domingo, 19septiembre, 2021
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La grave crisis de Afganistán

José Amestoy Alonso
Escritor y profesor licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Zaragoza. Sus líneas de investigación son Climatología, Medio Ambiente y Tercer Mundo.
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Te imaginas no poder salir de casa sin compañía, no poder estudiar, ni trabajar, ni participar en política, ni asistir a la consulta médica por decisión propia, o no poder quedarte a solas con el personal sanitario… que te consideren en tu vida privada y pública incluso menos que menor de edad… vivir sin libertad, sin esperanza, con miedo…

No hace falta que imagines, es el riesgo real que corren las mujeres y niñas en Afganistán, de ser negadas en su dignidad, sometidas, esclavizadas e incluso asesinadas.

Lo que estamos presenciando en Afganistán es una tragedia que se debería haber previsto y evitado. Si no hay una acción rápida y decisiva de la comunidad internacional, no hará sino complicar aún más.

Según Antonio Beltrán de Amnistía Internacional, «miles de personas afganas están en grave peligro de sufrir represalias a manos de los talibanes, desde personal académico hasta periodistas, activistas de la sociedad civil y defensoras de los derechos humanos».

«Por eso hacemos las siguientes peticiones: a los gobiernos extranjeros que garanticen una salida segura de Afganistán a todas las personas que están en el punto de mira de los talibanes, y a que se abran las fronteras de los países vecinos para proteger y asistir a personas refugiadas.. Y al Consejo de Seguridad de la ONU, exigir a los talibanes que respeten el derecho internacional de los derechos humanos, garanticen la seguridad de la población civil y pongan fin a los ataques de represalia contra mujeres, defensores y defensoras y minorías étnicas y religiosas».(AI, España)

Muerte, asesinatos, miedo, huida, disparos a mansalva, se va Míster Marshall sin dar una explicación fidedigna. Vuelve la guerra, vuelven los talibanes, que estaban esperando la marcha de Joe Biden, desde que Trump propuso la retirada en su día, alegando que tiene un pacto con los talibanes para respetar los derechos humanos, respetar  las  niñas y a las mujeres, abandonar el yihadismo y los niños soldados. Si esto se lo cree Joe Biden es que no conoce a los Islamistas puros, que solo creen en la yihad.

Es deber de la sociedad europea e internacional, y los que se llaman autoridades, junto con la OTAN, la ONU y el susodicho Joe Biden ayudar al pueblo afgano de las atrocidades que están sufriendo. Se impone la dictadura talibán que busca formar desde hace años el Estado Islámico  más cruel, siguiendo los principios de Bin Laden, llevando el terror hasta sus últimas consecuencias.

Los talibanes ya han, según 20 minutos, anunciado que Afganistán no será una democracia, que cambiarán la bandera tricolor por la bandera blanca con los versos del Corán y que aplicarán la Shariá, la Ley Islámica. Esto supondrá un retroceso en los derechos de millones de personas, especialmente en los de las mujeres y las niñas. Pero nadie se salva del yugo talibán.

Algunas de las normas a cumplir por hombres y mujeres en este Estado Talibán, las ha publicado La Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (RAWA) indicando algunas de las normas que deben cumplir los hombres y mujeres que vivan en las regiones controladas por los talibán si no quieren enfrentarse a castigos físicos o incluso a la pena de muerte, más cruel que es la lapidación, sobre todo de mujeres, en público:

Prohibición de escuchar música, no solo para las mujeres, sino para los hombres también.

Prohibición de ver películas, televisión o vídeos para todos.

Queda prohibido celebrar el tradicional año nuevo, o Nowruz, el 21 de marzo. Los talibán han proclamado que es una fiesta comunista.

Queda desautorizado el día del trabajo, el 1 de mayo, porque se considera una fiesta ‘comunista’.

Se ordena a todas las personas que tengan nombres no islámicos que los cambien por otros islámicos.

Cortes de pelo forzoso para todos los jóvenes de Afganistán.

Se ordena a los hombres que lleven «ropa islámica» y algo con lo que cubrirse la cabeza.

Los hombres no pueden afeitarse ni recortarse la barba que debe crecer los suficiente como para sobresalir del puño si se agarra por debajo de la barbilla.

Todo el mundo debe acudir a la mezquita para rezar cinco veces al día.

Se prohíbe criar palomas y jugar con cualquier tipo de pájaro porque se considera anti-islámico. Los infractores serán encarcelados y los pájaros serán sacrificados.

Se prohíbe, a hombres y mujeres, volar cometas y otros juegos considerados anti-islámicos por los talibán.

Los espectadores de actividades deportivas deberán animar a los jugadores únicamente con cantos de Allah-o-Akbar, Dios es grande y no podrán aplaudir.

Cualquiera que lleve literatura «cuestionable» será ejecutado.

Cualquiera que se convierta del Islam a otra religión será ejecutado.

Todos los hombres que estudien deben llevar un turbante en la cabeza. «No turbante, no educación», dicen los talibán.

Las minorías no musulmanas deben distinguirse con una insignia o coser una tela amarilla en su vestimenta para diferenciarse de la población mayoritaria musulmana.

Prohibido el uso de Internet tanto por afganos como por extranjeros.

Pero estas leyes son, desde luego, mucho más duras para las mujeres y las niñas a las que, según la RAWA se les prohibirá el trabajo, la educación, salir de casa sin un hombre y se les obligará a llevar el burka para no mostrar su rostro en público, además de otras 25 normas que las borrará completamente de la vida pública. Los talibán, sin embargo, han asegurado que respetarán los derechos de las mujeres y las niñas y que podrán trabajar y estudiar siempre y cuando cumplan la ley islámica y que «vivirán felices» porque estarán cumpliendo la Shariá. Algo que a las mujeres afganas de la RAWA les cuesta creer.

Hete aquí las durísimas normas que tienen que cumplir las mujeres en un Estado Talibán dictatorial, según La Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán que publicó  la lista de las prohibiciones que sufrirán las mujeres bajo el nuevo Gobierno. Son estas:

Completa prohibición del trabajo femenino fuera de sus hogares. Sólo unas pocas doctoras y enfermeras tienen permitido trabajar en algunos hospitales en Kabul.

Completa prohibición de cualquier tipo de actividad de las mujeres fuera de casa a no ser que estén acompañadas de su ‘mahram’ (parentesco cercano masculino como padre, hermano o marido).

Prohibición de cerrar tratos con comerciantes masculinos.

Prohibición de ser tratadas por doctores masculinos.

Prohibición de estudiar en escuelas, universidades o cualquier otra institución educativa (los talibán han convertido las escuelas para chicas en seminarios religiosos).

Las mujeres han de llevar burka, que las cubre de la cabeza a los pies.

Azotes, palizas y abusos verbales contra las mujeres que no vistan acorde con las reglas talibán o contra las mujeres que no vayan acompañadas de su ‘mahram’.

Azotes en público contra aquellas mujeres que no oculten sus tobillos.

Lapidación pública contra las mujeres acusadas de mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Prohibición del uso de maquillaje.

Azotes, palizas y abusos verbales contra las mujeres que no vistan acorde con las reglas talibán o contra las mujeres que no vayan acompañadas de su ‘mahram’.

Azotes en público contra aquellas mujeres que no oculten sus tobillos.

Lapidación pública contra las mujeres acusadas de mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Prohibición del uso de maquillaje.

Prohibición de hablar o estrechar las manos a varones que no sean su ‘mahram’.

Prohibición de reír en voz alta.

Prohibición de llevar zapatos de tacón, que pueden producir sonido al caminar (un varón no puede oir los pasos de una mujer).

Prohibición de montar en taxi sin su ‘mahram’.

Prohibición de tener presencia en la radio, la televisión o reuniones públicas de cualquier tipo.

Prohibición de practicar deportes o entrar en cualquier centro o club deportivo.

Prohibición de montar en bicicleta o motocicletas, aunque sea con sus ‘mahram’.

Prohibición de llevar indumentarias de colores vistosos. En términos de los talibán, se trata de «colores sexualmente atractivos».

Prohibición de reunirse con motivo de festividades o con propósitos recreativos.

Prohibición de lavar ropa en los ríos o plazas públicas.

Modificación de toda la nomenclatura de calles y plazas que incluyan la palabra «mujer.»

Prohibición a las mujeres de asomarse a los balcones de sus pisos o casas.

Opacidad obligatoria de todas las ventanas, para que las mujeres no puedan ser vistas desde fuera de sus hogares.

Prohibición a los sastres de tomar medidas a las mujeres y coser ropa femenina.

Prohibición del acceso de las mujeres a los baños públicos.

Prohibición a las mujeres y a los hombres de viajar en el mismo autobús. Los autobuses se dividen ahora en «sólo hombres» o «sólo mujeres».

Prohibición de pantalones acampanados, aunque se lleven bajo el burka.

Prohibición de fotografiar a mujeres.

Prohibición de la existencia de imágenes de mujeres impresas en revistas y libros, o colgadas en los muros de casas y tiendas.

La ofensiva talibán no va a suponer de momento un «cambio» ni una «amenaza internacional» pero, desde el punto de vista interno, la situación en Afganistán va a ser muy diferente, sobre todo para las mujeres y las niñas que se quedarán «en una situación dificilísima».

Así lo ha asegurado Enrique Ayala, experto en política internacional y analista de la Fundación Alternativas, después de la retirada de las tropas internacionales de Afganistán lo que ha llevado a los insurgentes al poder veinte años después.

En su opinión, «los talibanes son yihadistas radicales» y actuarán «con una crueldad y una dureza enormes» porque van a implantar la ley islámica «en su versión más rígida», y eso va a afectar a la población, sobre todo a las mujeres de las ciudades, que están más «occidentalizadas y acostumbradas a otro tipo de vida».

Con las dictaduras sanguinarias no se debe pactar NADA, porque si se hace estaremos cayendo en la decadencia de los Derechos Humanos. Lo que hay que hacer es aislarlas de la Civilización Occidental

e internacionalmente obligarla a cumplir con los DDHH, porque es inhumano el trato humillante con los afganos pero sobre todo en con las niñas y las mujeres.

Estamos en el siglo XXI y los talibán viven como si estuvieran en la Edad Media.

Es un fracaso de la civilización Occidental y la falta de una solidaridad internacional. Occidente tiene que hacer una larga reflexión ante estos acontecimientos  después de estar 20 años en Afganistán.

Para terminar estas palabras de Michele Groppi, del King’s College London

«No hay otra forma de decirlo. El fracaso de Occidente en Afganistán será recordado como uno de proporciones épicas. La coalición de naciones que entró en el país hace 20 años no sólo no ha conseguido exportar sus valores, sino que no ha logrado aportar ninguna estabilidad a los gobiernos locales ni seguridad a la población local».

«Ahora, mientras los talibanes persiguen a quienes colaboraron con Occidente y se preparan para reprimir las libertades básicas, muchos temen que el país vuelva a ser un refugio para los terroristas, con consecuencias nefastas para el propio Occidente».

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