Esto sería la igualdad
La revolución feminista debe buscar la igualdad real para toda la sociedad

En las pasadas semanas la Universidad de Cádiz (UCA) fue la sede de un hecho histórico: el primer curso universitario de verano dedicado en exclusiva al feminismo y al estudio de todas las realidades que rodean a la revolución de las mujeres en busca de la igualdad real. Este curso de verano fue organizado por la Escuela Superior de Feminismo, Humanidades, Comunicación y Cine, la UCA, Multimedia Ediciones Globales –editora de Diario16, la revista Feminismo Igualdad real– y Foro16,  en el que importantes referentes de todos los ámbitos del saber han compartido sus conocimientos con alumnas y alumnos que se llevan la esencia de la lucha por la igualdad, la diversidad, el respeto hacia el diferente y, por supuesto, las bases sobre las que sustentar la revolución en marcha de las mujeres. Personalidades como la escritora y periodista mexicana Lydia Cacho, la catedrática del derecho Cecilia Palomo, las doctoras universitarias Carmen Vázquez, Carmen Ferradans, el profesor de la UCA David Almorza, la ex jueza y abogada Elena Rábade, Antonio Álvarez del Cuvillo, profesor de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, el fotoperiodista Agustín Millán, la psicóloga Elena Vizcaya, el catedrático italiano de la Universidad de Nápoles Davide Borrelli, la directora de diario16.com, María José Pintor, Rafael Gil, presidente de la Asociación Delta, Antonia Asensio, doctora en Medicina y exconcejal del Ayuntamiento de Jerez de Políticas Sociales, Rocío Guil, catedrática de psicología de la UCA, Paloma Gil Olarte, profesora de psicología de la UCA, Ignacio Sánchez, abogado, Benjamín Ruiz,  Diplomado en Trabajo Social Director Salud+Deporte, el profesor universitario, vicepresidente del Consejo Editor de Diario16, Carlos Delgado, y yo mismo en calidad de presidente-director de la Escuela Superior de Feminismo, Humanidades, Comunicación y Cine y autor del curso.

En las dos semanas del curso se habló y trató mucho el concepto de igualdad y de la importancia de la lucha por lograr la real que está muy por encima de la legal. La declaración de derechos humanos, nuestra Constitución, la Carta de la Unión Europea ponderan la igualdad, pero, en realidad, ese paso aún no se ha dado porque sigue habiendo demasiadas discriminaciones, la de género entre ellas. Lo excepcional para un curso de verano fue la duración del mismo y las horas de docencia aplicadas.

En el curso fue muy importante la aportación de las alumnas y alumnos en sus trabajos finales que tuvieron conclusiones que aportaron actitudes, comportamientos, pensamientos y metodología de avance del feminismo, un aspecto muy positivo para avanzar en el reto de conseguir que la sociedad alcance la igualdad real. Todos estos trabajos están incluidos dentro de la filosofía que representa el Ministerio de igualdad y de la izquierda en general, porque, como afirmó la propia ministra y vicepresidenta Carmen Calvo ,el «feminismo tiene una larga historia y una trayectoria de contenidos que están en el campo progresista pero eso no significa que los partidos de derechas no se puedan acercar ahora a posiciones que hoy son importantes, pero es un patrimonio que pertenece a un movimiento revolucionario de hace mucho tiempo y que nadie puede negar y que nadie puede borrar». ¿El feminismo es una ideología? Sí. ¿El feminismo está enmarcado en una ideología concreta? No, porque es patrimonio de todas las mujeres y de todos los hombres que luchan por la igualdad real. Sin embargo, hay que reconocer que, durante siglos, han sido las progresistas las que han estado en la vanguardia de esa lucha. Si ahora las conservadoras se unen a la misma, bienvenidas serán porque nunca faltan manos proactivas y positivas para alcanzar el objetivo final: la igualdad real.

De todas maneras, tendría que avanzar mucho la ideología centrista en aceptar algunas teorías que son fundamentales y necesarias para la consecución de la igualdad real. Uno de ellos es la aceptación del concepto de normalidad con el de igualdad. Como digo, no está reñido el ser liberal con defender los valores de la igualdad real. Sin embargo, los hechos demuestran que en estos sectores hay aún demasiada gente que no lo acepta. Quiero recordar las palabras que dije cuando recogí el Premio Menina en la sala Clara Campoamor del Senado, reconocimiento que se me concedió por mi compromiso con la igualdad: «Recibo esta distinción por ser normal, una distinción por defender los derechos humanos, la igualdad y la conciencia social colectiva». En consecuencia, los objetivos para la consecución de la igualdad real están dentro de lo que se conceptúa como normalidad y eso es algo que tanto liberales como conservadoras y conservadores deben compartir y comprender. Con sus conductas políticas y sociales actuales mucho tendrán que cambiar para apartarse de «los principios de la Sección Femenina» y acercarse al feminismo.

Para lograr que la igualdad real sea un hecho y que supere el concepto marcado en la ley (y que no se cumple) es necesaria la labor de todas y todos, empezando por las instituciones hasta llegar a los comportamientos individuales de cada una y cada uno en su zona de influencia.

Es necesario que el compromiso por la igualdad real transcienda a los textos legales, como está intentando, por ejemplo, el Ministerio de Igualdad, que, con todas las dificultades que la sociedad patriarcal impone, está poniendo el empeño en que no haya diferencias por el género desde las instituciones, desde la universidad y desde el compromiso social diario con la sociedad y en la sociedad, y, sobre todo, la posibilidad de abrir puertas que demasiadas personas pretendían que permanecieran eternamente candadas.

Fue un gobierno el que impulsó hace años la primera Ley de Igualdad, algo que entonces fue visto como revolucionario. La responsabilidad se transforma en pasos adelante cuando, tal y como están haciendo en el Ministerio liderado por Carmen Calvo, se aplican políticas orientadas a lograr que la igualdad real sea algo más que una reivindicación justa, sino que se transforme en una realidad.

Lo mismo podríamos decir del compromiso de las Comunidades Autónomas y de los Ayuntamientos, quienes, desde la cercanía con el pueblo son los organismos capaces de implementar las políticas necesarias desde el conocimiento de la realidad. Algo que, por desgracia, está en peligro con la llegada al poder de formaciones políticas que pretenden el retorno a la Edad Media y destruir importantes avances en materia de igualdad y de lucha contra la violencia de género que fueron el ariete que demostró que el compromiso político e ideológico en tiempos en que las políticas económicas reducían los presupuestos para la lucha en favor la igualdad real y contra la muestra más cruel de la desigualdad que es el terrorismo machista, término que acuñé hace años. Los Ayuntamientos, además, son el elemento integrador fundamental para que las políticas de igualdad lleguen a la población, a todos y todas las ciudadanas.

Esa lucha por la igualdad real no puede dejarse sólo en manos del poder político, es necesaria la implicación de toda la sociedad, de todas las mujeres y de todos los hombres, desde todos los ámbitos, por supuesto, desde el activismo que nace de la base de la fuerza y el desapego hacia la defensa de las convicciones personales y sociales.

La lucha por la igualdad real se ha convertido en uno de los puntos fundamentales de lo que yo denominé hace años como «Sexto Continente», el lugar donde se está produciendo la verdadera revolución de las conciencias, entre las que está, evidentemente, la de la igualdad real.  El sexto continente se ha convertido ya en el más poblado de la Tierra y crece de manera exponencial. No tiene fronteras, ni siquiera un territorio definido. No ocupa ningún espacio físico. No tiene límites ni medida. Su realidad es supranacional.

Su rostro es el de la mujer/hombre-pueblo y sus mil bocas claman al unísono por el cambio. Su territorio sólo puede ubicarse en sus almas y su patria en sus conciencias. Son las hijas y los hijos de la desigualdad en todos los ámbitos, de la violencia machista, de la brecha salarial y de la identidad. No persiguen el realismo mágico ni la quimera sino la justicia y la igualdad real, los derechos humanos, el equilibrio medioambiental y la sostenibilidad. No tienen raza ni color de piel ni religión ni se imponen barreras de sexo porque representan a todas las razas y a todas las religiones, a todas y todos los oprimidos.

Este ejército de mujeres y hombres libres e iguales se expande por el mundo como una mancha de aceite y ya está dejando su huella indeleble en los países ricos y desarrollados, atentos y vigilantes ante una revolución que está ganando batallas todos los días sin disparar un solo tiro. Nadie les prometió nunca nada, pero saben que heredarán la Tierra, aunque sea nada más que para preservarla de las y los depredadores voraces e insaciables que se comen sus entrañas.

En la lucha de la mujer por la igualdad real hay que tener en cuenta un hecho muy claro y evidente: la libertad y la dignidad son virtudes que no tienen precio y que es cada vez más difícil de hallar por la vacuidad en la que la sociedad de consumo nos va introduciendo. El futuro se oculta detrás de las mujeres y los hombres que hacen posible esta nueva revolución de las conciencias dignas y éticas. Así de claro. Y cada día, cada momento, estoy también más convencido de que es la mujer quien preserva mayor fuerza y ética en este tránsito de la vida que se nos hace pedregoso en muchos de sus tramos.

La violencia que nos rodea parece inmunizarnos ante el dolor, las injusticias, las desigualdades. El pueblo llora cada día la muerte. La sociedad tiene que gritar unánimemente: Basta. No más mujeres asesinadas. No podemos tolerar tanta ignominia. Ni tampoco la falta de voluntad política de enfrentar este drama.

Nos encontramos en un momento en el que la ley afirma que todos somos iguales, pero, en realidad, no es cierto. Por eso hay que trabajar, hay que luchar, hay que defender con la razón sin miedo la búsqueda de algo tan lógico, pero tan transgresor como la igualdad real. Es la revolución del siglo XXI, un movimiento de toda la sociedad, de miles de millones de seres humanos que claman día a día, cada cual en su ámbito, cada cual con sus posibilidades, que las mujeres y los hombres somos iguales y tenemos los mismos derechos. Sin embargo, como nada es gratis en esta sociedad, para lograr que esa igualdad sea real hay que pagar el precio del compromiso ético, de la libertad y de la dignidad. No hacerlo sería una irresponsabilidad muy grave.

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1 Comentario

  1. En españa, una jueza cobra menos? No, una fiscal cobra menos? No, una medica del sistema nacional de salud cobra menos? No, una funcionaria del estado en cualquiera de sus vertientes, cobra menos? No. Estos, son hechos objetivos, facilmente verificables. El machismo, que teoricamente genera desigualdad, no existiria si nadie eligiese una pareja machista. Asi de facil. En mexico, la cantidad anual de asesinatos de genero es ingente, pero las mexicanas siguen eligiendo mayoritariamente parejas machistas. Cuando algo puede no hacerse, y sin embargo se hace, toda la responsabilidad derivada de las consecuencias de esa accion, recae exclusivamente en quien la perpetro

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