jueves, 21octubre, 2021
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La estancia: Shakespeare frente a Marlowe, un duelo teatral de genios e ingenios

Título: La estancia. Autor: Chema Cardeña. Dirección: Jesús Castejón. Intérpretes: Javier Collado y José Manuel Seda. Escenografía: Alfonso Barajas. Música original y espacio sonoro: Luis Delgado. Vestuario: El Matrimonio Secreto. Iluminación: Juanjo Llorens. Producción: Salvador Collado.

Antonio Illán Illán
Escritor. Licenciado en Filosofía y Letras. Catedrático (jubilado) de Enseñanza Secundaria de Lengua Castellana y Literatura. Ha desempeñado diversos puestos en la Administración. Tiene publicaciones de poesía, narrativa y ensayo. Colaborador cultural en medios de comunicación (prensa, radio y televisión), con más de 2.000 artículos publicados. Crítico de teatro en el diario ABC Castilla-La Mancha.
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Madrid es una ciudad multiforme y heteróclita. Una de sus esencias universales es la cultura. Las calles también son el perfecto escenario. La Fundación Siglo de Oro ha puesto en marcha FIESTA CORRAL CERVANTES en pleno corazón de Madrid, junto a las casetas de los libreros de la Cuesta de Moyano. Este espacio escénico circunstancial para el verano ofrece propuestas para toda la familia, donde el Siglo de Oro es el gran protagonista, y donde podemos encontrar montajes teatrales de textos clásicos, textos contemporáneos inspirados en la época, conciertos de música barroca, improvisaciones sobre textos, talleres y otras actividades culturales.

En este espacio se ha estrenado en Madrid (ya lo había hecho en provincias) La estancia, obra de Chema Cardeña producida por Salvador Collado.

El autor, Chema Cardeña, es un hombre de creación y pensamiento y lo es también de acción: idea, estudia, escribe e interpreta. Le apasionan la figura y las obras de Christopher Marlowe y siente fascinación por Willian Shakespeare. Sobre estos dos personajes, tan parecidos que eran confundidos por la gente, sobre lo poco que se sabe de su historia y lo mucho de su leyenda, sobre las relaciones de todo tipo entre Shakespeare y Marlowe, ha escrito La estancia, una pieza teatral moderna, densa, equilibrada, llena de intriga, con reflexión y humor, rica de lenguaje y entretenida de principio a fin, con un ritmo trepidante.

En el origen de la trama de La estancia se encuentra la especulación, sostenida por muchos, de las relaciones personales y literarias entre Marlowe y Shakepeare. La intriga, el parecido físico que podía llevar a equívocos y las traiciones egoístas entretejen algo más que un discurso de creadores. Según esto (aunque no hay documentación que lo verifique), Marlowe, por razones de seguridad y fingiendo su propia muerte, huyó de Inglaterra y cambió su identidad; él sería el autor de buena parte de la producción literaria de Shakespeare, al que se suele considerar como un “cómico aventurero”, que no dudó en convertirse en hombre de paja del autor verdadero a cambio del éxito económico. La verdad es que los espacios de oscuridad en las biografías de estos personajes históricos favorecen el que sea posible elucubrar sobre ellos sin que se puedan perfilar con verosimilitud sus vidas en el evanescente universo en el que se desenvuelven. Ese universo de ambigüedad le sirve a Chema Cardeña para trazar un discurso teatral en el que los personajes se van a batir como si lo hicieran con un estoque.

Con estos cimientos argumentales se estructura la obra como un duelo dialéctico entre las dos figuras, en el que sale a relucir la vida de ambos, con un acendrado protagonismo del dandy, atrevido, vividor y bardaje Marlowe, que, mirándose al espejo, quiere ver en Shakespeare su otro yo más natural, más de la calle, más verdad, más primario, pero igual de ambicioso. No en vano, el autor hace en la pieza continuas referencias al espejo, casi como un tema recurrente, para unificar las dos personalidades en una, como si Marlowe y Shakespeare fueran el uno reflejo del otro (que lo eran por su parecido físico, algo que es determinante para el desarrollo de la acción). El juego teatral sirve para urdir un nudo y un desenlace que dejan al público con la duda de si lo que parece en la obra pudo ser en la realidad. La farsa se disfraza de verdad ¿o acaso es al contario?

El título de la obra, La estancia, hace referencia al refugio de Marlowe, espacio en el que se desarrollan los encuentros humanos y dialécticos entre dos personalidades aparentemente antagónicas, aunque con identidades muy similares, como nos quiere mostrar el autor en el desenlace, donde, por encima de la amistad, aparece el interés y la traición.

La pieza es compleja en su composición, pero muy grata para el público al que le gusta la palabra y el enfrentamiento dialéctico; y es un verdadero “bocatto di cardinale” para los actores, aunque tienen que hacer un trabajo ímprobo para sacar adelante texto y gesto con un dinamismo que no da opción ni a respirar.

Los personajes están perfilados con precisión milimétrica. El de William presenta un desarrollo evolutivo: desde la ingenuidad y la admiración iniciales por el maestro Marlowe, hasta la ambición desmedida que le lleva a traicionar a su amigo y amante. Se muestra tosco, patán, provinciano, rural, ingenuo, inexperto y casi víctima, pero sabe lo que busca. Enfrente, perfectamente definido de principio a fin, Marlowe es creador imaginativo, refinado, culto, cortesano, intrigante, espía, experto mundano, apasionado, provocador y casi (o sin casi) un corruptor de costumbres y modos sociales.

Estos dos mitos de la cultura inglesa enfrentados con una gran fuerza y verosimilitud es lo que nos frece el magnífico e imaginativo texto de Chema Cardeña. Palabra y acción, donde la fisicidad juega un papel importante y el cuerpo a cuerpo es la encarnación de la lucha entre dos concepciones distintas del mundo, del arte, de las relaciones humanas, de la amistad y del amor y, también, de las concesiones que a veces hay que hacer para conseguir lo que se pretende. Estos engranajes entre el amor, la pasión, la intransigencia, lo que se ve y lo que se intuye, están perfectamente urdidos y puestos en bandeja de plata para servir en el escenario.

La estancia es un juego teatral auténtico que rezuma vida y que no da respiro al público, siempre el espejo, yo tú, tú yo, donde quien ahora es víctima luego puede tornarse en verdugo.

Puestos a reflexionar, no es solo cuestión de quedarse en la anécdota, que, por sí sola, te hace pasar un buen rato, sino apuntar lo que se ofrece de otros temas como: la concepción del arte, la poesía, la rivalidad entre escritores, las servidumbres de los artistas a los poderes fácticos…(la sátira a la reina de Inglaterra es enormemente descarnada y cruel pero tremendamente ilustrativa de las costumbres). Asimismo, el autor deja caer tópicos inmutables de la historia de España, como los de la Armada invencible (vencida, según se afirma de manera sarcástica, por la halitosis y la pestilencia de la reina inglesa).

Lo escrito sobre la pieza teatral tiene su importancia, pero lo relevante y lo que determina el verdadero arte teatral y logra el éxito es la interpretación. Javier Collado ha bordado un Christopher Marlowe con muchas caras y actitudes, lo que le ha obligado a cambiar de gesto, de registro, de voz y de actitud, demostrando su capacidad, inteligencia, sensibilidad y estética para interiorizar el personaje y darle el matiz oportuno en cada momento. José Manuel Seda ha perfilado un Willian Shakespeare complejo y con la necesidad de dotar al personaje de una evolución psicológica (o una impostura) evidente a lo largo de la obra (no en vano el tiempo de este viaje cambiante con Marlowe dura cinco meses), lo que ha hecho excelente su labor y ha demostrado su naturalidad y versatilidad. Los dos actores han desarrollado una capacidad creadora evidente en la conformación de sus personajes, a los que han dotado de alma y han hecho sentir la vida. El suyo ha sido un duelo de genios y de ingenios con una magnífica interpretación

Jesús Castejón ha realizado un excelente trabajo de dirección muy rítmico con los mimbres de que disponía: un texto con muchas virtudes y dos actores con mucha profesionalidad.

La propuesta escenográfica, la imprescindible en un espacio de reducidas dimensiones, sirve para evocar una buhardilla, en la que unos personajes hablan, escriben, se miran y atisban lo que hay tras la ventana, pelean, se visten, fuman o se acuestan. La música de fondo hila emociones y los figurines ayudan a dar carácter a los personajes.

Los espectadores que acudieron al estreno aplaudieron con gana se hacía lengua en las terrazas de Moyano, con un vino en una mano y un libro en la otra, muy especialmente sobre el trabajazo de los dos actores. La obra va a estar un mes en cartel en este sitio tan singular y tan popular. Quienes andéis o vengáis por Madrid daos una vuelta por Moya y no os la perdáis.

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