Como toda migración, la caravana de migrantes hondureños que se dirigen a EE.UU., muestra en su acto la dualidad de una moneda no siempre aceptada y entendible por los diferentes sectores de la ciudadanía, y siempre aprovechada por los gobiernos para sacudir las emociones.

Por un lado, queda evidenciado que todo ser humano en una situación de necesidad y agonía, tomaría cualquier opción que lo sacara de ello, y entre esas opciones: abandonar su hogar y buscar en otro país una posibilidad para vivir, o al menos, sobrevivir. Cuando no se tiene nada, algo es más que suficiente. Mientras que, desde el otro lado de la moneda, notable y respetable, surge la desconfianza y el temor de quienes residen social y laboralmente en el país o región a ocupar por los migrantes. Los ciudadanos temen que dichos migrantes lleguen para saturar el mercado laboral, así como para colonizar espacios bastante saturados.

Esta dualidad, emocional y reflexiva, es precisamente la mercancía con la mercadea todo gobierno o todo poder, y en base a ello, promociona sus argumentos, profetizando realidades subjetivas que no cierran círculo alguno, pero que ciegan de manera alarmante, al tiempo que, proyectan enormes y violentas discusiones entre los propios ciudadanos. Este ejercicio del poder por ganar votos e imponer su ideología sacando todo el redito posible de la situación, crea con toda intención, una brecha enorme entre quienes migran y quienes residen en el territorio a ocupar, y queda la generosidad y la reflexión humana en propuestas insignificantes. Entre la agonía por sobrevivir y la desconfianza por no ser invadido de unos y otros, el poder remueve las emociones para sacar su propio provecho. Nace y se aplaude con ello todo tipo de racismo, xenofobia, marginalidad, y se incremente la violencia desmedida. La confusión del pueblo siempre fue el estadio ideal y propicio para todo poder.

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Escritor. En el 2003 publica el entrevero literario “El dilema de la vida insinúa una alarma infinita”, donde excomulga la muerte a través de relatos cortos y poemas, todas las muertes, la muerte del instante, la del cuerpo y la de la mente. Dos años más tarde, en 2005, sale a la luz su primera novela, “El albur de los átomos”. En ella arrastra al lector a un mundo irracional de casualidades y coincidencias a través de sus personajes, donde la duda increpa y aturde sobre si en verdad somos dueños de los instantes de nuestra vida, o los acontecimientos poco a poco van mudando nuestro lugar hasta procurarnos otro. En 2011 publica su segunda novela, “Historia de una fotografía”, donde viaja al interior del ser humano, se sumerge y explora los espacios físicos y morales a lo largo de un relato dividido en tres bloques. El hombre es el enemigo del propio hombre, y la vida la única posibilidad, todo se articula en base a esta idea. A partir de estas fechas comienza a colaborar con artículos de opinión en diferentes periódicos y revistas, en algunos casos de manera esporádica y en otros de forma periódica. “Vieja melodía del mundo”, es su tercera novela, publicada en 2013, y traza a través de la hecatombe de sucesos que van originándose en los miembros de una familia a lo largo de mediados y finales del siglo XX, la ruindad del ser humano. La envidia y los celos son una discapacidad intelectual de nuestra especie, indica el autor en una entrevista concedida a Onda Radio Madrid. “La ciudad de Aletheia” es su nuevo proyecto literario, en el cual ha trabajado en los últimos cuatro años. Una novela que reflexiona sobre la actualidad social, sobre la condición humana y sobre el actual asentamiento de la especie humana: la ciudad. Todo ello narrado a través de la realidad que atropella a los personajes.

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