Pancartas en el suelo durante una concentración en la Puerta del sol.

La mayoría de la gente sigue llamándolas guarderías, pero estas están dejando de existir tal y como las conocíamos. Ahora, tanto su denominación como lo que se hace en ellas ha cambiado. Para mejor. La guardería se reducía a un lugar donde los niños quedaban ‘a buen recaudo’ mientras los padres trabajaban. La escuela infantil, sin embargo, sigue un proyecto educativo determinado y cuenta con el personal adecuado y preparado para ello. Además debe seguir todas las normas del organismo competente para garantizar la seguridad de los niños de 0 a 3 años.

Sin embargo, la situación laboral de los educadores infantiles del sector privado no ha cambiado de manera tan prometedora. Más bien al contrario: ahora se les exige más trabajo y más preparación por una remuneración precaria. Estos días tratan de llegar a un acuerdo con la patronal, pero su invisibilidad social les priva de fuerza social para tener fuerza en esa negociación. Y es que parece que a esas edades, con que los niños estén bien cuidados, lo demás importa menos.

Este colectivo percibe un salario bruto mensual de 837,66 euros, por debajo del salario mínimo interprofesional, y del todo insuficiente a la luz del trabajo que desarrollan. Un buen ejemplo de la falta de perspectiva en este sentido es que se trata de un colectivo que sigue dependiendo de la Consejería de Bienestar y Familia, cuando a todas luces debería formar parte de Educación. Tal y como ellos mismos recuerdan, “nuestras competencias se encuentra educar, fomentar hábitos de salud e higiene, tutorizar grupos, ser responsables de aula, cuidar, hacer programaciones, escribir informes de cada alumno, confeccionar unidades didácticas, boletines trimestrales, integración o impartir inglés”.

Desde el colectivo Escuelas infantiles. Por un convenio justo, que está coordinando las iniciativas reivindicativas, son claros en su mensaje: “Queremos funciones claras, salarios dignos y equiparación de nuestros derechos con el resto de los ciclos educativos del sistema para dignificar nuestra profesión”.

“La escuela infantil, al contrario que la guardería, sigue un proyecto educativo determinado y cuenta con el personal adecuado y preparado para ello, que cobra sin embargo por debajo del salario mínimo”

“¿Cuanto pagaría para que un niño de 0 a 3 años estuviera aprendiendo durante todo un curso?”, plantea este colectivo en una larga lista de preguntas con la quiere invitar a la reflexión. Y ellos mismos responden con otra tanda de cuestiones que empieza con: “Y ahora bien, ¿cuánto pagarías al docente que se dedica a los primeros y tan importantes aprendizajes?” Lo de estos profesionales es vocacional, porque su labor exige verdadera entrega, y como ellos lamentan, les gustaría poder vivir de ello dignamente, no solo sobrevivir. Por eso, porque son los responsables de la educación primera de los ciudadanos del futuro, no deberían verse tan solos en la lucha por dignificar su situación.

Cartel reivindicativo de este colectivo.

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