La curiosa comprobación de que la palabra Democracia, significante no menor si consideramos que sería el contenedor de los significados más relevantes de nuestro sistema de gobierno, solamente puede leerse una única vez en el texto de la Constitución vigente en España no presagia nada bueno. Esa escasa designación del sistema, tal vez, refleja la exacta relevancia que le asignaron los llamados “Padres de la Constitución”. No aludir a la inclusión automática de la Monarquía en su texto, subterfugio que el señor Adolfo Suarez introdujo de tapadillo, según sus propias palabras.

Por tanto, de lo dicho, se explica la soberbia contumacia de los Franco de reclamar el título del Ducado de Franco, detentado por la nieta del dictador genocida. Carmen Martínez-Bordiú Franco, nieta del dictador Francisco Franco, ha solicitado al Ministerio de Justicia recibir por sucesión el título de duque de Franco que ostentaba su madre, Carmen Franco Polo, fallecida en diciembre. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha presentado en el registro de la Fiscalía General del Estado una denuncia ante la petición. Nada hace suponer que la Casa Real lo impida, que podría.

Es decir que, si vamos siguiendo la trazabilidad de nuestra decadente calidad democrática, podríamos explicar que desde el Ministerio de Defensa se haya ordenado por segundo año consecutivo, el que las banderas ondeen a media asta, desde las 14.00 horas de Jueves Santo hasta las 00.01 horas del domingo de Resurrección en todas las unidades, bases, acuartelamientos militares, así como en la sede central del Ministerio de Defensa y las delegaciones territoriales, con motivo de la muerte de Cristo. Llegamos entonces a que la cartera de Defensa, en un comunicado, haya puntualizado que la presencia de las Fuerzas Armadas en determinados actos de Semana Santa, no entre en contradicción con el carácter aconfesional del Estado español que le atribuye nuestra carta magna. Pero hasta los ministros del Gobierno de Rajoy, llamados siempre a dar ejemplo, ponen en entredicho esa supuesta aconfesionalidad del Estado recogida en la Constitución. Cabría preguntarse entonces a quién le deben lealtad los representantes públicos, muchos de ellos pertenecientes a poderosas organizaciones ultra católicas.

El Jueves Santo cuatro ministros de este gobierno, los de Interior, Defensa, Justicia y Educación, a saber: Juan Ignacio Zoido, María Dolores de Cospedal, Rafael Catalá e Íñigo Méndez de Vigo, participaron en Málaga en los actos matinales del Cristo de la Buena Muerte, de la Congregación de Mena. Derechos individuales de profesión una profesión religiosa que nada debería tener que ver con la representatividad de sus cargos. Lo paradójico, es que se contradicen con las salvajes medidas adoptadas particularmente por este gobierno, en perjuicio de una mayoría de españoles. Todo, sin dejar de mencionar las sospechas de la utilización de los recursos del Estado para beneficio de grupos de interés alejados de la finalidad de beneficiar al conjunto ciudadano. Las manifestaciones, pese a la Ley Mordaza, no han hecho más que comenzar.

La subversión de los valores que constan en esa “norma de normas”, que invito a los lectores a repasar, que son y han sido incumplidos por los sucesivos gobiernos desde su puesta en vigor es tal, que podría ameritar el procesar a los gestores por delitos contra el Estado. Tal vez como la presunta prevaricación que supone utilizar los medios de todos para cubrir la logística de su cobertura mediática y la movilización de tropas que ha implicado está demostración de pleitesía religiosa, en un Estado aconfesional.

En tanto, buena parte de los pensionistas españoles viven en situación precaria, los Presupuestos del PP obligan a los autónomos a pagar 50 euros más al año por su cuota, el gobierno vuelve a subvencionar a los colegios que segregan por sexo, los dependientes con prestaciones concedidas pero no efectivizadas se mueren por desatención, la sanidad prosigue siendo víctima del desmantelamiento a favor de los grupos privados… es decir, podríamos hablar también de salarios miserables, abandono de la investigación científica, dilapidación de fondos públicos por sobrecostes de obras públicas innecesarias, deserción del Estado en su función de control de la salubridad alimentaria, contaminación, etc..

Recordemos lo dicho por Albert Einstein: “Mi ideal político es el democrático. Cada uno debe ser respetado como persona y nadie debe ser divinizado.”

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