La corrupción se ha convertido en un elemento que atenta contra las mujeres y que fomenta los abusos sexuales. En países con altos índices de corrupción, el acceso a alimentos, medicinas o trámites burocráticos en la administración pública, pueden tornarse en una pesadilla machista para las mujeres, pues ya se conocen casos en Venezuela, en los que los propios funcionarios han exigido a las mujeres mantener relaciones sexuales con ellos a cambio de estos trámites, lo que supone un claro abuso sexual.

Por otro lado, muchos de los asesinatos de mujeres en narcoestados, como México, también son perpetrados como consecuencia de la elevada corrupción que da impunidad a las mafias. Esto sucede porque la propia corrupción permite que las tramas organizadas de trata de mujeres actúen con absoluta libertad, ya no solo entrando en terreno político sino en otro tipo de corrupciones.

De igual modo, la corrupción como parte generadora de violencia contra la mujer se acentúa en las represalias que sufren mujeres, como el ejemplo de la sargento primero de la Guardia Civil, María Serrano, por precisamente denunciar corrupción. En casos como este, la impunidad que degenera la corrupción también es uno de los factores que provocan que no se castigue en instituciones como el Ejército, los abusos sexuales y otro tipo de violencias contra las mujeres.

En este contexto, los denunciantes de corrupción en las Fuerzas Armadas o en los cuerpos de seguridad, que dependen todavía de la administración militar, se enfrentan a la persecución constante por parte de la Justicia que, teóricamente, debería condenar a quienes son denunciados pero, sin embargo, son demasiados los casos en los que ocurre lo contrario.

Una justicia militar cuestionable, recordamos el caso de la sargento María Serrano

La historia de María Serrano, sargento primero de la Guardia Civil, es especialmente sangrante en la persecución de la Justicia militar hacia los denunciantes de corrupción, con un claro componente de género. Tras detectar comportamientos irregulares de un compañero cabo, denunció el asunto a sus superiores presentando informes. Al tiempo, Serrano se percató de que las sospechas de supuestos chivatazos de operaciones en curso por parte de este cabo, ya se estaban investigando en otras comandancias. Con la verdad por delante, la sargento decidió de nuevo poner en conocimiento a sus superiores esta situación, y fue a partir de ese momento cuando comenzó su calvario.

Diario16 ya informó que María Serrano preparó seguidamente un informe que entregó a su superior, quien ya le advirtió de que se olvidara del asunto. Sin embargo, la sargento siguió realizando informes durante su tiempo libre hasta que consiguió que se abrieran diligencias que imputaban al cabo, aunque en vano, pues el cabo no fue apartado del servicio.

A partir de ahí, como ya publicó Diario16, Serrano fue llamada a capítulo por el coronel de la Comandancia, quien en su despacho le pide que se olvide del tema. No satisfecho, llegó a decirle que ella no encajaba en la unidad y, a gritos, le sugirió que pidiera el traslado. Fue tal el shock que sufrió María por semejante bronca, que tuvo que pedir la baja médica por causas psicológicas. No obstante, el aparato no podía permitir que María Serrano siguiera investigando, así que el coronel le abrió un expediente disciplinario por falta grave, solicitando la pérdida de destino y su expulsión de la Guardia Civil.

Como respuesta, María recurrió a un tribunal militar que solo dictaminó que lo sucedido en el despacho del coronel fue “una riña parental”. A continuación, la sargento Serrano solicitó la apertura de un expediente disciplinario que, además de no ser admitido, conllevó una amenaza de emprender más acciones legales contra ella, que venía sorprendentemente del propio tribunal y no del coronel. A partir de ahí, se inician una serie de demandas, querellas y expedientes que,  desde la Guardia Civil, se intenta evitar que el tema llegue a la jurisdicción civil, ya que cada vez que alguno de los procedimientos entraba en los tribunales ordinarios, se le daba la razón a María Serrano.

Diario16 también recordó que María Serrano sufrió un desahucio de su vivienda en la Comandancia de Montequinto (Sevilla), aprovechando su estancia en unas jornadas contra corrupción en Bruselas. Asimismo, en marzo de 2019, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) rechazó el recurso presentado por la Abogacía del Estado contra la sentencia que declaraba nula la decisión de un juzgado de Sevilla de desahuciar a la sargento. Todavía no se ha ejecutado dicha sentencia, por lo que María Serrano no ha podido volver a su hogar. Finalmente, el último episodio de Serrano gira en torno a la insistencia en declarar ante el Juzgado Togado Militar Territorial nº 12, estando de baja médica y convaleciente tras una operación quirúrjica, y que a pesar de haber presentado los correspondientes informes médicos, la Justicia militar insistió en que debía acudir a declarar.

Como ya afirmó a Diario16 el ex teniente, Luis Gonzalo Segura: “las mujeres no tienen encaje en las Fuerzas Armas, pues estamos hablando de una institución clasista, homófoba, ultraconservadora y machista”. Bajo su opinión, “el encaje de la mujer a día de hoy es una auténtica ficción, aunque es cierto que la situación de la mujer en el Ejército es muchísimo mejor que cuando entró hace 30 años, pero eso no significa que se haya integrado con normalidad”.

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