Con la finalidad de contar con un contexto adecuado y propicio para elaborar la crónica subsiguiente viene al caso ese refrán tan nuestro  que dice: “No es oro todo lo que reluce”. Para el Centro Virtual Cervantes (Instituto Cervantes) el significado de esa expresión es el siguiente: “Recomienda desconfiar de las apariencias, pues no todo lo que parece bueno lo es realmente”.

En efecto, el oro, debidamente tratado y formando finalmente parte de una bella joya, reluce de manera preponderante.

Pero hasta llegar al dedo anular de una persona en forma de anillo el oro ha corrido por muchos escenarios algunos de ellos muy poco o nada brillantes. Más bien oscuros. En concreto, y de manera destacada, las condiciones de extracción del mineral en algunos países africanos y alguno latinoamericano, con la utilización de niños o por ejemplo de mercurio para la separación del oro de otros minerales. Por tanto, no todo lo que forma parte del oro reluce, brilla o centellea.

Estas circunstancias no son exclusivas de la minería dado que existe una multitud de casos similares en otras actividades industriales igualmente necesitadas de materias primas y mano de obra barata.

Moda calidad y para todos

La “socialización” de un pret a porter de calidad y barato extendió la confección a numerosas personas que hasta entonces su propia situación económica se lo impedía. Pero para ello se necesitaron enormes centro de producción que, además, fabricaran a bajo coste. Es decir, mano de obra barata, lo que en Europa no se encuentra desde hace ya mucho tiempo.

Por ello la producción viajó a Oriente y a África sin que entonces chirriaran las condiciones en las que esos trabajadores fabricaban las prendas fashion que luego se lucirían con soltura e incluso desparpajo  por medio mundo.

Posteriormente, la acción de algunas oenegés como Human Rights Watch y el incremento de la concienciación de los consumidores de esa moda dieron la voz de alarma entre los grandes productores mundiales de prendas confeccionadas. Había que cambiar los procedimientos, no se podía seguir así.

Si a esto se une, que se debería hacer, el hecho de que la moda es la segunda industria más contaminante, por detrás de la petrolera ya tenemos elementos suficientes para que los fabricantes corrijan la derrota y marquen un nuevo rumbo. Hoy en día no se vende tan solo una prenda. En el precio de la misma se incluye el comportamiento del fabricante y su actitud ante muchos elementos. Hablamos de unas condiciones de trabajo justas, la gestión de residuos, el reciclaje que contemple una segunda vida a los materiales utilizados o el empleo de materiales orgánicos y su origen.

Y como se puso de moda, todos los fabricantes de moda se pusieron a ello con el fin de adaptarse a las nuevas exigencias del mercado y también, hay que decirlo, para buscar un elemento de diferenciación con la competencia.

Productos éticos

En este marco nació Right to Wear, que es una filosofía que compromete al fabricante a “pensar y actuar de manera sostenible y transparente, garantizando la trazabilidad de toda la actividad”, según manifiestan desde Inditex que lo ha incorporado a sus procesos productivos. Se incluye en esos pronunciamientos “el conocimiento de nuestros proveedores y la protección de los derechos humanos y laborales de sus trabajadores”, que es el capítulo en el que más tropezaron todos los fabricantes al principio.

Otras iniciativas son la que promueve la diseñadora Stella McCartney, moda Green y otra, en nuestro país, llevada a cabo por Ecoalf que utiliza residuos plásticos, redes de pesca y otro tipo de basura marina en sus que convierten en ropa bajo el proyecto Upcycling the Oceans. Richard Gere o Gwyneth Paltrow o la reina Doña Sofía ya se han apuntado.

Pero hay más: Econyl, resultado de reciclar nylon o Upcyclick que actúa desde el consumo colaborativo para customizar y reutilizar las prendas usadas con el fin de limitar el usar y tirar que tanto residuo genera.

Lencería sostenible

Y la más reciente incorporación a esta green moda viene de la mano de la cadena de supermercados alemana Lidl que anunciaba esta semana que el próximo 20 de febrero estarán disponibles en todas tiendas bragas y sujetadores fabricados con algas del Oceáno Atlántico, con las que se elabora una fibra natural que se denomina SeaCell.

Según manifiesta su fabricante, se trata de una fibra elaborada con madera y algas marinas, con alto nivel de minerales, carbohidratos, grasas y vitaminas con propiedades antiinflamatorias. Es biodegradable, no se utilizan productos químicos y neutra en carbono.

Dicen, además, que cuenta con “calidad duradera, incluso después de varios ciclos de lavado”.

Eso nos tranquiliza.

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