El escritor Arturo Barea. Foto: BBC.

Las casi 400 páginas que completan la monumental introducción de Francisco Caudet a la edición de Cátedra en un solo volumen que por primera vez se edita ahora de La forja de un rebelde, del pacense de nacimiento y madrileño de adopción Arturo Barea, es en sí una obra de referencia sobre el estudio de una de las novelas claves de la literatura española del pasado siglo veinte.

Barea apenas vivió los dos primeros años de su existencia en su Badajoz natal durante los últimos años del siglo XIX. El hambre y las necesidades obligaron a toda su familia a emigrar a la capital del reino en busca de una prosperidad que se les negaba. Como cuenta Caudet en la introducción a esta trilogía histórica de las letras españolas, “la tragedia de España, inmersa en una dinámica de autodestrucción, no otra cosa es una guerra civil, reabría la herida de la permanente lucha de su madre y hermanos con la pobreza. Era aquélla una guerra que España, entonces un país pobre, sumido en el subdesarrollo, no se podía económicamente permitir. Había esa doble pobreza, la de la familia de Barea y la de España, que se entrelazaban y hacían, más dolorosa si cabe, la herida que la guerra había convertido en doble herida”.

Esta dualidad entre la pobreza y el dolor familiar por superar el ambiente de necesidades y el espejo que esta estampa concreta veía reflejada en el conjunto de todo el país sobrevuela en todo momento La forja de un rebelde. Así lo certifica también el autor a cargo de esta edición de Cátedra. “Sin esa interpolación de lo privado y lo público, de lo particular y lo general, las novelas de La forja de un rebelde apenas tendrían relevancia”, apunta Caudet.

La forja, La ruta y La llama son las tres patas en que descansa una trilogía fundamental para entender, aún hoy, a un país entero, sumido en un bucle incesante de eterno retorno

La forja, La ruta y La llama son las tres patas en que descansa una obra monumental, fundamental para entender, aún hoy, a un país entero, sumido en un bucle incesante de eterno retorno debido a la aplicación más visceral del cainismo más primitivo y simplista. Entonces y hoy mismo la historia se repite, y basta leer aplicadamente La forja de un rebelde para saber qué fuimos y sobre todo por qué seguimos siendo como somos.

Barea confesaba haber trasladado numerosos episodios autobiográficos a su obra en su deseo de reflejar la vida tal y como la veía, vivía e intuía entonces. “Y registrar al mismo tiempo la historia de mi adaptación a aquella vida”, concluía Barea.

Esta recuperación de la obra cumbre de Barea se antoja en la actualidad más necesaria y oportuna que nunca, a la vista de acontecimientos recientes que hacen retrotraernos la mirada hacia un pasado no tan lejano que también barruntó nubarrones en el horizonte y nadie supo o quiso capear el temporal a tiempo.

Exiliado a Inglaterra tras el fin de la guerra civil hasta su muerte en 1957, Barea publicó por primera vez las tres partes de su obra cumbre en inglés entre 1941 y 1946, aunque la escribió en español originariamente. La traducción al inglés fue llevada a cabo por su esposa. Hasta 1951 no vio la luz por primera vez en español en Buenos Aires. Hasta 1978, con la democracia ya instaurada de nuevo, no pudo ser publicada en España. Cuatro décadas después, su inconmensurable mensaje sigue plenamente vigente.

 

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre