Primerísimo primer plano cargado de intención.

Llegó la esperada entrevista a Aznar. Y lo que no logró Jordi Évole con sus preguntas; y repreguntas menos incisivas de lo necesario, lo logró la cámara: Retratar al monstruo que ayudó a legitimar una guerra injusta y que, posteriormente, participó de la manipulación informativa que hizo el Partido Popular sobre la autoría del 11-M, el terrible atentado perpetrado en el corazón de nuestro país. Aznar aparecía como en un cuadro de Caravaggio en el que la oscuridad acostumbra a ser la protagonista. Esa oscuridad del alma que se sabe culpable de liderar una organización cuya estructura es  propia de una organización criminal, pero que es capaz de pasear impune ya sea en una boda de postín, ya sea en una conferencia del laboratorio de ideas de la derecha: la FAES.

Sacado de una pintura de Goya

Pero los realizadores de la entrevista se atrevieron a ir un paso más allá de la intencionada iluminación y lograron mostrar, más aún, la decrepitud moral del personaje. Fue gracias a un inusual encuadre que mostraba en un primerísimo primer plano la nariz, los ojos y la boca de Aznar. Se desfiguraba, entonces, la cara del expresidente hasta convertirse en un rostro sacado de una pintura negra de Goya. Y, ahí sí, pudimos ver de forma más clara al monstruo. Y entonces ya no necesitamos preguntarle si ¿Fueron las víctimas del 11-M el precio que pagamos por permitir la invasión de Irak?

Vivir con monstruos

En Inglaterra se llevó a juicio juicio a Tony Blair, otro de los miembros de aquel implacable equipo bautizado como El trio de las Azores. Aquel elenco formado por Blair, Aznar y Bush que aseguraron que habían armas de destrucción masiva donde no había más una población vulnerable. Pero en este país a los monstruos no se les trata demasiado mal. Hace menos de una semana que se retiraba la última estatua del dictador Francisco Franco que había en suelo español. Uno de tantos indicios de que estamos acostumbrados a vivir con monstruos.

Obra de arte

Tenemos en españa la mala costumbre de equiparar los monstruos contra los que luchan contra ellos. Por eso asimilamos algo tan atroz como llamar golpistas a los líderes del ‘procés’ equiparándolos  a los cabecillas de una revuelta militar violenta. Aznar en eso no se corta un pelo. Del mismo modo que blanquear el fascismo y criminalizar a los antifascistas se ha convertido en una costumbre. Quizá por ese cuento de las dos Españas. Como si hubiesen dos frentes equiparables. Las preguntas de Évole quizá no lograron retratar todo lo siniestro del personaje, pero ahí estaban la luz y el encuadre. Una obra de arte que pasará a la posteridad como un retrato fidedigno de uno de los personajes más oscuros de nuestra historia reciente.

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