Ilustración: Iván Lira.

Es la ideología dominante del capital la que entronizó al hombre (patriarcado mediante) para que sustituyera a los dioses feudales y lo destacara como superior a todas las especies en la naturaleza.

La «ciencia» cultivadora de una racionalidad incuestionable, ascéptica, sin contaminaciones subjetivas ni emocionales se hace de -e impone- un «humanismo» a su medida. O, más bien, a la medida de los intereses de la clase burguesa, la suya, la de los explotadores.

Llevado al plano filosófico, lo humanitario es lo «perfecto», lo generoso, lo puro, lo superior. Un acto humanitario puede ser y es filantrópico para la burguesía, pero jamás será revolucionario. Lo humanitario es opuesto a lo natural, a lo salvaje, a lo no cultivado.

Bajo esas apuradas premisas, la ideología dominante, en el capitalismo, «domina» haciendo ideología, falsificando, invirtiendo la conciencia. Es así como, entre otras cosas, «secuestra» al lenguaje originario sustentado en la igualdad social, cultural, para presentarlo «patas arriba», invertido, ideologizado. Pero, sobre todo, dominante.

El concepto de «hombre» para la sociedad que produce sus bienes en condiciones de explotación capitalista no es el mismo del feudalismo ni del esclavismo, aunque puedan parecernos sutilezas. Pero tampoco es el mismo concepto que surgirá con las sociedades postcapitalistas: el socialismo o el comunismo.

El asunto es que una «ayuda humanitaria» que, en la más bondadosa de sus acepciones en capitalismo, pudiera ser un sinónimo de filantrópica bondad, en esencia significa para el Estado burgués (para el imperio estadounidense, inglés, español, israelita, por ejemplos) una manera de «golpear sin dejar hematomas» en el golpeado.

Venezuela está amenazada de ser golpeada (por ejemplo, con un cruento Golpe de Estado) hoy por el imperialismo, utilizando el eufemismo práctico de la «ayuda humanitaria» para ocultar el carácter trágico, perverso, cruel, fascista y -en fin- inhumano y deshumanizado del propósito y de la acción imperialista para la dominación, el control, la colonización y la depredación del pueblo tenido por inferior, «patio trasero» o, simplemente, objetivo de sus aviesos fines.

Cuando escuchemos al burgués hablar de ayuda humanitaria, pongámonos siempre en alerta, porque nada bueno debe traer entre sus planes.

Ya lo estamos viendo y padeciendo en Venezuela: los capitalistas, su gobierno imperial estadounidense y sus lacayos en países especialmente vecinos al nuestro, lanzan y sostienen un conjunto de medidas sancionatorias, todas destinadas a asfixiar al pueblo venezolano. El bloqueo económico que afecta especialmente el acceso a los alimentos y las medicinas, las acciones contra nuestra moneda, la descarada y sostenida hiperinflación, amén de la guerra mediática y xenofóbica, se coordinan con planes militares diseñados por el Pentágono para invadir y doblegar nuestra Patria, robar nuestras riquezas y asaltar la memoria cultural que nos identifica.

No nos llamemos a engaños, mantengamos con firmeza nuestras convicciones y resistencia. La ayuda humanitaria es un regalito bien empaquetado que lleva la muerte dentro. En Venezuela lo que exigimos no son dádivas, sino que cese de inmediato el bloque y todas las amenazas guerreristas del imperio. Sepan que nuestro deber patriótico es luchar y resistir hasta vencer y seguiremos resistiendo.

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