neutralidad

La ignorancia no es un saber menor, sino que es el opuesto del saber; porque el saber no es un conjunto de conocimientos, sino una posición. La distancia exacta es la distancia que ninguna regla puede medir, la distancia que resulta del mero juego surgido de las posiciones ocupadas, por especialistas que tienden a ver las cosas desde el ángulo de su propia especialidad y generalmente tienen un punto ciego muy definido para todo lo que no pertenezca a su particular provincia.

Cuanto más especializada la visión, más nítida es la percepción; pero también más acentuada la ceguera para todo lo que se encuentre en la periferia de este foco. La especialización es el precio que pagamos por el progreso del conocimiento. Y decimos que es un precio porque el camino de la especialización nos aleja de los actos comunes y concretos de comprensión en términos de experiencia política, social y este alejamiento tiende siempre a la neutralidad.

La neutralidad en política tiene un carácter diferente, más insidioso que en lo personal. En términos físicos, es una falta de estímulo y, en términos de conducta, una ausencia de experiencia exigente. Cuando falta el estímulo o la exigencia la persona empieza a sentirse desorientada, acaba por experimentar una disgregación interior.

La especialidad construye vidas sin columna vertebral. Construye un carácter, un criterio cuyas experiencias no cimientan un todo coherente, algo muy circunscrito a nuestro tiempo y preocupante porque los humanos necesitamos una historia propia, no saberes fríos y distantes.

El ser humano liberado de sus cadenas y artífice de su propia vida en una sociedad en expansión material y en constante mutación se encuentra que para poder sortear la neutralidad debe acceder a dos formas afines de suprimir la diferencia, que son: evitar y negar. La primera, reconoce la existencia de la complejidad, aunque procura huir de la misma. La segunda, lo que hace es sencillamente abolir su existencia. Entonces surge la forma moderna de represión, que consiste en negar el valor de los demás y la peculiaridad de cada lugar mediante la construcción de la neutralidad.

El sentido común nos dice que el cambio interviene cuando uno percibe que algo va mal y toma medidas para corregirlo. Y aquí es cuando desaparece la neutralidad o debería desaparecer. Pero una versión más realista nos dice que se actúa a medida que se descubre el mal. Se sabe que lo que hace está mal, pero se sigue obrando de forma que éste se produzca para ver si lo que se piensa o percibe es real.

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Licenciado en filosofía por la Universidad de Barcelona. Máster en Dirección de empresa por la escuela industrial de Madrid Impartido por una empresa externa CONSULTORES ESPAÑOLES. 520 horas.

1 Comentario

  1. ¡Buen artículo! Permite un amplio debate. En comunicación existe un dogma: «No es posible NO comunicar». Si silencio «es» comunicación y con muchas interpretaciones según percepciones y resultados. La neutralidad es una «decisión» con variados posibles orígenes y objetivos.
    Dice: «el cambio interviene cuando uno percibe que algo va mal y toma medidas para corregirlo». Estoy de acuerdo pero mi experiencia profesional y social añade algo más: «el cambio se produce cuando la persona percibe que está bien pero… puede estar mejor». En esas dos dinámicas se mueve la sociedad. Aquí el tema se complica porque el concepto «estar mal y querer estar bien» o «estar bien y querer estar mejor» tiene diagnósticos objetivos y subjetivos. Largo de explicar aquí. El articulista ofrece un artículo digno de formar aprte de buenas tertulias… para quienes se interesen por aplicar sus interesantes ideas a ámbitos cotidianos como sociedad, política, empresa, asociaciones… ¡incluso vidas personales!. ¡Felicidades!

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