Corrían los años de la formalidad democrática y, sin pensarlo mucho, nuestra clase política se sacudió como pudo la caspa franquista para que no se notara en el nuevo atuendo. Sin embargo, el azul de la camisa escondida en lo más profundo del baúl había dejado una sutilísima huella en el, ahora, blanco inmaculado de la nueva prenda de vestir. Así es nuestra historia, pasado el trago de la Transición todos se sentaron a coro y ordenadamente en el hemiciclo, sede de la soberanía nacional, como se dijo y se sigue diciendo.

Pero la armonía entre presuntos desiguales duró hasta asumir cada uno su papel protagónico, pronto sería un clamor de los grupos políticos, entendidos como la izquierda progresista y no revolucionaria, comprobar el mal comportamiento de la tradicional derecha española al compararla con la europea, tanto en su actividad parlamentaria, como en sus opiniones sesgadas sobre los acontecimientos políticos. ¡Quisiéramos tener una derecha civilizada, como la europea! Se decía, con la ira contenida de los buenos modales que apelaban a la, también tradicional, mala suerte del pueblo español. Bueno, tiempo ya, nadie negará que estemos en otro momento de nuestra historia, las cosas no son las mismas para la actividad política, aunque no tanto para la social, por eso entendemos la situación propicia para fijarnos de nuevo en las derechas, sean de esta parte o de allende los Pirineos.

Bien mirado, se diría que la derecha, salvo tropiezos de última hora, son civilizadas en el amplio sentido del término, incluso que superan en titulaciones, a las que pasean por los distintos parlamentos de la vieja Europa. Hay cosas idénticas a ambos lados de las fronteras, la mayoría saben idiomas, tienen máster en reconocidas universidades de este y del otro lado del Atlántico, y presumen de preparación en disciplinas relacionadas con el quehacer político. cada cual en su propia parcela, Por lo tanto, no le encuentro sentido decir que los adversarios por la diestra tendrían que estar más civilizados para competir con discreción el juego sistémico del parlamentarismo. El tema no es baladí, entiendo que hunde sus raíces en procesos históricos de “larga duración”, como se decía antes, aunque si nos atenemos a la historia Contemporánea, el triunfo del estado liberal se ha venido perfeccionando y constituye el llamado neoliberalismo o neocapitalismo de hoy. No la tengo todas conmigo en lo que se refiere a la derecha española, pero en general, cuando hace falta sacan a Montesquieu y otros doctores de su Iglesia, como sus valedores ideológicos, aunque también saben de Maquiavelo y no olvidan el Leviatán.

La derecha, si es preciso, llegan a recordarnos que su revolución ya la hicieron hace siglos o es que, ¿no tiraron la cabeza de Luis XVI al cesto de los desperdicios? La derecha, abrace la bandera provinciana que abrace, se cree legitimada por la historia de ser los artífices del sistema que domina el mundo. Ganaron su revolución a los de la bancada de la siniestra, con “marsellesa” incluida, y están seguros de ser los vencedores, tanto de dragones germánicos como de lobos esteparios soviéticos. ¡Qué más se puede pedir! Y si acercamos el ejemplo al caso de España, sienten el orgullo de rasgar a punta de metralla el “No pasarán” de las calcinadas calles del Madrid republicano. No olvidemos que la derecha se tiene como triunfadora en todas las guerras importantes de la historia, perder una batalla les molesta, pero se sienten seguros del triunfo final, hasta han escrito ya su final de la historia. La liquidación del Antiguo Régimen facilitó la llegada del monstruo prometeico de Frankestein, llamado Capitalismo.A la derecha, le pierde la ideología que le brota hasta por los poros de la piel, pero se les nota mucho más los intereses económicos que defienden.

Aunque, en otro orden de cosas, ¿no me negarán que son los diputados a los que mejor les sienta la indumentaria parlamentaria? Son los mejores trajeaos, no tuvo que llamarles la atención ningún Presidente del Congreso, que, ¡por cierto era socialista! Y en cuanto a responsabilidad depende de lo que se entienda por civilización en estos casos. ¿O es que la civilización, los buenos modales y la pulcritud etiquetada de Armani no tienen nada que ver con la justicia social, los derechos humanos, ni la defensa de la Naturaleza? En la derecha, como en la izquierda, como en los seres humanos en general, se precisa una clara posición de partida y, la mayoría de las veces, ni la cultura ni la ciencia, por desgracia para la humanidad, las cambian. Los de derechas son sin duda, un personal ya maleado, mirando sus posibles beneficios dispuestos a presentar batalla y lo tienen muy claro, la civilización que les interesa ya la llevan en su mochila.

Me temo que cambiarán poco, además fijémonos en el tipo de derecha que corre por los pasillos de las cancillerías europeas, hasta nosotros llega el resultado de sus propuestas y de las votaciones de todos ellos. En el Parlamento que nos gobierna a los europeos, sean de pro o forzados, la derecha de uno y otro espacio no cambia tanto, ni de forma ni de fondo. Ahora que tenemos tiempo podríamos volver a cuestiones olvidadas y relacionadas con nuestra forma de vivir. Los virus se convierten en pandemias cuando no se les hace frente con total seguridad y convencimiento. Por distintos medios, los científicos están luchando hasta encontrar el método para exterminarla.

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