Entre las repercusiones después del triunfo de la oposición en las primarias argentinas está la incertidumbre sobre las medidas económicas que tomaría un hipotético gobierno encabezado por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, posibilidad que dados los resultados de las elecciones del último domingo está cada vez más cerca. Con una economía en ruinas, el nuevo gobierno tendrá muchas dificultades y poco margen de maniobra en ausencia de un aumento internacional en los precios de los productos básicos, commodities, que fue el denominado ‘viento de cola’ que favoreció los primeros años de gobierno kirchnerista.

En un libro interesante, «Entre la equidad y el crecimiento» (Siglo XXI Editores Argentina, 2004), Lucas Llach y Pablo Gerchunoff evalúan los problemas y las crisis de la economía argentina entre 1880 y 2002. Los autores utilizan hechos estilizados (stylized facts) para mostrar los dos principales conflictos ideológicos que marcaron a Argentina. La nostalgia liberal y la peronista se alternan en el imaginario social. Siguen las crisis y las opiniones polarizan la imaginación argentina. Los liberales quieren un país que esté integrado con las finanzas internacionales y utilice sus ventajas comparativas naturales para encajar en el comercio mundial. Los peronistas, a su vez, quieren un estado más intervencionista y capaz de distribuir los ingresos. En este sentido, cierto grado de cierre económico parece ser inevitable. La economía cerrada ha favorecido a la industria manufacturera y el tipo de cambio también es una variable que favorece, o no, el desarrollo de las manufacturas.

El gobierno de Macri representa al liberal nostálgico y la oposición representa la perspectiva peronista, que causa pánico en los mercados financieros. En este sentido, el pasado siempre está muy vivo en Argentina. La crisis de 2001 ha sido recordada últimamente. Sin embargo, no hay perspectivas de un aumento global en los precios de los productos básicos y de una apreciación de la moneda en el horizonte cercano.Llach y Gerchunoff han señalado un proceso de decadencia argentina desde la segunda mitad de la década de 1970, agudizado por el denominado Proceso de Reorganización Nacional, es decir, la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983. Según los autores, “antes de que la globalización tuviera nombre, la Argentina pasó a estar a merced de sus vendavales: la desindustrialización por la competencia externa a fines dos años setenta, la crisis de la deuda en los ochenta y un nuevo flujo y reflujo de capitales en los noventa”.

Además según los autores, “para el caso argentino, la relación entre apertura comercial y equidad estuvo determinada por las características genéticas de la estructura económica” porque “la dotación de factores hizo de la Argentina un país con ventajas comparativas en la producción de alimentos, y un importador neto de productos manufacturados”. Las dotaciones industriales de Brasil y México eran más favorables a la industrialización sustitutiva que la de la Argentina. El tamaño del mercado interno fue un obstáculo para la industrialización argentina. Se ha considerado una industrialización impulsada por las exportaciones desde el punto de vista académico, pero la fuerza política de los sectores exportadores primarios se ha impuesto en varios tiempos históricos. Desde 1976 es posible decir que el semi-estancamiento económico argentino coexiste con una distribución fluctuante y creciente de la desigualdad social y regional.

Diferentes tipos de endeudamiento ocurrieron en Argentina a lo largo del siglo XX. El problema fiscal y su manifestación inflacionaria están vinculados al proceso de sustitución de importaciones y a la bicicleta financiera de la nostalgia liberal. Tanto la nostalgia liberal como la peronista tienen potencial de aumentar el endeudamiento público y privado. Las depresiones repentinas de la moneda fueron parte de los contextos de estas dos nostalgias. En un proceso de más de treinta años de reprimarización de las exportaciones argentinas, es necesario saber cuáles son los verdaderos márgenes de maniobra de un próximo gobierno, que por cierto serán muy limitados. Las actividades de producción de bienes son hoy mucho menos importantes como empleadores que el sector de servicios. Desde el punto de vista de la sostenibilidad temporal del proceso de crecimiento económico, la composición de las exportaciones define la creación de empleo.

Durante su campaña electoral el peronismo ha oscilado desde anuncios populistas, para la tribuna, a anuncios ortodoxos, para los mercados. La cuestión es que no se puede estar en misa y repicando, habrá que decidirse por uno de los sitios, y las declaraciones del ya candidato peronista comienza a exponer, una vez más, como se impone el Teorema de Baglini (que en realidad, según su expositor, debiera denominarse Teorema de Arnulphi) que formula que ‘la seriedad y responsabilidad de las posiciones es inversamente proporcional a la distancia que a uno lo separa del poder’ puesto que “a menor distancia del poder, menor irresponsabilidad y mayor responsabilidad. A mayor distancia del poder, menor responsabilidad y seriedad y más irresponsabilidad en todas las posiciones y postulaciones”.

¿La sociedad aceptará esa moderación? ¿La sociedad buscará venganza? En medio de las opciones, la Argentina, y los argentinos, siguen agonizando.

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