Leemos la noticia y se nos hiela la sangre. Ha sucedido hoy 26 de febrero en el circuito del Jarama.

Iban un padre y un hijo en el mismo coche, un Mini preparado para competir en la Copa Copper.

Era una jornada de ensayo o de aprendizaje, y el coche se ha salido de la pista, chocado contra las balizas de protección y el hijo ha muerto y el padre está grave… y si está consciente no podemos ni imaginar lo que estará sintiendo, porque quién conducía era él,  el padre. Desde aquí le mandamos todo nuestro afecto, comprensión y apoyo.

Los nombres no han trascendido, no sabemos cómo se llama  el  piloto muerto , y eso nos duele. Un piloto desde que empieza a serlo es ya una suerte de héroe, arriesgar la vida debería ser un pasaporte inmediato para al menos una pequeña forma de inmortalidad, que se recuerde cómo nos llamamos o llamábamos, aunque ya no estemos, aunque no hayamos corrido jamás en la Fórmula 1,  incluso si sólo estuviésemos participando en una jornada de aprendizaje.

Ese chico merece un nombre en la prensa, merece un respeto. Merece ser recordado. En estos tiempos blandos e hipócritas en que se oculta la enfermedad de las calles y la vejez se tapa metiéndola en centros llamados para mayores, también se niega el peligro que implica participar en carreras de coches, el valor que requiere. Nosotros lo reivindicamos desde aquí. Es un deporte de riesgo, de gran riesgo. Y quiénes lo practican, repetimos, son héroes, y sus nombres siempre merecen, y mereceran, ser recordados.

Tigre Tigre

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