Este miércoles se debatirá en el Congreso de los diputados la moción de censura de Vox al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Aunque se espera un debate bronco, siguiendo la línea de la ultraderecha desde que PSOE y Podemos gobiernan, lo cierto es que a día de hoy la única preocupación del Ejecutivo es la imputación, poco probable,  del vicepresidente, Pablo Iglesias, en el Tribunal Supremo.

En lo que la mayoría de la opinión pública y publicada coincide es que esta moción ha sido planteada totalmente a destiempo. España, que sufre la segunda oleada de la pandemia,  tiene dos  preocupaciones: La salud y la economía, esta última maltrecha por los efectos de las medidas que han tenido que tomarse respecto a la movilidad y restricciones para frenar la pandemia.

En lo que también todos coinciden, como un asunto meramente objetivo, es que  la aritmética parlamentaria no favorece a la ultraderecha,  y la moción de censura nace muerta.

Otro asunto, que no es baladí y podría jugar en contra del líder de Vox, Santiago Abascal, es el hartazgo de los ciudadanos respecto a las formas que utilizan sus representantes en cuando tienen ocasión, ya sea en sede parlamentaria, ya sea en medios de comunicación y,  por supuesto, en redes sociales.

Entre Vox y el PP han creado en la política española un ambiente casi irrespirable cargando de  insultos, descréditos, malas formas, mentiras y acusaciones falsas sus intervenciones públicas.

Aunque a priori Santiago Abascal será el centro de todas las miradas, al ser el que encabeza la moción de censura como candidato a desbancar a Sánchez,  y eso  le dará visibilidad, portadas en los periódicos y abrirá las noticias de todos los medios, esto será lo único que Vox saque en limpio: Publicidad.

Asimismo, el Partido Popular, que debería tener clara su estrategia y discurso en el debate, podría salir herido, aunque no de muerte, al estar gobernando en varias instituciones con el apoyo de la ultraderecha de Vox y, destacan las comunidades de Andalucía y Madrid donde, aunque no forman parte del Gobierno, sí son la tercera pata en la que se apoyan los populares y los de Ciudadanos para mantener una mayoría absoluta que les facilita el Gobierno.  Ahí es donde Vox puede ejercer su fuerza y, aunque posiblemente sin ningún éxito, intenten una extorsión a los líderes territoriales del PP y propongan entrar en los Ejecutivos. La respuesta será no, casi con toda probabilidad y Vox tendrá que oír, ver y callar,  como convidado de piedra,  ya que jamás facilitaría un Gobierno de izquierdas,  y esa sería la otra opción.

Se trata de la quinta moción de censura que se presenta  en esta Democracia, todas fallidas, menos la de Sánchez a Rajoy, pero que sí resultaron ser el preludio de un vuelco electoral en los siguientes comicios, o el prólogo de una futura moción con resultado positivo. Algo que seguramente, en su mente, tiene presente Santiago Abascal.

Así, este miércoles y jueves asistiremos a un nuevo espectáculo estéril de la ultraderecha, una moción de censura que nace fallida y en la que,  en caso de jugarse alguien algo, será el Partido Popular de Pablo Casado que comienza a parecer ridículo en su lucha por hacerse con la hegemonía de la derecha.

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