domingo, 24octubre, 2021
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La lengua de Casado

Braulio Llamero
Escritor. Su última novela, recién publicada, “Lo que nunca se contó de Artemio”. Su último libro para niños, “¿Puedo borrarme de vampiro?”. También es periodista y ha trabajado en medios locales y regionales de radio, prensa y televisión. Fue columnista diario durante décadas en La Opinión de Zamora (donde también fue director) y Tribuna de Salamanca, entre otros. Más información en www.brauliollamero.com
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análisis

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El presidente del PP, de natural tan parlanchín, enmudece estos días con solo escuchar una palabra:

Cospedal.

El sistema judicial español es exasperante. Tarda en arrancar, si es que lo hace. Pero cuando arranca, es imposible pararlo o someterlo a los ritmos políticos. Va su tran-tran, a su bola lentísima, te olvidas de él, de sus procedimientos, olvidas lo que investiga y muchos meses, años o décadas después, te das contra él.

—Doña María Dolores de Cospedal , don Ignacio López del Hierro, hagan el favor de venir a declarar, que queremos saber qué pasó, cómo fue aquello del “Kitchen”, del “Luis sé fuerte”, de las pruebas que le desaparecían a un testigo, de lo que se hizo y se dejó de hacer para que un ex-tesorero pillado con las manos en la masa y los esquíes en Suiza no cantase La Traviata, como amenazaba y era de suponer.

—Nada sé. Y mi marido, menos aún.

—Ya, ya. Pero hay papeles y palabras y era usted poderosa en el gobernante PP y en su Gobierno, y tenemos preguntitas de las que no va a escapar.

—¡Ay, madre!

Y Pablo Casado, tan parlanchín todos los días, todas las horas, insulto va, insulto viene:

—Quítate Sánchez, okupa de mierda, deja el sillón para quienes hemos nacido con derecho innato a gobernar.

Ese mismo enmudece de pronto, ante la visión de la Cospe y su tron teniendo que presentarse, como imputados, ante un juez. Que él, o sea, Casado, es presidente gracias a ella, tú, que le dio sus votos para que al menos no se apuntase el triunfo su detestada Sáenz de Santamaría.

Ya nos os acordaréis, porque este país es desmemoriado a más no poder, pero la sucesión de Rajoy fue cosa de sus dos primeras espadas, ambas damas. Su dama en el Gobierno y vice, la chica de Valladolid que se fue haciendo mujer, pero sin dejar, ay, de ser nunca de Valladolid. Y su dama en el partido y Secretaria General, la sin par Lola de Cospedal, mujer no menos aguerrida y dispuesta a todo para que su más íntima enemiga no se quedase con el partido por el que tanto luchó y se manchó y se lió. Se enfrentaron ambas y como ninguna tuvo fuerza suficiente para ganar, por esa rendija se coló Casado, que quedaba por detrás de la vallisoletana hasta que Cospedal le traspasó sus apoyos.

Y por eso enmudece quien no callaba hasta hoy. Si cae Cospedal, ¿qué será de él, fruto cospedaliano a la postre? Si cae Cospedal, caerá don Mariano, el notario que lo sacó de la nada. ¿Cómo no va a callar? No es que quiera; es que le acaba de comer la lengua el gato de la corrupción.

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