Feminismo machista, regeneración corrupta o socialismo conservador… Todo cabe y cabrá en el caballo que los poderes han elegido para ganar.

Mensajes sencillos insertos en discursos convincentes expresados con alma; propuestas políticas líquidas, o vacías, que fluyen al rumor de cada cambio sociológico, cada hito del viraje mediático; candidatos/as que pegan bien en cámara y que suponen una renovación en cuanto a las formas, pero con poca o ninguna experiencia; y esa poca experiencia convertida en una ausencia de pasado absoluta en cuanto a la gestión y cómo encarar el trabajo de la institución.

Esa podría ser la carta de presentación del partido que, según algunas encuestas y la tendencia ascendente marcada en los últimos meses, opta a ganar las elecciones generales y cuenta con más opciones de hacerse con el Gobierno de España (nada menos). Una neopanda atractiva y popular que es contundente a la vez que sensible, que quiere que las cosas cambien, que sabe que hay que reformar el Estado y que habla claro.

Pero esa descripción y esas ventajas (seguro que recordáis la creación y el ascenso de PODEMOS), eran parecidas a las que el stablishment económico, y por lo tanto, mediático, de nuestro país utilizaba inmisericorde para azotar con saña al recién nacido partido morado. Aquellas taras hoy son ventajas. Pablo Iglesias era Maduro; Albert Rivera es Macron. Pero Iglesias, y la izquierda en general, además de hablar claro y querer reformar el Estado, propone cómo hacerlo. Se moja.

‘Ciudadanos’ es el vehículo elegido para aglutinar, en el centro, al desgaste del PP; limar las aspiraciones de cambio, ya exiguas, del PSOE sanchista; y, en última instancia, impedir que ningún proyecto transformador del Estado, aunque sea través de su paulatina reforma, se haga con el poder. Ante todo es la vacuna de las corrientes sistémicas para asegurar que nada cambie demasiado.

Cualquier ejercicio de honestidad política, al menos desde la izquierda, obliga a desnudar al Rey de sus harapos electoralistas antes de que algo tan inmensamente amorfo como ‘Ciudadanos’ (políticamente hablando) se haga con todo el poder, por el poder y para ejercer el poder, de una estructura tan inmensamente capaz, si se quiere, como la del Estado. Desnudar sus harapos o provocar que rellenen sus vacíos: explicar exactamente si quieren consolidar el sistema de pensiones desde lo público o empezar a cargárselo externalizándolo; si perpetuar las condenas penales o, como constitucionalistas autoproclamados, desarrollar el mandato constitucional sobre que nuestro sistema de justicia es rehabilitador y persigue la reinserción; si quieren apostar por la igualdad real, incidiendo desde las instituciones en mejorar las condiciones legales que lo permitan, o abstenerse de esa responsabilidad porque el feminismo es ideológicamente inasumible; o si están contra el soberanismo o realmente pretenden una involución centralista que desmonte el Estado de las Autonomías y sus lógicas aspiraciones.

La amalgama ciudadanista permite encajar el mayor repertorio de oxímoron y contradicciones imaginables: el machismo feminista, el conservadurismo progresista, la regeneración corrupta y hasta el constitucionalismo ilegal (contra el soberanismo estricto, pero no contra la precariedad y el estado social olvidadizo)… Son posibles y son permitidos en ‘Ciudadanos’. Todo cabe y cabrá en el cajón de sastre de un partido que afronta su trabajo a golpe de noticia y de forma voluble, pero que guarda una hoja de ruta inequívocamente al dictado de los mismos poderes que se lo consentirán, auparán, aplaudirán y protegerán debidamente, en su asalto al poder.

Por eso pueden ser una cosa y la contraria, sin dar explicaciones y sin que nadie se las pida; por eso simulan una alegre y sexy neopanda política, popular y renovadora; pero también por eso intuimos, y el poco ruido crítico que recibe lo confirma, que ‘Ciudadanos’ no modificará el sentido de las relaciones de poder, económicas y sociales, de nuestro país, de modo que las altere significativamente en favor de la democracia, la regeneración profunda, el cambio de modelo económico o la lucha contra la desigualdad que necesitamos; si es que apenas consiga modificarlas. Sabemos desde ya que son “progresistas de derechas”, neopandas imposibles y prestidigitadores de la mercadotecnia.

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Periodista político que dio el paso hasta las tribunas al principio de la crisis (2007). Movimientos sociales, política internacional, comunicación social y el abuso sobre los consumidores de las grandes corporaciones son sus campos de trabajo. Entre otros muchos/as compañeros fundó Izquierda Abierta en 2012, para renovar los modos políticos y trabajar por la unidad de las opciones de progreso; actualmente es miembro de la dirección federal de IU y alcalde de Castilleja de Guzmán (Sevilla).

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