Un informe demoledor de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid advierte de que las toneladas de contaminación que produce a diario la M-30 –la principal arteria de comunicación de la capital de España–, se han convertido en el principal foco de propagación masiva de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y alérgicas en la región, por lo que insta a las autoridades locales a tomar medidas urgentes cuanto antes.

Para la citada asociación, el programa anticontaminación “Madrid Central” (contra el que se ha mostrado escéptico el alcalde de la ciudad, José Luis Martínez-Almeida) es “un primer paso” para reducir la polución en el municipio, pero a todas luces insuficiente, ya que el plan debería extenderse al menos al interior de la M30”. Este informe aporta una visión mucho más amplia al problema de la contaminación en una gran urbe como Madrid y viene a decir que las medidas localizadas solo en un área metropolitana, como puede ser el centro urbano, servirán de poco si no van acompañadas de protocolos mucho más ambiciosos como la limitación del tráfico rodado en la M30. “Nuestra salud y la de nuestros hijos merecen este esfuerzo”, asegura el informe, de cuyas conclusiones se desprende que el flujo constante de vehículos en las carreteras de acceso a la ciudad podría estar ocasionando miles de enfermedades crónicas y decenas de muertes cada año.

Todos los estudios científicos ponen en evidencia las políticas negacionistas de altos dirigentes del PP como Isabel Díaz Ayuso, presidenta del Gobierno regional, quien en unas polémicas declaraciones ha llegado a asegurar que “la contaminación no mata”. Según el citado informe de la Asociación para la Defensa de la Salud Pública de Madrid, los datos recabados por las estaciones de medición a diferentes niveles “ponen de manifiesto una relación causal entre la contaminación atmosférica y ciertos efectos perjudiciales en la salud”. Así, los contaminantes ambientales más importantes son las partículas materiales de diámetro inferior a 2,5 micras (PM2.5), partículas materiales de diámetro inferior a 10 micras (PM10), monóxido de nitrógeno (NO), dióxido de nitrógeno (NO2), monóxido de carbono (CO) e hidrocarburos como el benceno, el dióxido de azufre (SO2) y el ozono (O3). Todo ese torrente venenoso diario que para el alcalde de Madrid y su presidenta no es una razón para preocuparse.

Las tres emisiones más comunes en Madrid son el NO2, que es generado por vehículos y se encuentra principalmente en grandes núcleos urbanos de población; las partículas de PM10, compuestas de polvo, cenizas, hollín o sustancias parecidas, producidas por el tráfico, las calefacciones, las industrias o la construcción; y el ozono, un contaminante que se forma a partir de otros.

En Europa el proyecto Aphekom (Improving Knowledge and Communication for Decision Making on Air Pollution and Health in Europe) estudia las consecuencias de la polución ambiental sobre la salud en 25 ciudades europeas. Actualmente, se sabe que los niveles de determinados contaminantes en las grandes urbes, como Madrid y Barcelona, sobrepasan, con frecuencia, los límites establecidos tanto por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como por el real decreto que regula la calidad del aire. Respecto a la OMS, recientemente ha clasificado la contaminación del aire como carcinógeno para los humanos. Es decir, el Gobierno regional madrileño, con su irresponsable negación de los informes científicos, está poniendo en peligro la salud de cientos de miles de personas.

“Es evidente que la capital de España ha sido configurada durante años para favorecer el tráfico rodado y más específicamente los vehículos particulares, por lo que si queremos abordar en serio el problema tenemos que cambiar este panorama”, asegura el informe, que apuesta por soluciones mucho más drásticas que las que están acometiendo los gobiernos populares.

Las principales medidas a tomar son: priorizar el transporte público en la ciudad; establecer medidas disuasorias para el uso de los vehículos privados; fomentar y favorecer la movilidad desplazándose a pie por la ciudad; favorecer el uso de transportes no contaminantes como la bicicleta o los coches eléctricos; y utilizar medidas puntuales de limitación de velocidad y de prohibiciones de acceso de los vehículos privados al centro de la ciudad, en los momentos con mayor contaminación.

El informe Revihaap (Review of Evidence on Health Aspects of Air Pollution) concluye que para las PM2.5, PM10, el ozono y el NO, los efectos perjudiciales pueden ocurrir a concentraciones más bajas que las establecidas en el informe de 2015 y recomienda una revisión de las políticas ambientales. La fuente principal de esta contaminación son las emisiones originadas en los motores de combustión de los automóviles, sobre todo los que utilizan diésel. “Constituye, pues, un buen indicador de la contaminación debida al tráfico rodado y además interviene como precursor de otros contaminantes importantes”.

En Reino Unido se ha estimado un efecto en la mortalidad equivalente atribuible al NO de alrededor de 29.000 muertes. Un análisis sobre el efecto de la contaminación atribuible al tráfico sobre el asma en niños concluye que el incremento en la exposición al NO2 se asocia al asma de aparición temprana.

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