La educadora senegalesa Doussou Konate en una charla contra la mutilación genital femenina

Recas, un municipio toledano de no más de 4000 habitantes al que se le conoce como ‘la pequeña Mali’, cuenta entre su población con alrededor de 600 personas procedentes del país subsahariano.

La localidad manchega ha sido uno los lugares escogidos por distintas ONGs para desarrollar su trabajo de sensibilización contra la práctica de la MGF de las niñas y mujeres africanas, ya que muchas de ellas la sufren en su país de origen durante el periodo vacacional.

Según informa toledodiario.es, la Asociación de Mujeres Malienses de Recas y Médicos sin Fronteras instalaron una mesa informativa en la plaza de Zocodover. El mismo medio habló con la vocal de comunicación de Médicos sin Fronteras, Idoia Ugarte, que explicó el proceso de sensibilización: «hacemos un abordaje con enfoque comunitario en aquellas zonas de la región con mayor población procedente de etnias de aquellos lugares donde se practica, como Recas o Albacete».

La importancia de crear una red comunitaria para abordar el problema resulta efectiva para encontrar espacios de encuentro y empatía. En este sentido, Castilla – La Mancha es un ejemplo donde reflejarse en materia de defensa de los derechos de las mujeres y niñas susceptibles o víctimas de la mutilación genital femenina, así como piedra angular en la implicación educativa y la visibilizacion de una realidad,  que han sufrido más de 200 millones de mujeres en el mundo.

Una salvaje violación de los derechos de la mujer

La mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los procedimientos que, de forma intencional y por motivos no médicos, alteran o lesionan los órganos genitales femeninos. Datos facilitados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten que estos procedimientos no aportan ningún beneficio a la salud de las mujeres y niñas a las que se le practica. Por el contrario, puede producir hemorragias graves y problemas urinarios, que posteriormente deriven en quistes, infecciones, complicaciones en el parto y aumento del riesgo de muerte del recién nacido.

Más de 200 millones de mujeres y niñas han sufrido esta aberración en los 30 países de África, Oriente Medio y Asia donde se concentra la práctica de la MGF, la cual supone una violación de los derechos humanos de mujeres y niñas. Según la OMS, la mayoría de los casos la mutilación genital femenina se realiza durante la infancia, entre los periodos de lactancia y pubertad. Además, un reciente estudio de UNICEF denuncia que una de cada cuatro víctimas de MGF la sufrió en centros sanitarios, es decir, 52 millones en todo el mundo.

«La mutilación autorizada por el médico sigue siendo una mutilación y los profesionales sanitarios cualificados que practican la ablación, están violando los derechos fundamentales, la integridad física y la salud de las niñas», afirma la directora ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore, y aduce en este sentido que «la medicalización de la práctica no la hace más segura, moral o defendible».

La MGF es reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres. Para la OMS esto es un reflejo de “la desigualdad entre los sexos muy arraigada y constituye una violación de los derechos del niño”. Al mismo tiempo que atenta contra “los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte”, denuncia la organización.

Cada 6 de febrero se celebra el Día Internacional de Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital marcado por las Naciones Unidas.

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