A través de una carta publicada ayer en la revista científica The Lancet, un grupo de 80 científicos ha advertido de que la estrategia conocida como «inmunidad de rebaño» ante el COVID19 es una «falacia peligrosa».

Han explicado que permitir que el virus circule entre los sectores de población que, de entrada, se supone que tienen menos riesgo y proteger a las personas que se consideran más vulnerables es una estrategia que «no está respaldada por la evidencia científica».

«Las pruebas son muy claras: controlar los contagios comunitarios de COVID19 es el mejor modo de proteger nuestras sociedades y economías hasta que en los próximos meses lleguen vacunas y métodos terapéuticos efectivos».

La inmunidad de rebaño es una estrategia que consiste en exponer a grandes grupos de población al virus para que generen anticuerpos, formando así una barrera de contención para el resto. Una estrategia que funciona en aquellas enfermedades que generan inmunidad persistente, algo que no se ha demostrado que suceda con el COVID19.

Precisamente, están empezando a registrarse casos de reinfecciones que, aunque en la mayoría de los casos no son graves, sí están conllevando investigaciones específicas ante casos que han presentado cuadros más graves en la segunda infección.

Otra de las incógnitas con este virus es la generación de secuelas a medio y largo plazo: algo que está conociéndose sobre la marcha a medida que pasan los meses y las personas que contrajeron el virus en la primera ola, están manifestando ahora las secuelas que están siendo estudiadas.

Pretender relajar las medidas pensando que si la población se contagia de manera masiva puede surtir un efecto de «inmunidad de rebaño», según los expertos es una práctica peligrosa, porque supone poner en riesgo la capacidad de los sistemas sanitarios, y una carga inaceptable para los trabajadores del sector sanitario.

«La transmisión incontrolada en personas más jóvenes presenta un riesgo de morbilidad significativa y de mortalidad en toda la población», señalan.

J»apón, Vietnam y Nueva Zelanda, por nombrar algunos países, han demostrado que las respuestas sólidas de salud pública pueden controlar la transmisión, permitiendo que la vida vuelva a ser casi normal, y hay muchas historias de éxito de este tipo. La evidencia es muy clara: controlar la propagación comunitaria de COVID-19 es la mejor manera de proteger nuestras sociedades y economías hasta que lleguen vacunas y terapias seguras y efectivas en los próximos meses. No podemos permitirnos distracciones que socaven una respuesta eficaz; es fundamental que actuemos con urgencia basándonos en la evidencia.»

Si quiere consultar el texto íntegro publicado en The Lancet, pulse aquí.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre