser americanas, a diferencia de algunas de sus primas y muchas de sus tías que ya lo eran: americanas, porque habían viajado al paraíso antes de que el hombre malo viniera.

Como bien sabía la niña, y también lo sabían todas sus compañeras en la escuela, América -los Estados Unidos de América- era el país con mayúsculas, el único lugar de la tierra donde podría transformarse en lo quisiera: en guerrera, en princesa del rap, en una chica que pasea por ciudades llenas de rascacielos infinitos en las que se hablan muchos idiomas al mismo tiempo.

Había escuchado la plegaria con frecuencia, de boca de sus padres y de muchas otras bocas: si Donald Trump no exisitiera… si Donald Trump no exisitiera…

Si Donald Trump no existiera el mundo sería mejor.

No existiera, si Donald Trump no existiera; pero ella podía lograrlo, la niña de los ojos oscuros y ya casi nueve años. Podría lograr borrarlo y hacer que para siempre desapareciera. Porque tenía poderes: una vez había hecho que dejara de llover con tan solo mostrar las palmas de las manos a las nubes, y en otra ocasión detuvo, congelándolo en una posición imposible, un autobús lleno de niños, como ella, que estaba a punto de despeñarse por un barranco: sintió que lo paraba en el aire con la sola fuerza de su cabeza.

Así que empezó a buscar imágenes, con tenacidad y paciencia: todos los días; trocitos de papel impreso en los que se viera bien, con claridad, la cara del hombre malo que tenía el mismo nombre que su pato favorito de los dibujos animados. Arrancaba cuantas páginas de revistas y periódicos era capaz de conseguir y a las doce en punto exactas, medianoche, en la soledad del pequeño templo que era su cuarto, a la luz de una vela, rasgaba una y otra vez el rostro malhadado, despacio, muy despacio y a conciencia, hasta convertirlo en pedacitos muy pequeños, como confeti, que luego esparcía sobre un pequeño muro de troncos en la chimenea. Le gustaba encender el fuego con la mirada, bajando los párpados y luego elevándolos de golpe para que las chispas salieran disparadas llenas de magia y fuerza hacia interior de la madera. Entonces aparecía sobre el muro de troncos la cara del hombre malo dibujada con nerviosas líneas de luces y sombras, la cara que miraba primero con gesto arrogante y luego con absoluto desconcierto, incapaz de comprender lo que estaba pasando hasta que ya era demasiado tarde, porque las llamas tenían hambre y se lo comían a toda prisa; y Donald Trump se convertía en humo. Humo blanco sobre fondo negro.

 

(No es tan fácil, tan poco trabajo, como pudiera parecer, escribir un pequeño relato, que sí, se dicta en unos minutos y luego se pasa en otros cuantos minutos a un procesador de textos. Pero el título se me ocurrió en la duermevela de ayer por la mañana, y sólo cuando ya estaba a punto de acostarme, dieciséis horas después descubrí que la niña tenía poderes: grabé un video con el cuento, y ahora debo terminar deprisa, estoy casi en el último minuto, pues debo enviarlo como cada día al periódico antes de las cuatro de la tarde. Desde que surge la idea hasta que el cuento cristaliza la inquietud siempre vigila y vela; por eso resulta tan cansado este desafío.
Aunque también me gusta no tener tiempo para seguir corrigiéndolo; manosear demasiado las palabras en mi caso casi siempre las estropea)

 


(Javier Puebla es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El Año del Cazador, una suerte de novela neurológica que sólo puede conseguirse completa y editada en papel solicitándosela directamente al autor a través de Twitter, Instagram o Facebook, o en el correo elcazadordecuentos@javierpuebla.com

                         

Esta Suite del Cazador para Diario16, tras superar la meta inicial de 33 relatos, no tiene definido su momento final. Éste podría ser el ultimo relato, pero también podría haber muchos -o unos pocos- más. Es un desafío extraño tener que escribir un relato diario: a veces parece imposible encontrar un nuevo tema, y otras lo complicado es convocar la voluntad para empujar las palabras fuera). Día 38.

 

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(Mecanografía: LF)

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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