Es lamentable lo que ha sucedido en el Gran Premio de Canadá 2019. Lamentable y repugnante.

El abucheo del público lo inundaba todo. El público, se olvidan los muy imbéciles del público. Imbécil significa falto de inteligencia. Y así ha sido hoy la decisión de los comisarios de la FIA al quitarle la victoria en una carrera más que merecida -que me da igual- necesaria a Ferrari. Imbécil, una decisión imbécil.

Se representa a la justicia utilizando dos platillos, pero en los platillos -señores magistrados- hay que poner también los efectos colaterales del juicio o decisión.

Por si alguien no lo sabe vamos a recordar aquí lo sucedido en el Gran Premio de Canadá, como sigue:

Sebastian Vettel, piloto de Ferrari, ha cometido un error de pilotaje (otra vez, pero eso también da igual) y al volver a la pista ha arrinconado a Hamilton que iba segundo detrás de él. A Hamilton no le ha pasado nada, podía seguir intentando adelantar a su rival, ganarlo en pista. A Hamilton no le ha sucedido nada, excepto que se ha encontrado con la victoria en la carrera gracias a la decisión -controvertida y discutible- de los comisarios de penalizar a Vettel y Ferrari con cinco segundos.

¿No entienden el daño que hacen a la competición, a los aficionados, al espíritu y al ALMA de la F1? Lo más importante de la ley es su espíritu: el espíritu de la norma, y la norma debe aspirar a que lo normado o legislado sobreviva, no a estrangularlo con aplicaciones literales y ridículas.

Ha sucedido infinitas veces, lo sabemos: en la aplicación de las normas o leyes. Asesinos o narcos burlones que salen absueltos al utilizar tramposa y sesgadamente las letras -siempre insuficientes- con las que se escribe la ley; el reglamento en el caso que ahora nos ocupa.

La Fórmula1, que está en franca decadencia pues ha perdido su espíritu salvaje al conjurar casi de modo absoluto la amenaza de la muerte, la Fórmula1, repetimos, necesita ALMA, al menos ALMA, y en Canadá los comisarios, ramplones mediocres chupatintas, han escupido sobre el ALMA DE LA F1. No han castigado a Vettel, han castigado a Ferrari, y Ferrari es el corazón rojo de la F1.

Esperemos que La Escudería sepa reclamar y sea escuchada. Y desde aquí, desde LAS ALMAS Y LA F1 de Diario16 exigimos que se devuelva a los aficionados lo que es suyo: el triunfo de Ferrari en la séptima carrera del mundial. Exigimos. Punto.

Hay que poner todas las consecuencias de las decisiones en los platillos de la justicia, no sólo las letritas de un reglamento que, por definición, no podrán ser perfectas jamás.

¡Justicia para la afición y los fans! ¡Justicia para Ferrari! ¡Menos imbecilidad y más pensar! Por favor.

Tigre tigre.

Daniel Ricciardo luchando por su sonrisa

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