Para nadie es un secreto que el mundo del arte discrimina a las mujeres. ARCO ha sido en cada una de las sesiones un claro ejemplo de ello. Tanto es así, que en la presente edición todo son felicitaciones por haber alcanzado el 32% de participación femenina. Un porcentaje muy bajo ante la igualdad real que claman las artistas. Y más si se tiene en cuenta que esa representación de mujeres artistas es, especialmente, de creadoras internacionales, pero apenas española.

 

Mucho de esto se sabe en la Asociación de Mujeres del Arte Blanco, Negro y Magenta. La ex presidenta de la entidad, Concha Mayordomo, explica a diario16.com que “pese a que el porcentaje de mujeres artistas ha mejorado este año, sigue sin ponerse en valor el trabajo de muchas de las artistas que llevan haciendo excelentes obras desde hace décadas”.

A juicio de la retratista Mayordomo, “ARCO sería una una buena oportunidad para descubrir a artistas que, por falta de difusión, no se les conoce suficientemente”.

En este sentido, explica que “en mi caso concreto, y por poner un ejemplo, he tenido la oportunidad de conocer la obra de argentina Lilina Maresca que ha sido una gratísima sorpresa”.

Galerista

Visión parecida tiene la artista y ex galicista Mareta Espinosa, quien confirma a Diario16 su “reivindicación a las artistas españolas en una feria que se celebra en España”.

Lamenta en, este sentido, “no haber visto en muchas ediciones de ARCO a mujeres artistas tan importantes como Ángeles San José, Esther Pizarro, Concha Jerez o Pilar Albarracín”. Por ello, insiste en que “hay que pensar que se ha mejorado algo la participación femenina, pero no parece que de las españolas”.

Uno de los motivos por el que se discrimina a la mujer en el arte, según explica Mareta Espinosa, es “por el coleccionismo fundamentalmente, que piensa que la mujer no es rentable”.

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Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

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