Toda información que da un animal (no humano) es una información conforme a la realidad. En cambio, toda información que da el ser humano es una información hecha, elaborada o preparada por o para una rentabilidad social (sostenida por sus intereses más o menos dominantes-imperantes), ¡exacto!, conforme a eso, no conforme a la realidad.

La información entonces, siempre en el ser humano, es una información CONTROLADA por intereses no naturales; o sea, por intereses sociales (con lo que eso conlleva de total subjetividad y de prevalencia de lo más fuerte o de los elementos más represores).

En el fondo, sí, la información, a través de la historia, ha justificado una y otra vez la desinformación y aun demasiadas cosas que han denigrado a la sociedad misma en su mínima dignidad.

La información ha justificado el reforzamiento de “esos mensajes” que precisamente ha querido el poder o que ha querido una poderosa tendencia de injusticia o de desigualdad social; exactísimo, como ha sido la información que quería el patriarcado o la cultura machista. ¡Obvio!, todos decían que la culpa estaba “en lo que se había aprendido”, pero nunca se daban cuenta que la real causa o la culpa verdaderamente estaba “en lo que se había aceptado o consentido miserablemente por todos”, en tal o cual información que se había aceptado como si nada, con una ligereza turbia en responsabilidad que repudiaría cualquier ideal o imperativo humano ejemplar, desde luego, sí, sin nunca advertirse exigencias éticas o responsabilidades, las cuales estaban ninguneadas individualmente.

La información además ha sido el más usado instrumento (o medio) para conseguirse un ventajismo social o un empoderamiento social; produciéndose siempre así unas vetadas clases sociales y unas marginaciones que llegarían hasta sus últimas consecuencias, en deterioro social. Evidente es que, en ciertas épocas, la información que se daba, era solo para visibilizar y para favorecer a los blancos (y a sus grandiosas formas incontestables de conducta), sí, mientras que la que se daba “de los seres humanos de raza negra”  era escasa y ya muy insultante desde cualquier mínimo contenido.

En la actualidad, sin duda, ocurre igual pero más inadvertidamente, a ciegas (en eso de que, paradójicamente, “todos se creen bien informados”),    desarrollándose, y de manera implacable, ya sea desde irrefrenables “lobbies” de poder o desde unas campañas sátrapas de algunas tercas políticas como ésas de ultraderecha o las populistamente excluyentes. El caso es que, por ejemplo, la información que quiere el Partido Comunista Chino (o no otra) es la que va a tener la OMS en torno a la COVID-19. Y siempre va a pasar lo mismo en tal o cual  valoración tendenciosa o en la sobrevaloración de cualquier información; al final, es lamentable que todo eso tiene sus incontables efectos en la sociedad, creando a veces como un “manicomio de informaciones” en donde ya no hay cabida mínima a la razón o ni siquiera a algo equilibrado. Sí, en verdad,  la información mueve demasiadas mentiras (o casi todas), mueve premiadas serpientes y mueve todos los errores “de fondo” pero pasados por válidos o por correctos.

Por ello, y porque gane al fin la sensatez, la información hay que cogerla con pinzas cuando alguien quiera valorar alguna de ella, sí, la información ha de tener también un sentido racional y absolutamente siempre una autoexigencia responsable en su procedimiento de difusión. A saber, de la mala información (o sea, la que es irracional o irresponsable) no importa ya el cómo se difunda; pues si es mala, lo será aunque se vista con unas formas de seda o con una estética “mediática” que lo único que hace es… confundir.

Por último, válgame todo esto que digo “en los tiempos que vivimos”, a lo que es la información, a una o otra información (a la tuya, a la mía, a la de los científicos, a la de los medios de comunicación, a la que cualquiera) siempre se le ha de exigir información probada o netamente racional, y nunca ya darla por concluida o como un instrumento incontestable de poder. Que la información supere, en todos, sus posibilidades de “ser otra cosa” en indignidad y en involución.

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3 Comentarios

  1. En este diario a menudo los articulistas hablan de España como de una «dictadura fascista», un «régimen autoritario», «una pseudo democracia» etc.

    Sin embargo España pertenece a la UE que solo admite democracias. Y todos los organismos internacionales de evaluación la sitúan como «democracia plena».

    Qué consideración merecen quienes a sabiendas de la verdad publican día si y día también semejante desinformación, que no es ya ni tendenciosa, sino simplemente mentira.

  2. Señor (o Señora) Ortiz
    Una cosa es lo que aprecie la Unión Europea sobre la democracia en España y otra muy distinta la realidad que vivimos día a día.

    No creo que democracia signifique solo el dar tu voto a tal o cual partido cada cuatro años y nada más, los ciudadanos tenemos poca o ninguna influencia sobre el gobierno una vez llegados al poder. También hay que recordar que la unión es más económica que política, para que hubiese una democracia real se debería haber hacho justicia con los que vivieron y fomentaron la dictadura franquista, nada de eso pasó, los actuales personajes clave en nuestro gobierno son herederos directos de los que antes fueron parte del tinglado de la dictadura.

    Perdone, pero eso no es democracia.

    • Señor Ortiz, señor Rafael.

      El más prestigioso indice, el que publica el semanario británico «The Economist» contempla no unos sino 60 indicadores para evaluar la calidad democrática; proceso electoral, participación política, derechos humanos, derechos civiles, y así hasta sesenta indicadores.

      Hay otros indices como el que elabora «Freedom house» u otros organismo menos relevantes, y en todos ellos España aparece entre las mejores democracias del mundo .

      Sobre los herederos del franquismo me remito a Cataluña comunidad que conozco «El abuelo de Marta Rovira fue alcalde franquista, igual que el del conseller Pere Aragonés. El de Puigdemont desertó cuando los republicanos lo llamaron a filas y se pasó al bando nacional. Padre, abuelo y tatarabuelo de Lluis Llach tuvieron vinculación con el fascismo».

      Ya ve que los herederos del franquismo están muy, pero que muy repartidos.

      PD: No deja de sorprenderme una y otra vez el menosprecio de la izquierda hacia nuestra Democracia y nuestra Constitución, cuando fue la gente de izquierda la que más hizo y se sacrificó por conseguirlas.

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