El intento de borrar el mural feminista de Ciudad Lineal o la obsesión por recuperar la llamada Fiesta Nacional y colocarla en la agenda no son más que rabietas de sus políticas irracionales en contra de la igualdad, el progreso y la cultura.

Empiezan a atacar por lo que consideran más débil, como siempre, pero ni la igualdad es un capricho ni la tauromaquia es cultura. Mientras tanto, la oposición en el Ayuntamiento no vale para nada.

Estamos inmersas estos días en una discusión que son en realidad varias, que tiene tantas patas como aberraciones lleva anunciadas el equipo de Gobierno municipal y que la ciudadanía de bien no deberíamos aguantar porque significan el avance de la ultraderecha soportada por el alcalde y su partido con la actitud culposa de Ciudadanos y, lo que es peor, con la pasividad de una oposición que vista desde fuera resulta absolutamente domesticada.

Pretender destruir un mural que se ha construido vía consulta pública, por consenso, y que después de dos años está absolutamente integrado en un barrio y con su vecindario es un acto que no va solo contra las mujeres y la sociedad organizada, va también en contra del colectivo que lo diseñó y trabajó para dar cuerpo a la idea y a una inocente pared blanca. Todavía más, contra todos aquellos artistas y/o trabajadores de la cultura que crean tener ideas propias, que piensen que hacen cultura social y participativa escapando así de las garras de una concejalía que solo piensa en la cultura para una élite minoritaria y, a ser posible, con atractivo y rédito turístico.

Pero la cultura es abierta, inclusiva y democrática; es cambiante porque está viva y avanza cada día. Partamos de las culturas clásicas, el patrimonio y el acervo cultural de una ciudad, de un país, pero entre ello y a día de hoy la tauromaquia perdió el sitio. Queel Ayuntamiento de la ciudad de Madrid deje de apoyar las políticas de igualdad para prácticamente al tiempo anunciar que remunicipaliza la escuela de tauromaquia es de un nivel tan retrógrado y dañino que nos puede llevar a pensar que el próximo paso sea volver a la Inquisición porque lo consideren Bien de Interés Cultural y aprovechamiento religioso turístico.

¡Pobre Madrid! a Díaz Ayuso se le ocurre declarar el español como lengua vehicular para Madrid y Martínez Almeida lo redondea y nos da a todos en los morros presentando la idea rústico medieval de salvar la tauromaquia ¿necesita para eso una concejalía de cultura?

No trabajan con sentido, trabajan con rabia. No piensan en la ciudadanía, solo en sus amigos. No tienen en cuenta que en el Siglo XXI la Plaza de Toros de las Ventas se llena con conciertos y no con corridas de toros; se trasluce demasiado que el fin es dar gusto a personajes de tiempos pasados, gentes campechanas que rodeados de séquito pretendían amar la tauromaquia acudiendo a sus celebraciones como si fuesen a presenciar una orgía, ignorantes de la cultura clásica o moderna de la que dicen su patria.

Sin entrar ahora en el maltrato animal, que merece capítulo aparte, la llamada Fiesta Nacional está bastante muerta: el afán de recuperarla y colocarla en la agenda no es más que una rabieta de sus políticas irracionales en contra de la igualdad, el progreso, la cultura y todos sus trabajadores y trabajadoras.

Que no lo hagan pensando en el turismo porque aquella época de blanco y negro, con corridas de toros a las que asistían personajes populares como Ava Gardner o Ernest Hemingway quedó hace mucho para el estudio en la hemeroteca. 

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1 Comentario

  1. A Dalí a Picasso y a Lorca le gustaban los toros. Por lo que sabemos Picasso y Lorca no eran muy de derechas y ambos, me atreva a decir, eran menos de pandereta y tenían algo más de cultura que la responsable del Área de cultura de Podemos Madrid.

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