Dice Isabel Díaz Ayuso que España pronto puede estar en el “COMUNISMO O LIBERTAD”. Es un buen truco éste para engañar o para hacer campaña; pero ¿a qué libertad se refiere? Pues, desde siempre, hay muchos tipos de libertad: la de los explotadores y la de los explotados, la de los bancos o la de las multinacionales y la de los abusados siempre por ellas, la de los turistas con mucho dinero y la de los inmigrantes, etc.

Habría que saber o que descubrir de una vez (investigando poquito a poco lo que trama en su política) a qué libertad ella se ha quedado maravillada, si a la libertad del callar corrupciones o a la libertad del decir la verdad (o del que cada cual pueda decir lo que quiera sin ir a la cárcel), si a la libertad del decidir el modo de familia o a la libertad del imponer la familia del pasado (con las referencias antilibres de Franco).

También, tenemos que saber si es a las mujeres a las que quiere darles libertad (pero ¿serán de verdad las mujeres más libres con Ayuso?), y tenemos que saber (¡esto ya es importantísimo!) si es a los que piensan con ideología socialista-comunista a los que quiere darles libertad, o si es (con mucho amor) a los de VOX o a los “machistas de fondo” (sí, esos que hablan todos los días cerca de ella y que aún no han salido del armario) a los que quiere darles libertad.

Sea como fuere, lo que no admite cuestión es que, para que exista libertad, tiene siempre que existir primero:  tolerancia, decisiones propias, justicia igualitaria y verdad (verdad en la historia que se cuenta, verdad en las cosas que se enseñan a los niños, verdad en las informaciones que se fomentan, verdad en los mensajes que se utilizan para ganar unas elecciones y, en definitiva,  verdad en las gestiones que hace uno u otro responsable público). Sí, la libertad buena se exige y se mantiene… con la verdad.

La libertad sin la verdad (o sea, sin la ética, sin el civismo o sin la razón) es solo un instrumento de la mentira, es solo un instrumento (a corto o a largo plazo) para la opresión o para la involución. Y ésta libertad vacua va, también, destruyendo políticamente a todos los ciudadanos, ¡por seguro!, o los va dirigiendo un día y otro hacia el error.

En tal consideración, lo mismo que se utiliza mal la libertad o el concepto de libertad, pues también se utiliza mal el concepto de “democracia”.  Así es, ya que muchos se la apropian como quieren (con deshonesta desproporcionalidad) y la reprueban a los demás como quieren, manipulando sin cesar.

Por último (y va por el título de este artículo), habría que preguntarle a Díaz Ayuso (ya directamente) si es la libertad de las tantas películas que ha visto o si es la libertad de sus sueños o si es la libertad de sus amigos precisamente ésa a la que se refiere ella siempre. Ése es el asunto.

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5 Comentarios

  1. …Tanteando una pronta respuesta al enunciado «comunismo o libertad», podríamos decir «liberalismo o fraternidad», o «liberalismo o igualdad». (Reprochando así las ausencias de fraternidad e igualdad que la libertad liberal parece que atesora con descreimiento y desdén en su ideario). Pero el primer lema-consigna es demasiado cursi, cuasi-religioso, para ser utilizado en las batallas retóricas de la política. Demasiado impracticable, ¿no? Y el segundo está agotado de tanto usarlo: El liberalismo lo combate con aquello de la “igualación por abajo que a todos sojuzga y reprime”.

    “Libertad liberal o libertad libertaria”: Del lema “Liberalidad o indigencia” que pudiera estar sugiriendo Ayuso, al de “Opulencias o liberación” que podría sentenciar Iglesias. He ahí la alternativa, he ahí el dilema, he ahí la indecisión. Ah, la libertad de ser: desde el liberalismo que distingue por medio de la identidad en el mundo y en la vida, hasta el libertarismo que libra-libera a través de la diferencia del ser. Y entre medias el metafísico Gabilondo tiene tanto que decir acerca, no de la libertar de elegir liberal, ni de la liberación del diferenciar libertaria, sino, de la libertad de decisión.

    Ah, la mismidad liberal del individuo, la que –ideal y experimentadamente– dicen que se realiza en sí misma, desde sí misma hasta sí misma, por sí misma y para sí misma; la que, quizás, es gestada mediante la exigencia del imperativo pindárico. Ah, heroica y meritoria mismidad liberal que se ha hecho a sí misma en el mundo y en la vida: Tan solo es una ilusión, un espejismo, una alucinación.

    Y, ah, la mismidad libertaria del ser humano, la que se realizaría, teórica y prácticamente, mediante el “ir juntos” socrático y el “estar-siendo-uno-con-otros”; la que se produciría en espacios de fraternidad e igualdad: Tampoco es de verdad firme. Ah, utópica realización de la mismidad libertaria, aun está infunda[menta]da.

    Ah –suspirará Iglesias– la condena de la religiosa moralidad liberal que instiga a ser desde el distinguido yo-mismo (configurador de mundo) hasta el él-otro (petrificado sin mundo): cómo nos cosificas. Ah, la esperanza de la estética epistémica libertaria que invita a habitar de tú a tú: cómo nos hermanas.

    O, ah, –clamará Ayuso– la condena de esa científica eticidad libertaria que insiste en llegar a ser un diferente y empático tú-mismo fundador de espacios de encuentro alternativos pero difusos: cómo nos niegas. Y, ah, la esperanza que dona la ontología liberal, la que insiste en ser de yo a yo: cómo nos asemejas.

    Ah, la realización del ciudadano en la ciudad –podría argumentar Gabilondo–. Ah, la realización del ciudadano mediante la elección que, como votante, ejerce en los diversos espacios políticos e ideológicos, ¿es auténtica decisión de “la voluntad del querer” o es mera alternativa de las alternancias que “haigueamos” indecisamente como dilema real?
    Ah, las escandalosas probaturas de la alternativa ideológica que no pasan de ser disposiciones sentenciosas. Oh, los tácitos aciertos de la decisión política que pasan por ser vacilante saber-estar que ni-fú-ni-fá.

  2. ¿Acaso es el reto por la autodeterminación del individuo un asunto liberal-conservador que, sólo, lo liberal-conservador puede concebir predicar y ofrecer? Paralelamente: ¿acaso es la lucha por la dignidad del ser humano un asunto libertario y sólo libertario?

    Ah, [sujeto, individuo, persona, ser humano, dasein]. Y su [entrega por la salvación, reto por autodeterminación, desafío por la soberanía, lucha por la dignidad, arrojo por la autentificación].

    Lo que está claro es que la entrega del sujeto por su salvación es un asunto religioso que la política desprecia. Y que el arrojo con el que el dasein se autentifica en los abismos de la falta de fundamento es un asunto ontológico que la política es incapaz de abordar porque lo desconoce. Y que el reto por la propia soberanía de la persona es un tema ético, no moral, ni de la costumbre, ni del folklore, ni de la tradición, que la política debe afrontar de una vez por todas.

    Gabilondo no tiene posibilidades de plantear la campaña desde la salvación del sujeto (¡quizá sí Monasterio!), ni desde la autenticidad del ser-ahí (¿¡Edmundo Bal!?). Sólo le resta afrontar la campaña desde la soberanía de “la persona votante”, la que pivota entre las alternativas de la individualidad liberal autodeterminada y de la humanidad libertaria dignificada.

    Ah, [sujeto, individuo, persona, ser humano, dasein]: ¿Es el sujeto de carácter demo-cristiano?; ¿es el individuo de condición liberal-conservadora?; ¿es la persona de esencia social-demócrata?; ¿es el ser humano de sustancia comunista?; ¿es el dasein de temperamento anarco-fundamentalista?

    Ah, pero la pregunta buena es cómo aprender a diferenciar-distinguir entre las alternativas y las decisiones que nos impelen a ser como [sujeto, individuo, persona, ser humano, dasein], ¿en qué consisten?

    Ay, quién supiese diferenciar-distinguir entre las alternativas y la decisión de [lo demo-cristiano, lo liberal-conservador, lo social-demócrata, lo comunista, lo anarco-…, …] para así saber quién soy. ¿¡Soy yo un popurrí de subjetividad demo-cristiana, individualidad liberal, personalidad socialdemócrata, humanidad libertaria y daseinidad anarco!?

    Saber quién eres: el délfico “conócete a ti mismo” supeditado a la decisión y a las alternativas ideológicas que ni siento ni conozco… Del yo al nosotros por el camino de la [a]filiación política que no siente la decisión y que desconoce las alternativas… ¿¡He aquí el paria ¿¡apolítico!?, ¿antepolítico?, ¿antipolítico?, ¿¡postpolítico!? que la política no puede ni sabe salvar-autentificar!?

  3. Ah, la libertad de decisión (con la que el ciudadano se arrojaría entregado (y se entregaría arrojado) sobre el establecimiento de lo dado (y sobre la dación de lo establecido) hasta alcanzar lo real) ante esas alternativas ideológicas (que ofrecen, al votante-paria, lo ofrecido por fundar y fundamentar (como lucha, como reto, como desafío de la realización de la realidad)): cómo alcanzar tal juicio sin saber diferenciar entre lo dado, lo establecido, lo ofrecido y lo real. Es imposible.

    Así, ¿de la realización, en la realidad de lo real, del estimado ciudadano como [sujeto, individuo, persona, ser humano, dasein] por medio de la libertad de decisión, a una presencia [intrascendente, impropia, desgobernada, indigna e inauténtica] en la realidad del votante-paria, sumergido entre alternativas factuales, o efectivas, o fácticas? No sé…
    El habitante, el que antes definíamos entre [el héroe del mundo, el doliente de la vida, el metódico del ser, el incrédulo en la nada, el soñador de lo divino], queda subsumido a variar entre [el estimado ciudadano (que decide (acerca de los espacios de decisión)) y el votante-paria (que elige (la alternativa que lo perfila y viste))]. Supongo.

    …así pues, permítame que redefina la libertad de los muertos vivientes como la libertad de elección al alcance de ese votante-paria insalvable e inauténtico, pero, de algún modo, individualizado, personalizado y dignificado. El votante-paria quedaría enganchado en los espacios de volubilidad del mundo, de incertidumbre de la vida, de acomplejamiento de la nada y de la ambigüedad de lo divino; esto es, en espacios de cierto no-ser que lo anega y niega… Sin embargo, el estimado ciudadano quedaría inscrito en la reserva del ser que Heidegger…; en el depósito del mundo que Dilthey…; en la custodia de la vida que Ortega…; en el vacío de la nada que Sartre…; y en la ausencia de lo divino que… Ay, qué balbucear es éste, tan precario, el mío…

    Por otro lado, plantear lo siguiente: ¿Es el ciudadano remunerado, contributivo y cotizante el estimado ciudadano portador de la libertad de decisión?, ¿o también es votante-paria perdido entre las alternancias de la alternativa?

    Si el estimado ciudadano habita, reside, o está presente en los espacios de decisión, ¿el votante-paria vaga por, se desaloja en y se ausenta de sí mediante los dominios de las alternativas? Pero la pregunta vuelve a ser: ¿En qué consiste la libertad de decisión que ejerce el estimado ciudadano? Pffff…, no sé.

    Yo soy yo: Si Yo soy [sujeto, individuo, persona, ser humano, dasein], ¿sabré asimilar las diferencias que aporta tal complejidad? Si Yo moro entre [el héroe de mundo, el doliente de la vida, el metódico del ser, el increyente en la nada, el soñador de lo divino]: ¿me atreveré a realizarme en tal exuberancia? Y si Yo elijo, pero no decido, en los espacios [democristiano, liberal-conservador, socialdemócrata, comunista, anarco-ácrata]: ¿tengo que hablar de una mixtura, de una impureza, de una in-regencia ideológica que me define y que difumina los caminos de realización de la realidad de lo real? Y si el Yo fluctúa entre [el estimado ciudadano que decide y el votante-paria que elige]: ¿puede hablarse de democracia plena?

    Ah, el yo democrático: ¿llega a ser, pindáricamente, el habitante de [la tragedia del ser, la sátira de la nada, el drama de la vida, la comedia de lo divino, la fábula del mundo]? ¿o llega a ser el estimado ciudadano pleno su protagonista?, ¿o ya lo es el mero, o sencillo, votante-paria? ¿Qué ley de la vivienda regularizará todo esto?

    Estoy hecho un lío, Sr Repiso Moyano.

  4. ODARBIL:

    Gracias por PENSAR hacia un buen fin o hacia un intentar un razonamiento; o sea, gracias por pensar aunque no sea con las suficientes razones.
    Odarbil, cuando un ser humano piensa, puede ser con muchas o con pocas razones (y a veces, que no es tu caso, con ninguna).
    Pensar inteligentemente es además ACLARAR MUCHO y resumir mucho (porque no se digan millones de palabras para que no se diga mucho). Por eso las personas más inteligentes te dicen millones de cosas en pocas palabras o en pocas cuestiones o preguntas.
    Lo importante para ti es y será siempre el INTENTAR PENSAR hasta que venzas a todos los obstáculos que te impiden que al fin en una sola frase digas todo lo que has pensado en unas horas o en un día.
    Gracias.

  5. Gracias a Usted por leer mis rumias, letanías, simulacros y maquinaciones que no llegan a pensar ni a meditar. Ya quisiera yo pensar, ya… Pero en fin…

    …Y gracias también a la ventana de Diario16: Es una gozada poder verter todas mis cuitas, agitaciones e invenciones sin un límite de palabras, …y que al otro lado esté usted para recogerlo, claro.

    Gracias de nuevo por su atención y un saludo cordial. Hasta la próxima vez.

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