“Y dejad que le cuente al mundo, que aún no lo sabe, cómo sucedió todo esto; así deberéis oír sobre actos carnales, sangrientos, desnaturalizados, juicios arbitrarios, ciego asesinato; sobre muertes provocadas mediante violencia y astucia, y maquinaciones frustradas que han recaído sobre la cabeza de sus inventores: de todo esto puedo hablar con la verdad.”

William Shakespeare, Hamlet, acto V, escena 2

Si llueve en Madrid llueve en España. También podríamos afirmar que terminará lloviendo en la Moncloa. La deriva neoliberal que comienza a teñir las decisiones del gobierno cada vez menos progresista, deja a las claras el efecto que suele alejar a los presidentes de gobierno, de las cuestiones que dominan a la sociedad que los circunda. Tienen la inercia de los halagos hasta que las urnas les imponen el criterio de realidad.

Si España sigue cayendo en las manos equivocadas, su decadencia se irá consolidando para convertirnos en el destino de las borracheras vacacionales de medio mundo. El modelo B&B se impondrá. Y seremos el rentable personal de servicio de los grandes grupos inmobiliarios y hosteleros.

El cambio progresista que debería estar en marcha está siendo sofocado por los que se dicen progresistas, aunque se comportan como recursos del neoliberalismo patrio. Es una traición en toda regla a los acuerdos que establecieron con las bases. En esos tiempos de primarias para la reconquista de Ferraz se terminaban los actos cantando la Internacional.

Lo cierto es que las medidas para paliar los efectos económicos de la crisis pandémica están siendo obstaculizadas por el bloque neoliberal del gabinete. Si a ello se suma que no se producen ajustes en materia de tarifas energéticas, en lo que a los abusos se refiere. Tampoco en materia de persecución del gran fraude. Menos aún para contener al ministro Escrivá en sus intenciones de recortar al sistema público de pensiones.

Si a ello le añadimos el respaldo de los dinosaurios del socialismo a una alineación con las tesis de la tercera vía de Tony Blair, por parte de ministras como Robles, Calviño, Escrivá o Calvo. Entonces tenemos justificadas las decisiones sobre materias económicas, sociales y judiciales, en respaldo de las presuntas corrupciones de la monarquía, los negocios de armamentos y la negativa a liberar de la condición de secretos de estado a las actuaciones desde la Transición hasta aquí.

El movimiento de Pablo Iglesias no tiene como fin último a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Quienes crean eso se equivocan. Hay que levantar la vista y observar que esa recuperación de la iniciativa se acerca a competir por el control de las próximas generales. Sin perder de vista que, los éxitos del resto de legislatura del gobierno de coalición, se atribuirán al conjunto de los socios. Consideremos que tan sólo restan poco más de dos años para las generales, coincidiendo casi con las autonómicas.

Si la inercia de la movilización de Podemos es la prevista, con una gestión con dinámica progresista, regresaríamos a las condiciones del entusiasmo militante del 2016. Todos los adversarios de Iglesias lo saben. La fuerte campaña de la horda mediática lo prueba. Veremos operaciones de Lawfare y fakes sobre la campaña.

La cuestión radica en la elección entre fascismo o libertad. Es por eso que tú voto es crucial.

La Historia nos juzgará.

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