“La Esclusa” (John Constable).

La semana pasada, en el texto titulado “¿Sacrílego, irreverente, iconoclasta?”, analizaba los efectos y las consecuencias de la crisis económica que nos ha atenazado y nos sigue atenazando. En la conclusión, hacía una propuesta que podría ser tildada de insensata, de irreverente, de sacrílega y de iconoclasta por los “todólogos” (esos tertulianos que gozan del don de la ubicuidad y que le hincan el diente a cualquier tema en esos reality show que son, en general, las tertulias radio-televisivas) y por los partidarios de “lo políticamente correcto”.

A pesar del tiempo transcurrido desde el 2007, la crisis sigue ahí y sus efectos (paro, déficit, deuda, etc.) parecen haberse convertido en crónicos. Y, como consecuencia de ello, el reino de España ha tenido que morder el polvo de la ayuda europea —“condicionada” y envenenada— para rescatar el sistema financiero español. Y, según las buenas o malas lenguas, aquello fue un rescate en toda regla, con todo lo que ello implica de pérdida de autonomía o de soberanía y de nuevos sacrificios para los de siempre, el pueblo llano.

Hoy quiero volver sobre la conclusión del precitado texto para ejemplificarla y reiterar mi argumento sacrílego, irreverente e iconoclasta con el fin de evitar o mitigar la angustia vital de la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles. Para ello, voy a comparar y contrastar lo que ha hecho la “familia Cervera-Thyssen” con lo que podría hacer y no ha hecho ni piensa hacer la “familia España”.

Tita Cervera-Thyssen ha sido y es uno de los personajes más mediáticos de la España reciente, sobre todo a partir de su matrimonio con el Barón Thyssen y de sus inquietudes, intereses e inversiones pictóricas. El patrimonio de Tita Cercera es muy importante. Sólo su patrimonio pictórico, que la Baronesa tiene cedido al Estado español desde hace 30 años, ronda los 800 millones de €. Ahora bien, según la propia señora Tita Cervera-Thyssen, “la crisis también es para los coleccionistas de arte” y ella, en 2012, tuvo falta de liquidez y se encontró sin cash. Por eso, no podía hacer frente a los gastos corrientes para mantener su particular estado de bienestar: mansiones, barco, coches, personal de servicio y un largo etcétera. Y en consecuencia, se vio obligada, con gran pesar y mucho dolor en el alma, a desprenderse de una de las joyas de su colección de pintura. En efecto, el 3 de julio de 2012, la casa Christie’s de Londres subastó el cuadro “La Esclusa” (cf. foto ut supra), de John Constable, por la bonita y tentadora suma de 24,8 millones de €, limpios de polvo y paja.

Ante la falta de liquidez, Tita Cervera-Thyssen se vio obligada a desprenderse de algo muy querido, aunque esto le produjo una enorme tristeza y un desgarro interior, para poder mantener su nivel de vida. Es algo lógico, razonable y de sentido común. Tita es una persona humana más y se comporta como el ciudadano corriente y moliente que, encontrándose en la misma situación (falta de liquidez), empeña o vende las alhajas o los objetos de valor o parte de las propiedades para hacer frente a los gastos corrientes, absolutamente necesarios y vitales. En conclusión, con el ingreso de los precitados 24,8 millones de €, la familia Cervera-Thyssen pudo sortear los momentos difíciles que estaba viviendo y esperar una nueva época de vacas gordas.

Pensemos ahora en la “familia España”, dirigida y gobernada (habría que decir, más bien, desorientada y desgobernada) por una casta política incompetente, corrupta y cleptómana, que ha salido del “todo a cien de los partidos”. A causa de esta casta dirigente, la “familia España” ha creído que todo el monte era orégano, ha gastado más de lo que ingresaba y ha despilfarrado recursos que, para más INRI, pedía prestados. Ahora bien, desde hace unos años, se ha caído del caballo, como Saulo camino de Damasco, y se ha dado cuenta de que la época de las vacas gordas había terminado y que estaba metida de hoz y coz en una época de vacas flacas, agravada hoy con la pandemia del coronavirus, cuyo final no se vislumbra en el horizonte. Y, además, el camino para salir de este atolladero está erizado y lleno de zarzas y espinas, y recorre un larguísimo valle de lágrimas, que parece no tener fin y que ha convertido la vida de millones de ciudadanos españoles en un sinvivir: recortes y más recortes, impuestos y más impuestos, pérdida de derechos y más pérdida de derechos,… que están provocando la destrucción sistemática y concienzuda del Estado del Bienestar, y llevándonos a la ruina personal y colectiva.

A pesar de todos los sacrificios exigidos hasta ahora a los ciudadanos españoles (recortes sin cuento, impuestos depredadores) y a pesar de los sacrificios que se van a exigir en la presente legislatura, la situación no tiene visos de mejorar sino todo lo contrario: el gasto público va a aumentar, habrá nuevas subidas de impuestos, el paro y las condiciones de vida de los ciudadanos se agravarán aún más y se les exigirán nuevos sacrificios. Ahora bien, todo esto sólo puede degradar aún más el bienestar y la vida de los ciudadanos y convertir ésta en un potro de tortura y en un auténtico valle de lágrimas.

Por eso, para evitar los dramas y las angustias personales, familiares y sociales de cada vez más millones de ciudadanos, y para poner freno a la degradación definitiva y al colapso irreversible de nuestro Estado de Bienestar, creo que ha llegado el momento de seguir el ejemplo de la familia Cervera-Thyssen y de los ciudadanos normales y corrientes, que se han desprendido de objetos de valor, muchas veces con un gran valor sentimental, para hacer frente a la falta de liquidez.

La familia España (i.e. el Estado español) es poseedora de un ingente y variado patrimonio artístico y cultural. Ante los dramas y las graves dificultades de millones de ciudadanos, provocados por una casta política incompetente, corrupta y cleptómana, a la que hay que exigirle responsabilidades (no se puede ir de rositas), ¿no creen Ustedes que ha llegado el momento de que España se desprenda de una parte de su patrimonio artístico, como lo hizo la baronesa Thyssen y también lo ha empezado a hacer Italia con edificios emblemáticos (El País, 13 de agosto de 2012)? Como me preguntaba en otro lugar, ¿es legítimo, razonable y ético pasar hambre y/o tener frío y/o ser y estar abandonado en el otoño de nuestras vidas y/o morir formando parte de una lista de espera sanitaria, y/o…, y/o… mientras contemplamos en las paredes de nuestro salón, España, obras de Picasso, de Velázquez, de Goya, de Murillo, del Greco,…, de incalculable valor, que pueden sacarnos de apuros?

Creo sinceramente que primero son las personas y la satisfacción de sus necesidades vitales (no hablo de vicios o caprichos o falsas necesidades) y a esto debe de estar subordinado todo lo demás, que viene después. ¡Seamos razonables, seamos sacrílegos e iconoclastas, seamos políticamente incorrectos, seamos…! ¡Sigamos los pasos de la familia Cervera-Thyssen! Pero, ¡exijamos también responsabilidades a la casta política, responsable de lo que está sucediendo!

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