Un magnífico amigo de Reinosa (Cantabria), H, hombre de bondad y testuz ordenada, me recordó que la naturaleza es un derecho fundamental. El cambio climático o calentamiento global se debe a los detritos que arrojamos a la atmósfera: gases de efecto invernadero, dióxido de carbono, metano y óxidos de nitrógeno. Provoca el aumento en las temperaturas globales, subida en el nivel del mar, cambio en los patrones de las precipitaciones, expansión de los desiertos subtropicales. El calentamiento es mayor en la tierra que en los océanos y el más acentuado ocurre en el Ártico, con el continuo retroceso de los glaciares, el permafrost y la banquisa. Otros efectos incluyen fenómenos meteorológicos extremos  frecuentes:  olas de calor, sequías, lluvias torrenciales, fuertes nevadas, acidificación del océano, extinción de especies debido a regímenes de temperatura cambiantes, variaciones volcánicas. Su primer impacto humano es la amenaza a la seguridad alimentaria por la disminución del rendimiento de las cosechas y la pérdida de hábitat por inundación, tsunamis sin ir más lejos.​

Por mucho que China, anticipándose a su crecimiento demográfico, haya comprado un tercio de las tierras ferales africanas, de no remediarlo entre todas las naciones, también acusará la hambruna, cuestión harto dificultosa  de solucionar mientras un cretino gobierne la primera potencia del mundo, USA.

Se añade a lo anterior los microplásticos, que ingerimos cuando masticamos fauna marina (se la come sin saberlo)  o cualquier derivado de los mares incluido en nuestras costumbres, pasta dentífrica y gel de ducha específicos y etc. Abrimos en las aguas con machetes de sumideros trochas gigantescas. Un estudio algo exagerado dictamina que en los océanos habrá en 2050 más microplásticos que peces; aunque sea en 2070 resulta obligado atajarlo ya. De lo contrario nuestra especie está abocada a la extinción, lo que se la trae al pairo a las corporaciones  industriales con tal de seguir llenando sus bolsillos y los paraísos fiscales.

La defensa de la naturaleza constituye un derecho fundamental (derechos humanos) no inscrito en la declaración de derechos fundamentales de la UE, vergüenza mayúscula atribuible a la visión umbilical de cada país, pues la protección de la naturaleza se podría igualar al derecho a la vida; la nutre, la hace evolucionar, sin ella la existencia se torna imposible.

Siempre se ha dicho que la naturaleza es sabia, hay teorías que señalan su inteligencia cognitiva. Que nadie eche las manos a las cabeza cuando responde a nuestros ataques con huracanes  o tsunamis. Se está defendiendo, masacrando a miles de personas, una guerra que iniciamos nosotros y de la cual somos los únicos culpables.  Firmar el armisticio aplicando medidas que muden nuestra barbarie depende de nosotros. O  cumplimos o despareceremos más temprano que tarde. A mi entender, es la tarea de mayor urgencia que nos corresponde hoy y ahora, una responsabilidad planetaria en la que nos jugamos la gola.

Información ampliada en la web: Objetivos de Desarrollo Sostenible

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Daniel Múgica es novelista, dramaturgo, guionista y director de cine. Es autor de "La Dulzura"

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