Las últimas masacres en centros escolares estadounidenses han hecho despertar a la juventud de ese país. Hace un año se produjo el tiroteo que mató a 17 personas en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas en Parkland y estimuló a un movimiento estudiantil nacional a favor de un mayor control de armas.

Esos jóvenes se manifestaron en Washington ayer para reclamar al Senado la aprobación de los proyectos de ley del Congreso. El Partido Demócrata dio hace un mes un paso importantísimo para aplicar una mayor restricción a la posesión de armas de fuego. El Comité Judicial del Congreso aprobó dos proyectos de ley que amplían las verificaciones de antecedentes penales en la compra de un arma de fuego.

El presidente del Comité Judicial, el congresista por Nueva York Jerry Nadler, dijo que en Estados Unidos existe «un claro consenso entre académicos, expertos en salud pública y personal jurídico de que las verificaciones universales de antecedentes mejorarán en gran medida la seguridad pública. A pesar de la evidente necesidad de tomar medidas, sin embargo, el Congreso, durante demasiado tiempo, no ha hecho prácticamente nada».

Esta última referencia a la inactividad de los dos órganos legislativos norteamericanos viene del lobby de las armas, encabezado, principalmente, por la Asociación Nacional del Rifle, quienes llenan los bolsillos de las campañas electorales de congresistas y senadores de Estados clave (de ambos partidos) para garantizarse que no se legislarán restricciones como las que aprobó el Comité Judicial del Congreso. Por esta razón, además de por la mayoría republicana en el Senado, será muy difícil que el proyecto de ley termine en la mesa de Donald Trump.

Según el proyecto presentado por los demócratas prácticamente todos los compradores de armas de fuego deberán someterse a una verificación de antecedentes, incluidos los que compran en ferias de armas, a través de Internet o mediante otras transacciones privadas.

Por esta razón los estudiantes y jóvenes estadounidenses se manifestaron ante el Capitolio para protestar contra la violencia provocada por la falta de control al acceso de las armas. Hay que recordar lo que ocurrió en el Instituto Columbine en el que dos estudiantes, Eric Harris y Dylan Klebold, pudieron comprar armas de fuego semiautomáticas en una feria sin ningún problema y asesinaron a 12 alumnos y a un profesor.

En concreto, el día de la masacre, Harris estaba equipado con una escopeta de corredera Savage-Springfield 67H de calibre 12 (que disparó un total de 25 veces) y una carabina Hi-Point 995 de 9 mm con trece cargadores de 10 balas (que disparó un total de 96 veces).​ Klebold estaba equipado con una pistola semiautomática Intratec ab-10 de 9 mm con un cargador de 52 balas, uno de 32 y otro de 28; y una escopeta recortada de dos cañones Stevens 311D calibre 12. Klebold disparó principalmente la pistola TEC-9 un total de 55 veces, mientras que disparó un total de 12 cartuchos desde su escopeta de dos cañones.

Ante esta situación, los estudiantes que se manifestaron en Washington portaban pancartas muy duras en las que se podía leer «¿Soy el siguiente?» o «Debería estar escribiendo mis trabajos universitarios, no mi testamento». Supervivientes de violencia por armas de fuego, activistas, familiares de asesinados expusieron sus experiencias y sus reivindicaciones. Varios congresistas demócratas se unieron a la manifestación y responsabilizaron a los defensores de las armas, entre los que hay muchos cargos electos, de estas masacres y se dirigieron al Senado para reclamar que esta nueva ley no puede ser paralizada porque hay en juego millones de vidas.

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Escritor y analista político. Autor de los ensayos políticos "Gobernar es repartir dolor", "Regeneración", "El líder que marchitó a la Rosa" y de las novelas "Josaphat" y "El futuro nos espera".

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