Hay tres palabras que acaparan, con gran diferencia sobre el resto, la atención de la ciudadanía mundial en la actualidad: pandemia, coronavirus y covid-19. Desde este inolvidable, y para olvidar, 2020, ya nunca nada será igual. Al menos eso auguran los expertos en geoestrategia y otras variables imponderables sobre futuribles varios. Pero los autores de Virus, editado por Espasa, amplían el foco histórico de los virus, esos pequeños organismos que nos hacen la vida imposible, para darnos la verdadera dimensión de esta crisis sanitaria mundial que mantiene a todo el planeta en jaque permanente desde que un desconocido SARS-CoV-2 empezó a ser nombrado en una ciudad china a finales de 2019. A partir de ahí, ya todo lo demás es historia, una historia que se sigue contando a diario en términos cuasiapocalípticos pero que la historia coloca en su verdadera dimensión.

La estrecha amistad de décadas desde su estancia postdoctoral en la prestigiosa Universidad de Stanford, en Estados Unidos, ha posibilitado que los conocimientos de un biólogo y un físico se unan para desarrollar sensores y sistemas de prevención contra el SARS-CoV-2, el virus que tiene en jaque a toda la humanidad en pleno siglo veintiuno.

Juan José Gómez Cadenas.

El título de vuestro libro ya da una dimensión de la ‘pequeñez’ de la covid-19 en la inmensidad de la historia de los virus. ¿Todo es relativo, incluso este virus, que tiene acobardada a toda la humanidad en pleno siglo veintiuno?

Hace sólo cien años, la mal llamada gripe española se llevó por delante 50 millones de vidas… mucho más que la covid-19 y mucho menos que la tuberculosis o la viruela en el siglo XX. El SARS-CoV-2 es el último de la lista, por ahora, pero no pasa de ser un peso medio comparado con los “capitanes de la muerte” (el apodo de la viruela y la tuberculosis), aunque ciertamente hay que tomárselo muy en serio.

¿Ha tomado el mundo conciencia real de la importancia de este virus actual que lo protagoniza todo en nuestras vidas desde este 2020?

En general sí, a pesar de los negacionistas que prefieren pretender que no está ahí o no es importante (hasta que ellos mismos sucumban a la enfermedad) y de algunos políticos irresponsables.

“El virus de la covid-19, aunque es muy contagioso, no es el más contagioso y aunque mata no es el mas letal”

¿Qué sorpresas (desagradables) nos puede guardar aún este virus?

Hemos aprendido mucho del SARS-CoV-2 en solo un año, pero todavía nos queda mucho por aprender. Entre las sorpresas desagradables pudieran estar secuelas a largo plazo en pacientes graves recuperados, particularmente secuelas en el sistema nervioso o el corazón. También creemos que habrá sorpresas agradables: el impulso científico generará vacunas efectivas para prevenir o disminuir las infecciones, así como fármacos eficaces para combatir la enfermedad en personas ya infectadas, por ejemplo, anticuerpos monoclonales como explicamos en el libro. Cuanto más investiguemos, cuánto mejor entendamos el virus, más fácil será combatirlo.

¿La Historia demuestra que la lucha de los humanos contra los virus que los atacan siempre debe librarse de la misma forma? ¿o existen métodos alternativos aún sin explorar?

Hay una celebre frase que asegura que cuando uno se enfrenta a una pandemia aprende… a enfrentarse a esa pandemia. Como explicamos en el libro, la biología nos enseña que en el proceso evolutivo las células desarrollan mecanismos de defensa contra los virus y estos por su parte generan métodos alternativos para infectarlas lo que a su vez lleva a las células a mejorar sus defensas en una carrera armamentística constante. Por ello, la evolución ha generado virus muy diferentes cuyas infecciones causan patologías distintas y por tanto la consecuencia es que cada epidemia tiene características diferentes. Por ejemplo, la viruela afectaba preferencialmente a los niños, la fiebre amarilla a hombres jóvenes, y el SARS-CoV-2 es mucho más grave en las personas mayores.

Ahora bien, estas diferencias no son excusa para que no aprendamos que hay defensas comunes. Por ejemplo, la viruela y el SARS-CoV-2 se transmiten por aerosoles. Por tanto, el uso de la mascarilla, mantener una distancia y ventilación de espacios interiores son métodos sencillos para combatir las epidemias de todos los virus que se contagian por vías respiratorias independientemente de las patologías que cada virus produzca en los infectados.

En cuanto a las “armas sin explorar”… esa es la razón por la que necesitamos ciencia básica. La lucha contra la covid-19, hoy en día, se centra en controlar al enemigo que ya está en casa, pero vamos un paso por detrás, intentando explotar lo que ya sabemos para vencerlo. Es decir, en este caso intentamos resolver lo que “sabemos que no sabemos” (ejemplo: la vacuna). Pero la ciencia básica nos permite explorar lo que “no sabemos que no sabemos”. Por ejemplo, podríamos imaginar nuevas tecnologías que pudieran reprogramarse para atacar distintas cepas de virus. Pero para eso necesitamos apoyar la investigación básica en distintos campos desde la biomedicina hasta la nanorobótica.

Juan Botas.

¿No ha enseñado el SARS-CoV-2 que los virus no entienden de clases sociales ni de países ni de ideologías políticas?

En cierto sentido, sí entienden. La incidencia de la covid-19 es considerablemente mayor entre las clases sociales mas desfavorecidas y no es por razones biológicas sino socioeconómicas. El contagio es mas fácil en los barrios con mas densidad de población, donde las familias incluyendo niños y abuelos comparten apartamentos pequeños y un transporte público saturado. En los barrios acomodados la densidad de población es menor y mucha gente puede trabajar desde casa, algo imposible para los trabajadores de supermercados, transporte y otros servicios básicos. Por estas razones en Estados Unidos la incidencia entre latinos y afroamericanos es mucho mayor que entre los blancos. También por razones fáciles de comprender hay países (e ideologías políticas) que debido a sus ineficaces medidas de protección epidemiológica favorecen la propagación del virus.

En su libro se relativiza la letalidad de la covid-19. ¿Los ha habido mucho peores a lo largo de la Historia? ¿cuándo y cuáles?

La mal llamada gripe española de 1918 que mató a 50 millones de personas. La viruela, que diezmó a la humanidad durante toda la historia causó la muerte de 300 millones de personas solo en el siglo pasado hasta que se erradicó gracias a las vacunas en la segunda mitad del siglo XX. El VIH, causante del sida, que todavía mata, cada año, tanta gente como hasta ahora el SARS-CoV-2, la fiebre amarilla etc… Todas estas enfermedades causadas por virus; si añadimos al club a las bacterias y otros microrganismos tenemos la peste negra, la difteria, el tifus, la malaria… la lista es larga e infame.

Tras analizar el virus de la covid-19 en profundidad, ¿qué es lo que más les sorprende de él y de su forma de actuación?

Aunque es muy contagioso, no es el más contagioso y aunque mata no es el mas letal. Sin embargo, ciertas características lo hacen extraordinario y peligroso. Se las compone para propagarse en aerosoles, lo que le permite cierta “transmisión a distancia”. Y muestra un patrón de letalidad que recuerda al virus de la polio. En ambos casos, hay una fracción muy grande de asintomáticos o sintomáticos leves que permiten propagar el virus ampliamente (por el contrario, el virus del ébola es tan letal que tiende a abortar su propia propagación) pero también hay una fracción de pacientes que sufre consecuencias muy graves. En el caso del virus de la polio, la parálisis y la letalidad se daba entre los niños, lo que aterrorizaba a la población. En el caso del virus de la covid-19 los niños lo transmiten y las consecuencias graves incluyendo letalidad se da entre los más mayores, con el resultado de que hay una cierta “tolerancia” social a sus efectos que debería avergonzarnos. Y esto no deja de ser maquiavélico.

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