Santiago Abascal ha publicado un vídeo en Twitter en el que denuncia que la ley de eutanasia es una de las normas “más injustas y tristes” de la democracia. “En vez de preocuparse por proteger a los más débiles, se les abandona y se abre la puerta de par en par al homicidio legal, al horror disfrazado de compasión”, alega el líder de Vox, que entiende que la nueva ley supone una “derrota de la civilización” y una victoria de la “cultura de la muerte”. Llama la atención cómo la arenga del jefe de la extrema derecha española encaja, como las piezas de un puzle, con la posición de la Iglesia española, que en los últimos días también se ha pronunciado sobre un texto legal que para algunos juristas es la normativa más avanzada de toda Europa sobre el derecho a morir dignamente. El nuevo frente nacionalcatólico se completa con asociaciones como Abogados Cristianos, que acaba de soltar el disparate de que la iniciativa del Gobierno de coalición trata de hacer negocio con la muerte.

La posición ideológica de Vox y de los movimientos ultrarreaccionarios no debería sorprender a nadie, ya que hablamos de organizaciones políticas que recuperan las esencias franquistas para hacer retroceder a España en el tiempo hasta devolverla a un régimen feudal, pero la Iglesia no debería ceder a tentaciones fascistoides y complicidades con organizaciones políticas que predican lo peor del ser humano, como es el machismo, la xenofobia y el supremacismo elitista.

En una nota de prensa de la Conferencia Episcopal Española, órgano de gobierno de la curia católica en nuestro país, los obispos aseguran que la tramitación de la ley de eutanasia se ha “realizado de manera sospechosamente acelerada, en tiempo de pandemia y estado de alarma, sin escucha ni diálogo público”. De esta manera, la CEE no deja pasar la oportunidad de meterse de nuevo en política, esta vez a cuenta de un asunto sobre el que siempre ha arengado al rebaño desde los púlpitos. “El hecho es especialmente grave, pues instaura una ruptura moral; un cambio en los fines del Estado: de defender la vida a ser responsable de la muerte infligida; y también de la profesión médica, llamada en lo posible a curar o al menos a aliviar, en cualquier caso a consolar, y nunca a provocar intencionadamente la muerte”.

De esta manera, si el diputado de Vox Agustín Rosety ha comparado la proposición de ley orgánica de regulación de la eutanasia con los experimentos de los nazis –“lo mismo que hizo Hitler en los años 30, con el primer programa de eutanasia de la historia”–, la CEE cree que la iniciativa legislativa es una propuesta “que hace juego con la visión antropológica y cultural de los sistemas de poder dominantes en el mundo”. Obviamente el partido ultra y la jerarquía eclesiástica dicen lo mismo, aunque con distintas palabras.

No se trata de la muerte como solución, como sugieren los prelados, sino que cuando ya no hay solución y llega el trance de la muerte el paciente pueda elegir cuándo morir con dignidad. No hay nada pecaminoso en eso; al contrario, es pura humanidad ayudar a esas personas a dar el salto final a lo desconocido. Esa es la verdadera compasión, y no llevar el dogma de fe y el catecismo hasta límites fundamentalistas, aberrantes, que solo causan sufrimiento y dolor.

Resulta ciertamente desolador leer que “con el Papa decimos que la eutanasia y el suicidio asistido son una derrota para todos. La respuesta a la que estamos llamados es no abandonar nunca a los que sufren, no rendirse nunca, sino cuidar y amar para dar esperanza”. Pero más triste aún resulta que la Iglesia llame a los españoles a una jornada de “ayuno y oración para pedir al Señor que inspire leyes que respeten y promuevan el cuidado de la vida humana”. La ley de eutanasia no solo es cien por cien humana, sino que es un paso histórico y un avance en los derechos cívicos para librar al mundo de las ataduras de la religión y la superchería.

En los últimos años las iglesias se han ido quedando vacías de creyentes, en buena medida porque la institución fundada por Pedro no ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Querer ver en una ley de muerte digna acorde con el siglo XXI un intento de imposición totalitaria, como hace Vox en su infame campaña de propaganda y desinformación con bulos trumpistas, es un grave error que no ayudará precisamente a la Iglesia a recuperar los rebaños perdidos. El ala más reaccionaria de la curia, la Congregación para la Doctrina de la Fe, con la aprobación expresa del papa Francisco, ha publicado la Carta Samaritanus bonus sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida. Este texto, según los obispos, “ilumina la reflexión y el juicio moral sobre este tipo de legislaciones”. También la Conferencia Episcopal Española, con el documento Sembradores de esperanza. Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de esta vida, “ofrece unas pautas clarificadoras sobre la cuestión”. De ahí que la Iglesia haya instado a la “promoción de los cuidados paliativos, que ayudan a vivir la enfermedad grave sin dolor y al acompañamiento integral, por tanto también espiritual, a los enfermos y a sus familias. Este cuidado integral alivia el dolor, consuela y ofrece la  esperanza que surge de la fe y da sentido a toda la vida humana, incluso en el sufrimiento y la vulnerabilidad”. En definitiva, lo que está proponiendo la CEE es que la persona lleve su dolor y su sufrimiento hasta el paroxismo y se convierta en un mártir como lo fue Cristo en la cruz. No hay nada más inhumano que eso.

Apúntate a nuestra newsletter

3 Comentarios

  1. Después de los documentos, vídeos, y otros aparecidos en relación al abandono y negación de asistencia médica en las residencias de la Comunidad de Madrid, que opinan estas organizaciones eclesiásticas?

  2. Nada nuevo en las cosas de las iglesias y la catolica no va por detras.
    A estos catolicos(que no cristianos),la secta dominante,la hipocresia les va como anillo al dedo.El maximo ejemplo lo tenemos en Teresa de Calculta,muy humana ella,pero en lo tocante a la enfermedad y muerte su lema era el de «ofrece tu sufrimiento para la liberacion de tu alma»,pero cuando a ella le detectaron un cancer en vez de quedarse en uno de sus hospitales a los que poco se le ofrece a los pacientes respecto a calmantes,a pesar de tener dinero a radudales,agarro un avion y privado y marcho a Houston a que la vieran y trataran.
    A los fascistas españoles les pasa igual,cuando ellos van a morir,procuran hacerlo en las mejores condiciones,cosa que niegan a los demas.Se les llena la boca con aquello de gobierno comunista queremos libertad…de que libertad hablan??porque la mas basica,la del derecho a querer vivir o morir la niegan,eso si,quieren fusilar a 26 millones de españoles.
    Si existe el derecho a querer vivir,tambien existe el de no querer vivir.Punto.

  3. Los discursos de la Conferencia Episcopal y el partido de Abascal coinciden como dos gotas de agua. Como con el franquismo. estamos descubriendo que no era una cruz sino una espada, lo que blandían.

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre