Hace poco más de dos semanas, el portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, aseguraba que el ingreso mínimo vital que prepara el Gobierno Sánchez para las familias en riesgo de exclusión y pobreza debería ser algo “coyuntural”. “En este momento, la renta básica ayuda a quienes se han quedado en paro, para quienes lo necesitan a través del instrumento que parezca oportuno es indispensable. Pensar en una permanencia de grupos amplios de ciudadanos que vivan de manera subsidiada yo creo que no sería un horizonte deseable a largo plazo para el bien común”. El apelativo de “subsidiados” para referirse a personas que van a quedar en la cuneta en este drama monumental del coronavirus fue tan escandaloso y contrario a las enseñanzas cristianas que el papa Francisco y el sector progresista de la curia se han visto obligados a mover ficha y a aclarar lo que no solo era una falta de respeto y un desprecio hacia millones de españoles que estos días nefastos malviven sin recursos económicos de ningún tipo −en la plena indigencia y con miedo a morir contagiados por el virus−, sino un disparate filosófico, religioso e ideológico para una institución como la Iglesia católica, que predica el amor, el humanismo y la ayuda al prójimo como valores esenciales.

Ayer mismo, el presidente de la CEE y cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, matizaba el despropósito al apoyar “absolutamente” la renta mínima vital que prepara el Gobierno de coalición, aunque “evitando que se eternice” y reconociendo que en algunos casos deberá ser permanente si la persona o familia arruinada no puede salir de su situación de pobreza. “Estamos por esa ayuda absolutamente a la gente más necesitada; la técnica no sé cómo hacerlo, pero siempre dignidad de la persona humana, dignidad del trabajo y, en eso, tanto el Gobierno como las asociaciones empresariales saben mucho”, dijo Omella, que reconoció que muchos trabajadores van a quedar en el paro y la tragedia va a ser de una magnitud histórica.

El matiz de las declaraciones del presidente de los obispos respecto a las de su portavoz es importante y demuestra que Francisco ha dado un serio toque de atención a sus ministros purpurados españoles, que durante un momento se habían instalado en un discurso demasiado escorado a la derecha que anteponía la política y el frío cálculo macroeconómico −cuestiones que deberían estar desterradas del discurso de un sacerdote, de un guía espiritual, de un hombre de Dios en definitiva− a la dignidad de la persona. También resulta algo más tranquilizador que el máximo responsable de la jerarquía católica reconozca que “todo eso hay que verlo” y que la renta mínima vital “hay que garantizarla con los sistemas garantistas que haya que establecer”. Consuela saber que al menos Omella considera esas ayudas sociales como mecanismos estatales de protección legal, ya que una cosa es el derecho constitucional y legalmente reconocido que tiene toda persona a una renta de subsistencia para llevar una vida digna y otra la simple limosna, la beneficencia del paquete de leche, la barra de pan y la bolsa de lentejas de Cáritas, que está muy bien como subsidio para llenar los estómagos en el frente de batalla contra el hambre urgente pero constituye un paternalismo religioso que degrada a la persona beneficiaria y la reduce a la condición de mendigo endogámico, de indigente cronificado y menesteroso sempiternamente sentado a la puerta de la iglesia.

Sin embargo, aunque Omella ha tratado de lavar la mancha que dejó Argüello, en su discurso sigue estando presente esa inquietante y peligrosa coletilla de “evitando que de alguna manera eso se eternice”, es decir, insinuando que el ingreso mínimo vital deberá tener un carácter provisional, puntual, mientras persista la crisis, y añadiendo que aunque “hay que asegurarlo siempre para todas las personas, luego hay que ver cada caso”. Y ahí es donde está la clave del dilema: en la frontera temporal. El hambre puede durar un solo día o toda la vida y no conoce de plazos. Todos tienen derecho a un ingreso vital, hoy, mañana y siempre, durante el tiempo que sea necesario. Por tanto, una vez más nos encontramos ante una posición ambigua de la Iglesia católica española respecto a un derecho que está garantizado en la Constitución del 78. Parece fuera de duda que Omella se muestra partidario de la renta mínima, pero esa reserva temporal, esa cláusula de “evitando que se eternice [la ayuda]”, sigue dejando lugar a la duda. Una indeterminación que continúa estando ahí, ya que tras ser preguntado por los periodistas si existe alguna divergencia de criterio sobre la renta mínima vital entre el papa Francisco y el portavoz de la CEE, Omella se limitó a responder que no sabe “si hay una gran diferencia”, aunque ha hablado con Argüello y este le ha asegurado que los obispos están “absolutamente” a favor de la prestación que prepara el Ejecutivo.

Resulta difícil comprender por qué la Iglesia sigue poniendo tantos reparos, circunloquios, coartadas y peros a una cuestión que es de simple justicia social y de mero sentido común. Un estado democrático y avanzado no puede dejar atrás ni a uno solo de sus ciudadanos, una idea que por otra parte impregna el Nuevo Testamento. De modo que ese carácter de transitoriedad que la CEE quiere darle a las ayudas, ese “durante el tiempo que dure la crisis”, parece un as que el sector ultraconservador de la curia pretende guardarse en la manga de la sotana. La alergia de la cúpula eclesiástica a todo lo que huela a socialdemocracia resulta cada vez más preocupante. Algo que no se termina de comprender, sobre todo teniendo en cuenta que Jesucristo fue un gran rojo que siempre se apartó de las élites para ponerse al lado de los más pobres. Seguramente por eso lo mataron.

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2 Comentarios

  1. Lo que hace la iglesia es normal que sentido tiene su existencia si le quitas el patrimonio de la asistencia a la pobreza; su miedo se basa en su riqueza que no es productiva sino receptora, cada persona productiva de este pais aguanta cada vez mas improductivas, no quieren que con esta crisis se les quiten sus privilegios, Aznar hizo a los obispos notarios es decir no tenían que pasar por ese tramite para quedarse con propiedades, pasaban al registro de la propiedad directamente,no se sabe sus propiedades por eso no pagan IBI la excusa es que ellos se encargan de los pobres, pero se gastan más en la COPE y 15 TV, necesitan medios de comunicación para generar opinión no les importa lo que le pase a esta sociedad,sino defenderse de los que les culpabilicen por pederastas , LEGION DE CRISTO su fundador más de 90 niños violo por cierto a esta secta pertenece la mujer del Aznar, pero hacen lo que la sociedad le consienten se aprovechan de las tradiciones de la gente pafra crear sus dogmas y su influencia, país de pandereta y de incultos.

  2. Soy católico y apoyo este Gobierno frente partidos fascistas, muchas leyes de este Gobierno estàn mas.cerca de lá doctrina social de lá Iglesia que las ideas de la Derecha

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