La educación es pública o privada. De ninguna manera es aceptable la utilización del término concertado para definir un tipo de educación. Esto es una “falacia”. La palabra concertado solo es aplicable a determinados centros de enseñanza, todos ellos privados, que por cuestiones que debían haber tenido una caducidad en el tiempo, fueron susceptibles de un acuerdo con el sistema público de educación. Esta medida, aunque se ha demostrado desacertada, estaba en cualquier caso relacionada con la universalización de la educación pública gratuita, laica y obligatoria , por tanto, nada que ver con consolidar una inyección de fondos públicos a la educación privada, ni mucho menos, con esa falsedad tan repetida, de que estas unidades concertadas pasaran a formar parte del catálogo para la libre elección de centro educativo.
Dicho esto, es importante dejar constancia de las graves consecuencias de aquella decisión del gobierno de Felipe González y sobre todo, la negligencia institucional y política a partir de ese momento, que con su aquiescencia ha permitido la consolidación de esta tremenda “falacia”. Desde la década de los 80 del siglo pasado, nunca se ha argumentado y mucho menos llevado a la práctica, ninguna de las medidas necesarias para revertir el apoyo de los centros concertados hacia los públicos.
Entrar en el debate de lo que dice o no dice el artículo 27 de la Constitución, de si sale más barata la “falacia” de la educación concertada o si la libertad de enseñanza pasa por que los padres puedan enviar a sus hijos a centros religiosos u otros privados con la financiación del erario público, es a todas luces perverso y malintencionado. Es hacerle el juego a aquellos que pretenden implantar una realidad que no es cierta. Es una fake de libro.
Lo único que sí podría ser lícito, es que el debate fuera honesto y de esta forma, poner encima de la mesa la ideológica privatización de los servicios públicos, con el objetivo final de su desaparición y/o reducirlos a la mínima expresión. Los centros concertados en educación, la gestión privada de la sanidad pública, la promoción institucional de los planes privados de pensiones, la inexistencia de vivienda pública y la consiguiente entrada de los fondos buitre o convertir en legítimo y solidario el rescate bancario, son solo algunos ejemplos de la deriva liberal conservadora. Todo ello, forma parte de un modo de entender el desarrollo social, que planteado con claridad es legítimo que algunos defiendan. Ahora bien, la aborregada masa no-crítica, tenemos que asumir las consecuencias de permitir que esto ocurra.
España, muy al contrario de ser un lugar maravilloso y ejemplar, ha consolidado unas deficiencias políticas, institucionales y sociales de una inmensa gravedad. Es un país estructuralmente muy dañado en el que la mediocridad, el mal hacer, la mentira y la falta de honestidad, se han convertido en valores que campan a sus anchas. Y es a partir de aquí desde donde hay que remar, el resto son milongas. De no ser así y como se diría en esos centros concertados católicos: “Dios nos coja confesados”.
Para rematar, no me resisto a hacer una llamada a la reflexión sobre ese cuestionable derecho que se le otorga a padres y educadores para decidir sobre la orientación religiosa o ideológica de sus hijos. Creo que nadie mejor que el inmenso poeta libanés, Gibran Khalil Gibran, ha sido capaz de llamar a las conciencias a través de sus versos:
“Vuestros hijos no son hijos vuestros; Son los hijos y las hijas de la vida; Y aunque están con vosotros, no os pertenecen; Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos; Podéis albergar sus cuerpos pero no sus almas y no busquéis el hacerlos como vosotros”.

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2 Comentarios

  1. esto ¿no se parece a imponer una ideología totalitaria y estalinista?
    ¿puede el Estado hacerse cargo del total de la educación, sanidad etc.? ¿quién lo pagaría? ¿es más eficaz?

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