El patriarcado no entiende de fronteras, edad, ni culturas, en su objetivo supremo de control de las mujeres. Lo hace de miles de formas, muchas de ellas normalizadas y aceptadas socialmente, vinculándolas a tradiciones, y a la cultura de pueblos y países. Pero todas ellas con unos denominadores comunes, como son la crueldad, y el desprecio absoluto de la dignidad de la mujer.

El patriarcado es un sistema que oprime y explota a la mujer y al hombre sin distinción, si bien no con la misma intensidad ni dureza. Criticar y batallar contra él, no debe entenderse nunca como una crítica y una guerra dirigida contra el hombre, sino contra un modelo opresor que se sustenta en una idea de masculinidad hegemónica construida social y culturalmente con el único fin de obtener el poder y sus beneficios, sometiendo a la mujer.

El desprestigio sistemático de todo lo femenino, que fundamenta su ideología machista, se esconde también tras el pensamiento capitalista, las tradiciones, las culturas, y las religiones. El control y la explotación de la mujer, su cosificación, esclavización, y la mercantilización de su cuerpo como mano de obra barata, son y han sido utilizados históricamente en este sentido.

Una de las formas más inhumanas de este poder, del dominio total sobre la mujer, es la mutilación de los órganos genitales de cientos de millones de niñas y adolescentes, que se practica en países de todo el mundo, en nuestro país, y en una treintena de países de África, y ello a pesar de las condenas y recomendaciones de organismos y organizaciones internacionales, y de la prohibición formal que en muchos de ellos existe.

El patriarcado es un sistema que oprime y explota a la mujer y al hombre sin distinción, si bien no con la misma intensidad ni dureza

Si en occidente el dominio de la vida y el cuerpo de la mujer lo efectúa el liberalismo económico a través de la prostitución, la pornografía, la trata, los vientres de alquiler, y la negación del derecho a decidir sobre el propio cuerpo, en otros países se traspasan todas las líneas posibles, con tradiciones bárbaras y criminales, normalizadas bajo el paraguas de la cultura y la religión. Según informes internacionales, 200 millones de niñas y adolecentes han sufrido algún tipo de mutilación genital.

Existen diferentes tipos de mutilación genital, que van desde la circuncisión, a la eliminación completa de los genitales femeninos externos, mediante el uso a veces de sustancias corrosivas. En la mayoría de los casos esta práctica se basa en creencias, que sostienen que de esta forma las jóvenes se mantienen vírgenes hasta el matrimonio, evitando comportamientos que el sistema, bajo la trampa de la cultura, la tradición, y la religión, considera inmoral, pero que paradójicamente no son prohibidos, e incluso bien vistos y alentados, en los varones. Sin embargo la verdadera razón no es otra que el permanente deseo del patriarcado de someter a la mujer, mediante el dominio de su cuerpo y su sexualidad.

Esta atrocidad se pone de manifiesto en las formas en las que se realizan estas operaciones, sin las mínimas condiciones higiénicas, con cuchillas u otros instrumentos cortantes sin esterilizar, sin ningún tipo de anestesia o sólo con pastillas para paliar el dolor. Las consecuencias en ellas, suelen ser tremendas, como hemorragias, infecciones, dificultades a la hora de orinar, infecciones crónicas, infertilidad, fuertes dolores durante relaciones sexuales, el embarazo y el parto, siendo una experiencia traumática para toda la vida.

Pero nada de esto parece alterar la imperturbable tranquilidad y conciencia de un sistema, que sigue sin reflexionar ni eliminar estas actuaciones salvajes e inhumanas, bajo la conformidad de unas reglas sociales que siguen privilegiando un modelo de que le garantiza el poder y sus privilegios.

La mutilación genital es una violación de los derechos de la mujer, que vulnera su salud, la seguridad y su integridad física, a no ser sometida a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida, pues en muchos casos acaba produciendo la muerte. Responde a un concepto de feminidad dócil y sumiso al servicio del hombre, portador de una idea supremacista que entiende que la niña es inferior al niño, y para ello no dudan en eliminar de su cuerpo aquellas partes que considera impuras.

La mutilación genital femenina, es una de las expresiones más claras y manifiestas de la crueldad de un sistema social, económico, y cultural basado en el poder, las jerarquías, la violencia, y la vulneración de derechos fundamentales. Es una de las ignominias del patriarcado, y de su desprecio de la mujer, ante el cual la sociedad, mujeres y hombres estamos obligados a reaccionar, si no queremos seguir sintiendo esta tremenda vergüenza, ni soportando la indignidad que supone ser capaces de vivir bajo la normalización de las desigualdades, discriminaciones, crímenes y delitos de lesa humanidad cometidos con la mujer.

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