La declaración del que fuera director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional con los gobiernos del PP, Eugenio Pino, ha resucitado el “caso Tándem”, ese turbio asunto que parecía dormir el sueño de los justos por el que se investigan las actividades presuntamente ilícitas del comisario José Manuel Villarejo. Pino aseguró el pasado martes ante el titular del Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional, Manuel García Castellón, que el ministro del Interior de la época, Jorge Fernández Díaz, a petición de Mariano Rajoy, le llamó para quejarse de que se estaba “tratando mal” al polémico Villarejo. La declaración del DAO apunta a que el comisario jubilado era mucho más que un simple policía para el Ejecutivo del PP y que en las altas instancias del Estado se le consideraba una especie de “hombre protegido”.

No es la primera vez que el nombre de Rajoy sale a relucir en las investigaciones judiciales sobre el caso Villarejo. Según publicó Europa Press en su edición de 6 de noviembre de 2018, Ignacio López del Hierro, empresario y marido de la ex secretaria general del PP María Dolores de Cospedal, reconoció que el ex líder del Partido Popular estaba al tanto de los trabajos encargados a Villarejo y que aprobó seguir la línea de investigación contra dirigentes populares como Javier Arenas o el hermano del dirigente socialista Alfredo Pérez Rubalcaba. En aquella ocasión, la agencia de noticias citó como fuente algunas grabaciones publicadas por el portal Moncloa.com en las que López del Hierro le aseguraba al polémico comisario, hoy en prisión, que Rajoy −al que en la conversación denominan “el jefe” de Cospedal−, “estaba de acuerdo” en que se desarrollaran las investigaciones secretas encargadas al policía retirado.

En aquella conversación entre el empresario y el excomisario se dice que Rajoy, entonces líder de la oposición, era conocedor de estas misiones en la sombra y que dio luz verde a las acciones planteadas por Villarejo. “Su jefe está de acuerdo en que se desarrolle esa línea de actuación (…) La suya y luego la de su jefe, que también le comentó el negocio a su jefe, como es normal”, llega a asegurar López del Hierro sobre el supuesto beneplácito expresado por Cospedal y Rajoy. En el audio queda clara la posición del marido de la entonces “ex número dos” del partido después de que el excomisario le pregunte si el máximo dirigente del PP aprueba las operaciones secretas.

Tras publicarse aquella grabación, Cospedal anunció su renuncia a su puesto en el Comité Ejecutivo Nacional del partido, aunque siguió manteniendo su escaño en el Congreso de los Diputados. El huracán Villarejo empezaba a cobrarse sus primeras víctimas.

Hoy, más de un año después de aquella conversación comprometedora para el PP, el fango de las cloacas que se está removiendo en la Audiencia Nacional no ha servido aún para que los antiguos dirigentes populares expliquen por qué Villarejo parecía tener licencia para cualquier tipo de actividad, incluso por encima de la ley. El “silencio de los corderos” con el que se manejan los dirigentes de aquella época es elocuente, como si se hubiese dado orden estricta de no tocar ningún tema que tenga que ver con ese comisario encarcelado y caído en desgracia que en el pasado se codeaba con lo más granado del poder político. En las últimas horas, el ex ministro del Interior Fernández Díaz ha declinado comentar el testimonio dado ante la Audiencia Nacional por quien fuera su director adjunto operativo de la Policía, Eugenio Pino, un testigo que podría resultar demoledor para el PP. “No comento declaraciones de declaraciones”, se ha limitado a señalar Fernández Díaz en el Congreso de los Diputados tras ser preguntado por la trama policial presuntamente organizada por Villarejo para desacreditar a políticos de la oposición y personajes incómodos para los intereses del Partido Popular.

Lo que Pino le ha dicho al magistrado de la Audiencia Nacional resulta de la máxima gravedad y trascendencia. Tanto como que el ministro Fernández Díaz llegó a interceder, en nombre de Rajoy, para que se concediera un mejor trato al comisario jubilado, que tiempo después fue detenido como cabecilla de la red de informes comprometedores y dosieres confidenciales. Fernández Díaz, que ha acudido al Congreso para asistir a la presentación del libro de memorias de su compañero de gabinete José Manuel García Margallo, no ha querido comentar con los periodistas el asunto de las “cloacas” de Interior, pero sí ha hablado de que “no sería mala idea” que el PP y Ciudadanos unan fuerzas en Cataluña ante las próximas elecciones autonómicas. “La dispersión del voto penaliza”, ha asegurado sin mencionar ni una sola palabra sobre el mayor escándalo policial de la historia de la democracia desde el caso GAL. Y es que en el PP todos huyen como de la peste cuando son preguntados sobre Villarejo, ese excomisario que conoce tantos secretos de Estado y que sigue convenientemente encerrado en una prisión desde el año 2017.

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