La costumbre de disfrutar en familia de la televisión en familia está desapareciendo por culpa de los dispositivos móviles. Foto. Flickr.

La mitad de los jóvenes españoles de entre 18 y 24 años prefieren ver series, ir al cine, viajar y leer en soledad. Son los datos que revela un estudio realizado por la multinacional dedicada a la investigación de mercado IPSOS en colaboración con la plataforma de servicios web Hubside. La llegada de los dispositivos móviles facilita la costumbre de ver los contenidos de manera individualizada. Una tendencia en alza  que queda reflejada en el estudio y que indica que el 49% de los jóvenes se aísla para disfrutar de sus aficiones.

Aficiones favoritas

Los españoles dedican la mayor parte de su tiempo libre a ver series, cine y televisión. Aficiones estrellas que son las favoritas del 75% de la población. A los entretenimientos relacionados con la pantalla les siguen las ganas de viajar. Preferencia del 70% de la población. Y como tercer hobby tenemos la lectura, pasatiempo favorito para el 54% de los españoles. Pero si ponemos el foco en los más jóvenes, tenemos que volver de nuevo a la pantalla, ya que el 45%de los jóvenes entre 18 y 24 años elige como pasatiempo favorito a los videojuegos.

Realidad distorsionada

Según Digital 2019 en nuestro país 28 millones de personas usan las redes sociales. Es decir, el 60% de la población. Aunque los datos contrastan con la opinión que de ellas tienen las personas que han participado en el estudio realizado por Hubside. Los datos revelan que el 51% de los jóvenes de entre 18 y 24 años consideran que aplicaciones como Instagram o Facebook muestran una imagen distorsionada de la realidad. Una idea que aumenta proporcionalmente con la edad de los encuestados, ya que el 65% de los mayores de 24 años considera que en las redes sociales existe una sobreexposición y se comparte demasiada información personal.

Hacia la soledad

En la era digital, la pantalla se ha convertido en la compañera inseparable y en una  ventana que nos muestra un mundo infinito del que no somos capaces de apartar la vista. Como si se tratase de esa ventana de coche por la que miramos obsesivamente cuando pasamos al lado de un accidente. Un  caudal de contenidos por el que en caso de no saber navegar o a dónde uno quiere ir uno se verá irremediablemente arrastrado y sometido a la tiranía del entretenimiento, el morbo y la publicidad. Y esa espiral parece que  nos arrastra cada vez más a la soledad

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