jueves, 23septiembre, 2021
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La Gota china

Jesús Ausín
Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.
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Aloys tenía que entregar un par de zapatos, recién fabricados por su padre, en el Palacio Real. Hacía meses que la situación era preocupante. Varios años consecutivos de malas cosechas y la insaciable voracidad del rey que había aumentado el diezmo hasta una presión insostenible para una burguesía cada vez más abundante, y por tanto con mucha más competencia y un pueblo que había vuelto, de nuevo, a tener que renunciar a la compra de ropa y complementos para dedicar todo su peculio a proporcionarse alimento, habían aumentado considerablemente el malestar.

Esperaba que el mayordomo de Palacio le pagara el par de zapatos a su entrega. La última vez, hacía unos seis meses, tuvieron que pasar otros tres hasta que la servidumbre de palacio le entregó una bolsa con los dineros reclamados, más por dejar de ver la cara de Aloys que todos los días se presentaba en la puerta a reclamar el pago, que por sentir la obligación de la deuda. Su padre le había advertido al salir. Si no hay bolsa con los tres sueldos de los zapatos, no entregues el calzado.

El Zapatero no era el único al que le debían dinero en la mansión real. Muchos de los cortesanos encargaban capas de seda y complementos que luego no pagaban. No es que se negaran. Es que cuando el sastre se presentaba a cobrar, el noble en cuestión nunca estaba en palacio y la servidumbre, que sabían del pelaje de cada uno de los archipámpanos que pululaban por allí, se negaban a adelantar los sueldos porque conocían perfectamente los abusos de los nobles. Aloys, había coincidido alguna vez con alguno de ellos. Pero casi nunca repetían. Él podía permitirse el lujo de pasar allí media mañana y a quién reclamaba era al mayordomo que era quién habitualmente le encargaba el calzado para otros. Los sastres, los demás zapateros, los peleteros o incluso los joyeros bastante tenían con estar en el taller cosiendo, repujando, o engarzando como para perder el tiempo en ir a reclamar una deuda que habitualmente no cobraban. Era injusto y estaban muy cabreados, pero, en cierta manera, ya asumían que algunos de sus primeros encargos nunca los iban a cobrar.

Lo que Aloys se encontró al doblar la esquina que daba acceso a los jardines que mecían la fachada principal del Palacio cardenalicio, no se lo esperaba. Había oído rumores de que la situación se le estaba yendo de las manos a la corona, pero no creía que fuera tan grave. Al llegar a los primeros árboles se encontró con una gran multitud que, en procesión, iban de sur a norte, llegaban al final de los jardines y volvían en sentido contrario. A la cabeza de la procesión, cuatro caballeros vestidos de negro, con sombreo de copa, portaban a hombros un ataúd. La multitud que les seguía, la mayoría también de riguroso luto, cantaban salmos propios de un funeral. Aloys no se atrevía a cruzar el parque y permanecía apoyado en el tronco de uno de los grandes álamos que en fila india marcaban una hilera paralela a la fachada principal del palacio Real.

En uno de los pases, alguien le llamó por su nombre. Era Chestirad, un apuesto joven estudiante, hijo de un joyero de Berna, que vivía junto a la casa y taller de los Aloys. Le dijo que se uniera a la marcha. Llevaban tres días allí dando la murga. Había oído comentar que la reina María Antonieta, al verlos allí concentrados mientras degustaba una taza de té, preguntó a Turgot, quién había sido controlador general de finanzas qué era lo que reclamaba tanta gente en los jardines de palacio. Turgot, simplemente dijo “Majestad, tienen hambre” y la reina contestó: “pues que coman pasteles”y soltó una gran carcajada que acabó derramando la infusión por el suelo.

Mientras hablaban, la comitiva se paró porque un mensajero se acercó a los que portaban el féretro. Uno de ellos, se dirigió a la multitud y les dijo que en el Hotel de los Inválidos les esperaban 30.000 fusiles. Todos emprendieron la marcha hacia allí. Aloys les seguía rezagado y veía como a su paso por las calles de París, se les iban uniendo más manifestantes. Algunos portaban antorchas encendidas. Otros grandes cuchillos de trabajo. En uno de los cruces de la Rue des Capucines, un cochero esperaba a su señor. Le hicieron bajar de la carroza y con una de las antorchas le prendieron fuego. El noble que en ese momento se disponía a subir a la cabina, asustado, salió corriendo a buscar refugio. Al encontrarse con una cuadrilla de soldados, cuando les dieron el alto, les rodearon, les quitaron los fusiles, les desnudaron y les hicieron correr sin ropa calle abajo. A otro cochero le pararon en plena carrera, echaron de malos modos a la dama que se sentaba dentro y lo mismo que al anterior, acabaron prendiéndole fuego al coche, no sin antes haber desuncido a los caballos y haber tomado sus riendas.

Cuando llegaron al hospital militar dónde estaban las armas, las repartieron y alguien propuso que se dirigieran a la fortaleza de La Bastilla dónde había centenares de barriles de Pólvora. Al llegar, y tras un par de intentos de asalto que fueron reprimidos con disparos por la guarnición, la multitud se juntó como una piña y caminaron todos juntos, pegados al muro, por la calzada que salvaba el foso y acababa en las tres grandes puertas de la fortaleza.  A las cinco de la tarde se abrieron las puertas. La multitud celebró el triunfo prendiéndole fuego al castillo, símbolo de la represión real.

*****

La Gota china

Dice un refrán castellano que no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos. Parece que todos estamos de acuerdo en eso. Pero como en todo, luego vienen los peros. Hay quién cree que romper los huevos está justificado, única y exclusivamente cuando la tortilla es francesa o son huevos revueltos. Si es española entonces al huevo hay que dejarle en paz. Hay quién cree que está bien romperlos para hacer una tortilla porque es lo que les gusta y, sin embargo, califican de asesinato de polluelos hacerlo para meterlo en una sartén con abundante aceite caliente. Porque a ellos, no les gustan los huevos fritos. Hay quién cree que si los huevos son de gallina está bien, pero que si lo son de codorniz, es un delito ecológico porque esos pobres pájaros deberían estar libres en el campo y no en una jaula poniendo huevos. Y por último, hay quién considera punible el hecho de romper un huevo para que, quién se va a comer la tortilla, sacie el hambre y sin embargo, no le preocupa que esta persona lleve sin comer varios días porque no tiene con qué ganarse el jornal para comprar otra cosa que no sean huevos.

Dicen los que se envuelven en la bandera que todo lo tapa, que la violencia es siempre injustificable.  Y lo dicen mientras se fuman un Farias en un espectáculo dónde a un toro le cuelgan varios rehiletes, clavados en su morillo, y el sol hace resplandecer la sangre que le sale del testuz y le recorre el cuello y la panza. Claro que el toro no sufre. Las arcadas de sangre las da el animal porque le gusta ser torturado. Ha «nasío» para eso.

Esos mismos que llevan la bandera a la vista, dicen que la violencia es siempre injustificable. Mientras, pagan al fontanero en B, camuflan al fisco la mitad de sus ingresos y creen que la propiedad privada es el mayor derecho que existe, pero si pueden quedarse con un piso subastado por un banco a la mitad de precio, procedente de un desahucio en el que el propietario era avalista de un préstamo del que se han devuelto las tres partes, no lo dudan porque es un negocio redondo. Que el BBVA le regalara 10,2 millones a Villarejo por sus «informes» mientras le clava 180 euros por mantenimiento de cuenta al pobre desgraciado que cobra el ingreso mínimo vital porque no tiene dónde caerse muerto y solamente se lo pagan a través de una cuenta bancaria, eso, el español de banderas no lo considera violencia. Que el viernes 5 de marzo Caixabank dejara en la calle a una familia de Carabanchel, dos días después de haberlo intentado y sin notificación del juzgado, mientras en diciembre refinanciaba 230 millones que A3media debía a esa entidad bancaria, eso, el español de bien enfundado en su bandera, no lo considera violencia. Que luego A3media te meta en la cabeza que te vas a la compra y cuando vuelves te han quitado la casa unos perroflautas que viven de las subvenciones que les da el coletas, no es violencia, sino información. Las mentiras, los falsos reportajes sobre ocupación o como el viernes sobre la Cañada Real, eso no es violencia. Los que sufren quedarse en la calle sin techo que les proteja o ver como se estigmatiza a todo el asentamiento por una zona mínima de infraviviendas que en 14 kms supone apenas un 2 % del vecindario, no están violentados. Que la policía de Madrid acuda en masa a desahuciar a ciudadanos y cuando ha logrado el desalojo fuera de todo sentimiento de culpa, de toda sensibilidad y de todo el dolor que está sufriendo la familia que se ha quedado en la calle y que se encuentra a dos metros, se echen unas risas, tampoco es violencia.

Que los consejeros de las grandes eléctricas se repartieran 32 millones de euros (un 5 % más que en 2020), mientras consumíamos más energía y la mayor parte de nosotros nos quedábamos en el paro a causa de la pandemia, para los que se envuelven en la bandera que todo lo cura, no es violencia. Como no lo es que los sinvergüenzas de las puertas giratorias que privatizaron esos servicios que eran nuestros se hayan llevado 4 millones de euros el año pasado en salarios de los Consejos de Administración que privatizaron.

¿Y qué decir de que la ex-Ministra de Justicia se convierta en Fiscal General del Estado y que se reúna fuera de su despacho con el viudo con gafas, y el capo de la Sexta, a escondidas, con su ex-novio el ex-juez de los cierres de los periódicos vascos, que luego fueron declarados nulos, y que ahora es abogado de un gran despacho con intereses en el caso, y días después de la comilona una de las empresas de tito Floren, se salve de las querellas de la fiscalía en el caso de las residencias de ancianos? ¿Y que la misma señora, se reúna también en secreto con el mayor fabricador de Fake news y su colega Manuel Cerdán el mismo día en que Villarejo salía de la cárcel? Eso para los que todo lo tapan con la bandera no es violencia. Pero a los demás nos huele tan mal que nos incita a ella, aunque seamos responsables y acabemos tragándonos los sapos.

La violencia no es exclusiva del chaval que harto de no tener futuro, de ver que la vida es para cuatro indecentes, corruptos y poderosos que actúan constantemente con impunidad y bajo la protección de los que deberían protegerlos a ellos y sin embargo acaban moliéndoles a palos, o acaban arrancándoles un ojo con un pelotazo, le prenden fuego a un contenedor. La violencia psíquica es mucho peor que la física que se cura en cuanto desparecen los moretones. La otra, la psíquica, permanece y se acumula hasta que un día rebosa y convierte al violentado en un animal que se siente acorralado y explota.

Tenemos la desgracia de estar no sólo desinformados, sino de que “nos vendan” manipulación informativa por intereses económicos y políticos, como los panegíricos de pseudoexpertos en el mercado mobiliario que en realidad son representantes de los grandes portales de arrendamiento y, por tanto, no son aseveraciones reales, sino opiniones interesadas, o las manipulaciones sobre los cortes de luz en la Cañada Real o los falsos ocupamientos de primera y segunda vivienda (imposibles por ley), como información veraz. Cuando se busca más la foto de un contenedor ardiendo que la multitud pacífica, cuando lo que importa destacar es el hecho aislado de un fuego o de la rapiña del listo de turno, que las causas de las manifestaciones, cuando se omiten esas entrevistas clandestinas de la fiscal del estado con las cloacas, se está ejerciendo violencia psíquica contra los necesitados, contra los que claman libertad y contra los que se “encienden” cuando se pagan 3.600 euros en dietas a los escoltas de personas que no sólo viajan por capricho sino que además aprovechan el viaje para cabrear más al personal poniéndose la vacuna que a los demás nos niegan porque no ha llegado nuestro turno (eso dicen).

Cuando esa prensa convertida en los nuevos cortesanos que arrullan las tropelías reales y se empeñan en ensalzar lo que no existe, les dicen a sus oyentes y lectores que el rey ha sido obviado en su visita a la fábrica de Martorell, por las autoridades catalanas, y olvidan adrede que hace unos meses se les pidió a los empresarios residentes en Catalunya que se llevaran sus industrias a otra parte del estado, se está manipulando al ciudadano en general y se está creando violencia contra los que tienen memoria y contra los catalanes repudiados el 1-O.

Cuando esa prensa ni siquiera se hace eco de las causas reales de las prohibiciones de las manifestaciones del 8M, frente a las permisivas de los fascistas, cuando no se preguntan si la prohibición es para es evitar los enfrentamientos entre feministas y entre los sectores de Podemos y el PSOE, cuando ni siquiera se han dado cuenta de que, en realidad el más interesado en que no hubiera manifestaciones ha sido el propio gobierno que cede ante el chantaje de personajes impunes e incapacitados como la presidenta de Madrid, porque saben que no habiendo manifestaciones no podrán manipular las cifras del aumento de contagios por la permisividad de la vida nocturna de turistas franceses en la noche madrileña, para echarle la culpa al 8M como ya hicieron el año pasado. Ahí también están creando violencia en muchas feministas que se ven como se les trata con diferente rasero que a los de la bandera rojigualda.

Escuchaba ayer en una radio que los Homo Sapiens estamos aquí frente al Homo neanderthalensis, porque nosotros tenemos la capacidad de socializar y ser más abiertos y empáticos. Si eso es así, estamos llegando al punto en que los Neardenthales desaparecieron.

La violencia, es como la energía, que sólo se transforma.

Salud, feminismo, república y más escuelas públicas y laicas.

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4 Comentarios

  1. Buen artículo. Todavía más: es el primer articulista que veo que utiliza la expresión «gota china» en su contexto. Señal que es una persona que ha leído. Los que hablan y escriben de oídas dicen «gota malaya». Y no: es bota malaya. También conocida como «bota española»

  2. Gran, grandísimo comentario de un hombre que, sabe lo que dice y dice lo que debe. Creo que está todo escrito y dicho con este comentario. Gracias Sr. Ausín.
    Después de esto solo cabe mirar a las «Cortes» y exigir que hagan de una pu.. ,vez la Constitución que el ciudadano necesita. Que dejen de mirar un fuego que solo es la luz necesaria para alumbrar el camino que nos niegan.

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