Ya vimos como el programa económico de las tres derechas españolas, del Partido Uno y Trino, haría palidecer de envidia a la mismísima Margaret Thatcher y sólo puede ser calificado como Ultra-liberal. Su programa social, de recorte de derechos y libertades, también únicamente puede ser calificado como ultra, como ultra-derechista.

En primer lugar, tenemos a Vox, que pretende restringir y limitar el derecho de huelga, uno de los derechos fundamentales de los trabajadores. Ello enlaza con la pretensión del PP de “profundizar” la reforma laboral del 2012, una reforma que fue enormemente lesiva para los derechos de los trabajadores y que sólo ha supuesto mayor precariedad y menores salarios. ¿Y qué decir de una Ley Mordaza que fue legislada por el PP y que los otros dos partidos de la Derecha, por activa o por pasiva, apoyan en lo fundamental? ¿Y de la propuesta de Casado de rebajar el salario mínimo?

Por otro lado, tenemos la tremenda involución moral, ética, con la que los miembros del Partido Uno y Trino, pretenden diseñar el futuro de nuestro país. Así, los insultos brutales que el señor Casado ha dedicado a Sánchez, el presidente del gobierno, resultan un buen indicador de la atmósfera moral en la que vive envuelta la derecha hispana. Aunque ello palidece con la utilización que hacen, de forma vil y miserable, de los crímenes de ETA con el fin de lograr votos. En este sentido, conviene recordar precisamente que el único que se refirió a ETA con el nombre de movimiento vasco de liberación nacional fue el señor Aznar, el gran patrón y muñidor, que nadie lo dude, de las tres derechas españolas. La resurrección de fantasmas como el debate del aborto, o la demagogia que utilizan con la inmigración o el feminismo son sintomáticos también de los vectores que marcan el camino de esta vieja derecha, que pretende ser nueva pero que no lo es, que no es más que la actualización de lo más rancio de nuestra Historia. Así, tal vez lo peor, lo que más pavor produce, sea la obsesión que tienen en revivir lo que ellos siempre han calificado como la anti-España; todo y todos con los que no están de acuerdo son calificados como malos españoles. Recuerdan mucho, cuando piden prohibir aquí y allá, a las palabras de Luciano de Calzada, diputado de la derechista CEDA, que hablaba en 1934 como los discrepantes eran la anti-patria. Esa intención de excluir al discrepante de su concepción patrimonial de nación, de su visión de la vida, la verdad es da miedo, da mucho miedo. Y más si nos atenemos a nuestra Historia, y al protagonismo que ha tenido en ella la derecha hispana.

Es por todo ello por lo que las próximas elecciones son fundamentales. De lo que lo de ellas resulte puede darse, en caso de triunfo de las derechas, una destrucción total e irreversible no sólo de nuestro Estado de Bienestar y de los derechos sociales que nos hemos otorgado; puede darse una involución moral que acabe destruyendo la convivencia mínima exigible en nuestro país.

Y por supuesto, en el caso de la Comunidad Valenciana, las próximas elecciones autonómicas además darán cuenta de si los valencianos damos carpetazo definitivo a la corrupción y las corruptelas que han marcado la época más negra de nuestra Historia reciente, o de si al permitir que vuelvan, validamos la misma. Nuestra imagen ante el resto de España, ante nosotros mismos, y sobre todo ante nuestros hijos depende de ello. Depende de nosotros. Es la hora de la verdad.

La hora de la verdad (I)

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