La inmigración se ha convertido en un caballo de batalla electoral en manos de la derecha, con mayor intensidad en el caso de la ultraderecha. Me llama la atención que tantas personas en bares, plazas y puntos de encuentro de la ciudadanía, caigan en la trampa de situar a los inmigrantes como la causa de los males de España, los que nos quitan el empleo, los que acaparan las ayudas sociales de todo tipo, arrebatándoselas a la población nativa.

Ya he escrito algo sobre estas falacias, pero conviene seguir insistiendo una y otra vez hasta desmontar la mentira. La inmigración se comporta como un colchón y un ejército de reserva del trabajo en España. Durante los años de la crisis el porcentaje de inmigrantes ha caído desde algo más del 12 por ciento a menos del 10 por ciento del total de la población española.

Sin un empleo al alcance, muchos inmigrantes volvieron a sus países de origen. Desde 2017, con la recuperación económica en marcha, el porcentaje de inmigrantes ha vuelto a crecer, compensando el número de jóvenes españoles que emigran y estabilizando el número de personas que residimos en España.

Si tomamos en cuenta sus niveles formativos, con estadísticas europeas en la mano, podemos comprobar que el porcentaje de titulados medios y superiores en nuestro país sigue siendo muy superior entre los españoles y los procedentes de países de la Unión Europea (UE) que entre las personas procedentes de países extracomunitarios.

La población inmigrante termina ocupando la mayoría de los puestos de trabajo que ningún español quisiera ocupar, debido a las condiciones salariales, las jornadas irregulares, las retribuciones en negro, o la penosidad del trabajo.

Vienen a trabajar, a sacar adelante a sus familias y buscar un futuro, igual que hacíamos nosotros en los años 60 emigrando a Europa y a otros países del mundo, o igual que los jóvenes españoles hacen en nuestros días. Por eso el 82 por ciento de ellos quiere trabajar, frente al 78 por ciento de los españoles. Otra cosa es que consigan trabajo. Su tasa de ocupación se encuentra en el 57 por ciento, mientras que la de los españoles supera el 70 por ciento.

La tasa de paro de los españoles, siendo muy alta, supera el 17 por ciento, pero el paro de los extracomunitarios roza el 28 por ciento. Entre las mujeres, el paro de las españolas se acerca al 20´5 por ciento, mientras que entre las mujeres extracomunitarias supera el 30´5.

En estas circunstancias, a quien le puede extrañar que más del 55 por ciento de las personas emigrantes llegadas de fuera de la UE alcancen tasas de pobreza del 55 por ciento, mientras que ese porcentaje es del 21 por ciento en el conjunto de España. Y hablamos ya de un porcentaje alto que llama la atención y enciende las alertas en las autoridades de la Unión Europea, que no dejan de recomendarnos que hagamos algo al respecto.

Nuestros porcentajes de inmigrantes son de los más bajos de Europa. Los porcentajes de empleo inmigrante también. El problema, por lo tanto, no es la emigración, sino las bajas tasas de empleo en nuestro país, a la cola de Europa, tan sólo un pelín mejores que Grecia y Lituania, pero peor que todos los otros 28 países miembros.

El problema es el abuso de la temporalidad en las contrataciones, que afecta casi al 27 por ciento de los trabajadores españoles. De nuevo los peores de Europa, donde la media de temporales se mueve en torno al 14 por ciento. Hasta países extracomunirarios como Turquía, o Macedonia del Norte, nos dan lecciones con un 12´5 por ciento de contratos temporales.

Es fácil echar la culpa a los inmigrantes, en lugar de reparar en la inacción de los gobiernos, o en la pertinaz sequía de una clase empresarial consciente, que mire un poquito más allá de los beneficios seguros, fáciles y rápidos. Más allá del pelotazo permanente y la explotación salarial y laboral de los trabajadores para evitar inversiones que mejoren la productividad y aseguren el futuro de la actividad de su empresa.

Es más fácil utilizar a capricho la mano de obra nacional o inmigrante y al tiempo buscar los culpables en la población inmigrante. En cuanto a algunos políticos, saben que es mentira, pero da votos y por un puñado de votos hasta las peores mentiras tienen cabida.

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nací en la Sierra de Madrid, en Collado Mediano. Licenciado en Geografía e Historia. Maestro en la enseñanza pública. Ha sido Secretario General de CCOO de Madrid entre 2000 y 2013 y Secretario de Formación de la Confederación de CCOO. Como escritor ha ganado más de 15 premios literarios y ha publicado el libro El Madrid del Primero de Mayo, el poemario La Tierra de los Nadie y recientemente Cuentos en la Tierra de los Nadie. Articulista habitual en diversos medios de comunicación.

3 Comentarios

  1. Sí, en un país con un 20% de desempleo es fundamental tener en reserva un ejército de empleo. Es que me parto con estos artículos…!!!

  2. Como nos descuidemos al final los latinos-americanos nos echan al mar (vivo en La Coruña). Todo tiene un tope y la escusa de que nuestros abuelos fueron a buscarse la vida fuera a mi no me vale. La clase acomodada no se da cuenta porque no trabaja en el sector servicios como yo, ahora el empresario prefiere contratar a uno de fuera porque trabaja el doble y cobra la mitad porque no tienen donde caerse muertos.La bajada de salarios es una realidad, antes tranquilamente podías cobrar 1000e por 8 horas de trabajo, ahora si lo quieres 600e o te vas a la calle y contrato a un inmigrante en piso patera.
    No quiero ser racista pero es la realidad que vivo día a día.
    Un cordial saludo.

  3. Si tan listos son todos los que van de listos
    ¿cuándo van a dejar de posponer la pobreza inmigrante
    si cada vez va a empeorar más dada la realidad actual?

    Y ya, por favor, dejémonos de vender humos o sueños o otras cosas que vinieron de Babioirresponsabilidad.

    José Repiso Moyano
    http://delsentidocritico.blogspot.com/

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