Poco ha tardado Teddy Bautista en sentarse con la prensa, en este caso con el diario ABC, para ofrecer las consabidas explicaciones sobre su decisión, el pasado viernes, de abandonar la SGAE, después de regresar a la Junta Directiva de la sociedad de derechos de autor el pasado julio. Y su tono, más que agresivo, tiene algo de condescendiente, especialmente con la actual presidenta de la entidad, Pilar Jurado.

“Con todos los respetos para la autora y la cantante”, asegura Bautista que le dijo a Jurado durante la última Junta: “A usted le faltan los conocimientos y la experiencia para dirigir una empresa tan importante, un barco que está en medio de una tormenta y debe llevar a buen puerto. Y veo que no se incorpora al director financiero mientras se toman decisiones de orden económico y no se aprueban actas y por ello no se consolidan las decisiones…”

No dejan resultar irónicas esas palabras viniendo del hombre que, tras aupar la SGAE como una de las siete sociedades de derechos más poderosas del mundo, protagonizó la caótica y supuestamente delictiva gestión que llevó a actuar a la Audiencia Nacional, causa por la que Bautista sigue pendiente de juicio nueve años después.

Por otro lado, resulta cuanto menos curioso que Bautista dimita pocos meses después de su llegada y abogue ahora por esa intervención ministerial que él mismo considera improbable, aunque, apunta al periodista de ABC: “Lo que sí creo que puede hacer el Ministerio es considerar la conveniencia de una suspensión temporal de la licencia. Una medida que lanza un mensaje directo a los socios: oiga, la suspensión temporal se convertirá en permanente si no cumple”.

“Lo que sí creo que puede hacer el Ministerio es considerar la conveniencia de una suspensión temporal de la licencia. Una medida que lanza un mensaje directo a los socios”

Ese mensaje, sin duda, tendría que ser escuchado, obligando a reorganizar la SGAE, brindando de este modo una oportunidad idónea al antiguo presidente para volver por tercera vez a la entidad, esta vez como conveniente salvador ante la, ahora sí, debilitada facción que defiende a Pilar Jurado.

La actual presidenta, por tanto, debe estar atenta ahora a dos frentes, el que se libra en el interior de la casa y el asedio que parece prepararse extramuros. Y el problema principal, como si de la trama de una serie televisiva se tratase, es que todos los apoyos que se le presentan parecen esconder una daga a la espalda. En las últimas Juntas, Jurado ha contado con el respaldo del sector de antiBautista, a la sazón el de la trama de la ‘rueda de las TV’, que a título de imagen y de proyecto de futuro viene a ser como pactar con el diablo.

Consciente de que le lloverán las críticas de los grupos de poder mueva hacia donde mueva sus pasos, a la actual presidenta de la SGAE no le queda más que volver a la base, a los que de verdad se juegan los cuartos, los suyos, para intentar dar cuerpo a unos nuevos estatutos con los que realmente todos se sientan representados. Erradicar la corrupción –y lo que es más difícil, la imagen de corrupción-, es sin duda uno de los grandes desafíos de Jurado; el otro es convencer a los socios de que la SGAE sigue siendo útil y necesaria.

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